Domingo, 13 Junio 2021 10:16

¿Será cierto que el que apuesta a la inflación gana? - Por Daniel Fernández Canedo

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Martín Guzmán toma deuda indexada por costo de vida y los ahorristas prefieren los plazo fijo ajustables a los tradicionales. El salto de los precios cambió el panorama 2021

 

El economista Carlos Melconian definió el marco económico en medio de la pandemia con un concepto fuerte:" si no fuese por la santa soja esto volaba por el aire".

 

Puso así en la mesa de discusión una creencia que los mercados, definidos como la gran cantidad de gente que toma decisiones económicas, vienen siguiendo a pie juntillas: el Gobierno no dejará que el dólar se dispare, por lo menos, hasta después de las elecciones de fin de año. ¿Puede cumplirlo?

El Banco Central ganó más de US$ 4.000 millones netos desde comienzos de año al calor de la liquidación de las exportaciones del campo aumentadas por la "santa soja" de US$ 600 la tonelada y hoy las reservas netas superan con holgura los US$ 6.500 millones.

El Central tiene, así, espalda suficiente para retrasar el dólar oficial (viene creciendo al 1,2% frente a una inflación de 3,3/3,5%) y para mantener a raya al "contado con liquidación" o CCL ($ 165,20) y al dólar bolsa de $ 159,41.

Pero no todas son flores. La brecha entre dólares empezó a ampliarse en el último mes y ese tema, destacado por el economista Emanuel Álvarez Agis en el Económico de Clarín, constituye uno de los puntos más sensibles a seguir en los próximos meses.

La brecha (mayorista/CCL) un mes atrás era de 67% y se amplió a 73%, un nivel tentador para subfacturar exportaciones o sobrefacturar importaciones a pocas semanas de que comience a menguar la entrada de divisas por las exportaciones de granos.

En el ministerio de Economía tienen un ojo puesto en el dólar y otro en los reclamos de mayor gasto que prevén del lado político.

Los lineamientos de la vicepresidenta Cristina Kirchner para lo que resta del año son muy claros: anclar al dólar, limitar los aumentos de la tarifa de gas a 6% y a 9% la de la luz y "ponerle más plata a la gente en los bolsillos "para compensarlos por la caída de actividad por la pandemia" y por motivos electorales.

En este punto el ministro Martín Guzmán se encuentra frente al dilema de si podrá esconder el esfuerzo de reducción del déficit fiscal que viene consolidando en los últimos meses.

La combinación de la mayor recaudación impositiva por las retenciones a las exportaciones, fortalecidas por la fuerte suba de los precios de los granos, y por el nuevo impuesto a la riqueza le dio al Tesoro una cantidad de fondos impensada el año pasado cuando confeccionó el Presupuesto 2021.

Del otro lado, el de los gastos, la inflación licuó las jubilaciones y eso le generó a Guzmán un alivio en las cuentas del que prefiere no hablar.

La "masa jubilatoria", o sea la cantidad de fondos que se necesitan para cumplir con las jubilaciones y pensiones sube al 30% en un año, lejos del 46% previsto para la inflación.

La confluencia de esos factores encamina el déficit fiscal del año al 3% del Producto Bruto Interno, un nivel bajo si se considera que el Presupuesto 2021, Guzmán lo fijó en 4,2% del PBI.

Ese 1,2% del PBI de diferencia es lo que entró en juego en las últimas semanas en torno a la discusión de la política para el año electoral.

Con un Guzmán de bajísimo perfil después de perder la puja con el tándem Cristina Kirchner-Axel Kicillof en torno a desindexar el tipo de cambio y fijar aumentos simbólicos para las tarifas de luz y de gas, las señales de aumento del gasto vienen a paso redoblado.

Un plus de $ 7,000 para las familias beneficiarias de la Asignación Universal por Hijo, anulación del cobro de retroactivos para los monotributistas, aumentos de 40-43% para los empleados del Poder Legislativo y del PAMI y análisis de un bono para jubilados y pensionados que los compense por la mayor inflación van armando el esquema de ingresos preelectoral.

Mientras tanto, y para financiar el rojo fiscal, Guzmán recurre a la colocación de letras y bonos en el mercado doméstico y no le va mal, aunque el precio que paga puede ser alto.

En la última licitación para conseguir fondos el 78% de lo que logró fue a cambio de colocar letras atadas a la inflación (LECER) que serían las de mayor rendimiento del mercado.

En los bancos los depósitos indexados al CER crecen mientras caen los plazo fijo tradicionales. Guzmán se financia atando los intereses que paga a la suba del costo de vida.

Frente a la inflación proyectada en 46%, y las necesidades electorales del gobierno, una pregunta a formularse es ¿quién terminará pagando la cuenta? ¿Otra ronda de inflación?

La carrera cobra fuerza y con un combate a los manotazos (dólar y tarifas reprimidos) el factor incertidumbre también se potencia aun cuando el "sojazo" tenga la capacidad de tapar agujeros.

Sergio Massa se reunió con Martín Guzmán antes de viajar a Estados Unidos con el objetivo puesto en la deuda

Daniel Fernández Canedo

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