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Domingo, 25 Julio 2021 09:34

Mitos del relato K que chocan contra la realidad - Por Néstor O. Scibona

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Para el gobierno de Alberto Fernández, los salarios y jubilaciones les ganarán este año la carrera a la inflación y la vacunación récord contra el Covid permitirá que en septiembre la Argentina deje atrás la pandemia. Así como en el primer caso el relato oficial recurre a la desgastada “ilusión monetaria”, en el segundo crea la “ilusión vacunatoria”. Pero la realidad no es tan simplista.

Más pesos en los bolsillos no mejoran el poder adquisitivo si no se atacan persistentemente las causas de la inflación y la pobreza; ni muchos millones de vacunas de diversas procedencias tampoco aseguran inmunidad frente al coronavirus y sus variantes, hasta que no se complete el esquema con la demorada segunda dosis, especialmente de la Sputnik-V.

En modo electoral, el Gobierno busca instalar mitos con un típico relato K fuera de contexto, que la realidad no tarda en desvirtuar. Una prueba contundente es el mensaje que el 7 de este mes envió la asesora presidencial Cecilia Nicolini al Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF) para reclamar el envío urgente de vacunas frente a “una situación muy crítica”, revelado en exclusiva por Carlos Pagni el jueves en LA NACION. Poco que ver con la frase “quién diría que las únicas vacunas con que contamos son de Rusia y China”, que Cristina Kirchner había incluido el 24 de marzo en su discurso de Las Flores.

Ni con el DNU que autorizó la firma de contratos con los laboratorios estadounidenses y donaciones del gobierno de Joe Biden, convalidado hace 10 días en el Congreso con el voto de los mismos bloques oficialistas que nueve meses atrás se empeñaron en trabar ese ingreso de vacunas con argumentos más ideológicos o geopolíticos que pragmáticos. En el ínterin, más de 71.500 fallecimientos elevaron el número total de muertes por Covid a 103.359. Ahora, parte de los 3,5 millones de dosis de Moderna ya recibidas permitirán vacunar a los menores de 12 a 17 años con factores de riesgo.

Para atenuar el revuelo provocado por la primicia de LN, la Casa Rosada recurrió al remanido y poco creíble recurso de acusar a la oposición en el Congreso por la filtración de esa carta oficial, mientras el propio Presidente trataba de reinstalar la ilusión vacunatoria. “Más del 50% de los argentinos y argentinas están vacunados con al menos una dosis y ya tenemos 40 millones de dosis en el país. En cada una de estas fotos vemos la alegría de estar más cerca de la vida que queremos. Seguimos vacunando”, tuiteó el mismo jueves.

Aunque los números redondos suelen impresionar a mucha gente poco informada, los datos desagregados del Ministerio de Salud indican que hasta ayer el 12,9% de la población (5,8 millones de personas) recibió dos dosis y 38,2% (17,3 millones) sólo una, con lo cual se llega al 51,1% (23,2 millones). Pero entre los adultos mayores de 60 años, algo más de 2,5 millones de personas no recibieron la segunda aplicación de Sputnik según la ONG Chequeado. De este total, 1.073.887 corresponden a la provincia de Buenos Aires; 332.148 a la CABA y 279.290 a Santa Fe. En este segmento aún no hay alegría ni nuevas fotos.

Es cierto que muchos países – inclusive la Unión Europea–, sufrieron el incumplimiento de contratos y demoras en las entregas de vacunas o, en el caso argentino, del componente activo para su elaboración local por el laboratorio Richmond.

Pero el problema es que el Gobierno queda prisionero de su propio relato: festeja los goles antes de hacerlos o, si no, lo perjudica el VAR. Sin ir más lejos, ayer el título de tapa del diario oficialista Página 12 fue “Hecho en casa”, ilustrado con un frasco de vacuna. En la bajada indicaba que “en respuesta al constante reclamo argentino, en los próximos días llegarán mil litros de la sustancia activa de Sputnik V que permitirán producir en el país 1.700.000 dosis 2 de la vacuna y el laboratorio Gamaleya aprobaría la primera partida ya elaborada en la Argentina, para sumarla al millón y medio enviado por Moscú en las últimas dos semanas”.

