Miércoles, 12 Mayo 2021 11:41

¿Adónde irán los US$10.000 millones inesperados del “sojazo”? - Por Daniel Fernández Canedo

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La suba de 83% de la oleaginosa en el mercado internacional genera un ingreso sorpresivo para las reservas del Banco Central. La duda es a qué destinará los fondos el Gobierno, que está en medio de una crisis.

Una humorada política de otros tiempos sostenía que si Fernando De la Rúa hubiese tenido en el 2001 la soja en US$ 600 la tonelada como la tuvo Néstor Kirchner hubiese sido presidente por dos mandatos.

Ahora se dice que con la soja nueva y sorpresivamente en US$600, ningún gobierno podría perder las elecciones. ¿Será así? En el gobierno de De la Rúa el grano estaba en US$166 y la tasa de interés de Estados Unidos era de 5,27% anual, mientras que hoy está en 0,25% en un mundo de dinero gratis.

La tonelada de soja valía US$325 hace sólo un año atrás. Desde aquel momento el aumento es de 83% y la vertiginosidad es tal que en lo que va del año acumula 30%. Una verdadera estampida que constituye una buena noticia para la Argentina aunque, claro está, una duda importante es cuál será el destino que el Gobierno les dará a esos dólares.

La pregunta es sensible y se enmarca dentro de la crisis interna del área económica del Gobierno, que se generó por las diferencias entre el ministro de Economía y el subsecretario de Energía Eléctrica por el aumento de la tarifa de luz para este año.

A modo de síntesis: Martín Guzmán pretendía subirla hasta 15% en dos o tres etapas y Federico Basualdo sostuvo que no podía exceder 8%. El ministro quiso echarlo, pero el subsecretario sigue en su puesto por el apoyo recibido por La Cámpora y, esencialmente, por la vicepresidenta Cristina Kirchner, y se generó un nuevo bolsón de equilibrio inestable dentro del Gobierno.

Guzmán recuperó oxígeno en el viaje a Europa junto al presidente Alberto Fernández y surge como un "ancla" en la negociación con el Fondo Monetario Internacional (Fernández dijo en Lisboa que quiere un acuerdo "rápido") sobre la que Cristina Kirchner no tiene apuro en concretar, por lo menos, antes de las elecciones de fin de año.

La foto parcial de la crisis Guzmán-Basualdo indica que la vicepresidenta se impone con un sólo aumento de 9% de la luz hasta fin de año para no golpear los bolsillos de la gente con la mirada puesta en las elecciones legislativas de noviembre.

En el Gobierno festejan la suba de la soja en el mercado internacional por el fuerte aumento de la recaudación por las retenciones a las exportaciones (en abril la suba fue de 183% interanual) y por el fortalecimiento de las reservas del Banco Central. La compra de divisas del Central fue récord este año.

Así, las reservas netas ya rondarían US$5.000 millones y podría crecer, según los analistas privados, a razón de US$1.000 millones en los próximos meses.

Cómo todo es cíclico en la Argentina, el interrogante en tiempo de bonanza es para qué se destinarán las divisas.

En el Banco Central no dudan: buscarán fortalecer las reservas consolidando el cepo cambiario y la tendencia hacia el retraso del dólar oficial para ver si pueden contribuir en algo a frenar la inflación.

Los primeros resultados no fueron exitosos. En el último mes el dólar mayorista subió sólo 1,5% pero los pronósticos de inflación siguen apuntando a un ritmo de 4% y difícil de bajar.

En el lenguaje de los economistas, la "dispersión de los precios relativos" es notable.

Un análisis de la consultora Eco Go sobre variaciones interanuales a marzo refleja que mientras el costo de vida en el GBA aumentó 40,4%, las tarifas y otros servicios regulados subieron 20,3%; los "precios controlados por Covid" (alimentos controlados, medicamentos, cigarrillos, etc.) lo hicieron en 31,5%; los "sin oferta" (servicios para el cuidado personal y recreativos y culturales), el 34%, y los "libres" (como indumentaria, vehículos, equipos de audio, TV y PC), un 67,4%.

Una conclusión posible es que, en un contexto de incertidumbre marcado por la pandemia, la falta de vacunas y sin un plan económico que brinde alguna certeza, la estrategia de retrasar al dólar pierde potencia antiinflacionaria.

Y esa pérdida de efectividad se da, incluso, en un marco en el que tanto los salarios como las jubilaciones están actuando como ancla por la pérdida del poder de compra de las familias.

La idea rectora del kirchnerismo sobre que salarios y jubilaciones le deben ganar a la inflación en los años electorales está entrando en zona de peligro y eso le puso el ojo la vicepresidenta.

La trepada de la inflación encendió luces rojas en el tablero de la política y por eso el destino de los inesperados US$10.000 millones adicionales por el "sojazo" y el maíz pasa a ser un tema esencial para un Gobierno sin crédito externo.

En la visión de Martín Guzmán, esos dólares habría que destinarlos a fortalecer las reservas del Central para diluir el fantasma de una "mega" devaluación sumado a un compromiso frente al FMI de delinear un sendero de reducción del déficit fiscal una vez superada la pandemia.

La mirada de Cristina Kirchner, con las elecciones como meta, apuntaría a fortalecer los bolsillos de la gente vía ayuda social (en Economía no quieren otro IFE porque creen que finalmente los pesos terminarán en el dólar), aumento mínimo de tarifas y después congelamiento y asistencia financiera a pymes y para obra pública.

La idea de expandir el consumo interno (representa 75% de la actividad económica) sigue al tope de los objetivos del Gobierno, pero la inflación le está jugando una mala pasada a la población.

La pandemia, la desconfianza y el bajísimo nivel de inversión (rondaría 13% del PBI y los países que crecen invierten el 25% o más), constituyen un contrapeso muy difícil de compensar.

Daniel Fernández Canedo

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