Otro tanto ocurre con la inflación, los salarios y la marcha de la economía. Cada anuncio oficial tiene casi invariablemente un tono triunfalista y fuera de contexto que lo aleja de la realidad. Por ejemplo, cuando el ministro de Economía afirma que la inflación está bajando y bajará más en los próximos meses, toma como base el altísimo pico mensual de 4,8% alcanzado en abril que, –como el 3,2% de junio–, resulta superior a la que muchos países de la región acumulan en un año, mientras en la Argentina trepó a 50,2%.

Este registro relativiza el objetivo de que los salarios recuperen terreno en términos reales, por más que el oficialismo haya impulsado la reapertura de paritarias en el sector público y privado con un piso de 45% fraccionado en varios tramos hasta comienzos de 2022, junto con la suba del piso de Ganancias para trabajadores en relación de dependencia y jubilados más el reintegro retroactivo de descuentos ya aplicados, a abonarse a partir de los haberes de julio en 5 cuotas mensuales que coinciden con las PASO y las elecciones de noviembre.

Por un lado, no todos los sectores están en condiciones de absorber esos aumentos salariales. El caso más notorio es el de la medicina prepaga, donde las cuotas autorizadas por el Gobierno no cubren los costos, pese a un amparo judicial que tampoco fija porcentajes. Una limitación similar abarca a los servicios no regulados más afectados por las restricciones sanitarias (hotelería, turismo, gastronomía), que reciben asistencia salarial del Estado (Repro II). Pero en varias actividades (industriales, comerciales y de servicios), los ajustes se están trasladando a precios o lo harán en los próximos meses con impacto sobre la inflación.

Por otro, más de 35% de los asalariados no están registrados ni alcanzados por paritarias. Si bien en este caso se dispuso a adelantar el cronograma de ajustes del salario mínimo vital y móvil (SMVM), el monto que corresponde a julio ($27.216) está muy lejos de cubrir el costo de la canasta básica total del Indec ($66.500 pesos mensuales para una familia de dos adultos y dos menores), que determina la línea de pobreza. Esto explica además por qué un informe del Banco Mundial sobre Latinoamérica calcula que la clase media en la Argentina bajó del 51% de la población antes de la pandemia al 45% en 2021, con 1.700.000 de personas menos.

En cuanto a los jubilados, el retroceso real provocado por la suspensión del ajuste automático en 2020 y el cambio de fórmula en 2021, busca ser atenuado con el bono extra de $5000 en agosto para 6 millones de jubilados que cobren hasta dos haberes mínimos ($46.130).

Sin embargo, el camino hasta las elecciones legislativas del 14 de noviembre se perfila más largo y sinuoso de lo que parecía hace dos meses, cuando oficialismo y oposición acordaron su postergación. No sólo por los tropiezos en la campaña de vacunación y el dispar rebote estadístico de la economía. También por el regreso anticipado del dólar a las tapas de los diarios, con las subas en las últimas 11 jornadas que introducen otro factor de tensión. Como diría el ministro Martín Guzmán, se trata de un fenómeno multicausal: obedece al ancla cambiaria, excedente de pesos, la perspectiva de menor oferta de divisas y mayor demanda preventiva en los próximos meses, nuevas restricciones del Banco Central para cuidar reservas y más desconfianza sobre el rumbo poselectoral con una economía plagada de medidas intervencionistas. El analista Claudio Zuchovicki la define en dos frases: “Nadie trae dólares si no los puede sacar” y “Si hay pronóstico de lluvia para el lunes, nadie compra un paraguas ese día, sino el viernes anterior”.

Néstor O. Scibona

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