Viernes, 20 Agosto 2021 11:00

La preocupación por las peleas entre Alberto y Cristina llega a Wall Street - Por Marcelo Bonelli

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Las intrigas y pases de factura en la Casa Rosada aumentaron por el escándalo que involucra a la cumbre del poder. El impacto negativo en la capital del dinero.

Las intrigas y pases de factura en la Casa Rosada aumentaron por el escándalo de los videos, que involucran a la máxima cumbre del poder en Argentina. Hubo reproches de Cristina al propio Alberto. Contragolpes del Presidente y peleas que involucran a ministros, a Máximo y Axel Kicillof.

Cristina decidió ubicarse en el centro político y el Presidente intenta minimizar los costos del papelón. Los sectores duros del cristinismo quieren venganza: van a difundir un video de una reunión social de la cúpula de Juntos. Se trataría de una fiesta de cumpleaños de una figura de renombre.

La cuestión alerta a Wall Street, donde los informes de los lobos de Manhattan son terminantes: afirman que la cuestión pegó en la “línea de flotación” de la Casa Rosada y abre un sinfín de interrogantes políticos para los próximos meses.

En la capital del dinero, Argentina no para de caer. La inestabilidad internacional pegó ahora más fuerte: este jueves bajaron un 7% las acciones argentinas y el riesgo país volvió a superar los 1.600 puntos. Los lobos huyen porque ven que Cristina avanza sobre Alberto y que la jefa del Frente de Todos está condicionando ahora el armado -después de las elecciones– del futuro Gabinete. En el poder, se conoce que Cristina ya le ofreció la Jefatura de Gabinete a una figura del kirchnerismo duro: Agustín Rossi.

Fue en medio de la trifulca por las candidaturas en Santa Fe. La vice lo llamó y le dijo lo siguiente: “No seas candidato. Vos sos nuestro futuro jefe de Gabinete”.

Encima, los informes de Manhattan hablan de la debilidad política del Presidente y siembran dudas sobre las tensiones que genera el “Plan Urna” en la economía.

Los lobos de Wall Street temen que Cristina aproveche el momento para tomar con sus vetustas ideas el control total de las políticas de la Casa Rosada.

Ese temor se comentó en la última reunión de la Unión Industrial y ocasionó intercambios en un “chat” de banqueros.

Al máximo nivel, los hombres de negocios están inquietos por tanta interna, tanto desgaste y ausencia de rumbo económico. Cristina se enfureció con el Presidente después de la difusión de las fotos.

La vice inició una ofensiva contra el círculo íntimo de Alberto. Los dardos tuvieron tres destinatarios: Julio Vitobello, Juan Pablo Biondi y Santiago Cafiero.

En esa línea también apuntaron Máximo y Kicillof. El trío político afirma que el entorno del Presidente no tiene rigurosidad y tampoco precisión profesional a la hora de proteger a Alberto. En esa línea también –pero con cuidado y en la intimidad- se manifestó Sergio Massa. Afirma que el “entorno” no cuida al Presidente. La troika trabaja para ubicar -después de las elecciones- a uno de los suyos en un lugar dorado: la Jefatura de Gabinete. También Cristina-Máximo-Kicillof pretenden manejar otro lugar clave: Economía.

Martín Guzmán está en la picota y su continuidad dependerá de tres cuestiones: que logre bajar la inflación antes de las elecciones, mantener el dólar a raya y encaminar un acuerdo “flexible” con el FMI.

Kicillof alienta su salida y vuelve a propiciar a Augusto Costa. Sería un delegado en Economía. Los informes de los lobos de Wall Street escriben estas cosas. Los analistas del JP Morgan, UBS y Morgan Stanley coinciden en un punto: que el núcleo duro del Frente de Todos quiere el control del gobierno.

Alberto –frente a la ofensiva- tuvo una respuesta contundente: respaldó a su gente de confianza y blindó a Cafiero. A Guzmán lo rebanca. El Presidente insiste en Olivos en que atacan a sus íntimos colaboradores, pero lo que buscan es condicionarlo a él.

La bronca de Cristina aumentó con el correr de las horas. El último fin de semana acusó al “albertismo” de intentar responsabilizarla por la difusión de las intimidades en Olivos. Las primeras fotos fueron un meritorio hallazgo periodístico. Hubo un fuerte cruce de reproches al máximo nivel de poder y el propio Alberto intentó tranquilizar las cosas: “Es de una mala leche asombrosa vincular a Cristina con las fotos”.

La relación entre ambos está tensa desde hace tiempo. Cristina critica la gestión y Alberto la acusa de poner palos en la rueda. La vice –hace unas semanas– reunió a un grupo de íntimos y dijo: “Alberto no para de hacer cagadas”. Un par de días después, ese comentario llegó a Olivos. Un testigo de los exabruptos le contó al Presidente: Alberto prefirió no opinar.

Fuga de votos y dólares 

El escándalo golpeó en las encuestas. Esos trabajos muestran una cosa: que lo que pierde el oficialismo, en la Provincia se va –en parte- a Florencio Randazzo. En CABA es más difuso: consolida el voto a María Eugenia Vidal y hasta pesca Javier Milei.

Cristina salió a hacer campaña para frenar el drenaje. El martes cometió un error: transformó un acto de unidad en un “reto” a Alberto. En la Casa Rosada dicen que fue una acción malvada: acusan a la vice de ningunear a Alberto e intentar quedar como “La Jefa” del Presidente. Todos saben que la elección es cercana y que la va a decidir –en buena parte– la economía. Todos miran a Guzmán.

Gabriel Katopodis –una de las espadas de Alberto– cuestiona la pasividad discursiva del jefe de Hacienda. Katopodis repite: “Martín tiene que jugarse y dar la cara”.

La economía tiene innumerables bombas de tiempo: el dólar, la inflación, y la pobreza. Pero es cierto que tiene síntomas de mejoría: el Gobierno está tan a la deriva que ni siquiera las promociona.

Andrés Borenstein hizo un informe muy alentador en una reunión de multis y de varios CEO de Argentina. Este economista sorprendió: “Este año la economía crecerá alrededor de un 9%. Es un proceso parecido al del 2004”.

De eso Guzmán no habla. Y por eso le llueven fuertes críticas. Hasta ahora Ignacio De Mendiguren es el único vocero económico fuerte del oficialismo. Guzmán está trenzado -otra vez– con Miguel Pesce. Ahora la pelea de fondo es por el valor del dinero: la tasa de interés. El BCRA quiere elevarla, para calmar las expectativas sobre el billete. En la última licitación le torció el brazo a Guzmán.

Las cosas no anduvieron bien en la primera licitación de agosto. Esta semana, el Gobierno elevó la tasa y puso el rendimiento por encima de la inflación.

Pero la disputa no está zanjada. Pesce no perdona que Guzmán haya pedido su cabeza a Alberto. La licitación –del miércoles– forma parte del plan “Urna”. Recalentar la economía y patear todo bajo presión para diciembre.

Se trata de una “mini bicicleta” financiera: las tasas están sobre la inflación y –a su vez– el BCRA promete un dólar planchado hasta el acto comicial. Bingo para los especuladores financieros. La cuestión –igual– no resuelve los problemas de fondo: la tensión sobre el dólar y la presión sobre el déficit cuasi fiscal.

Entre los máximos banqueros circula un informe secreto: dice que el BCRA perderá una friolera de billetes para sostener la divisa.

Pesce tenía –hace un mes- reservas de libre disponibilidad por US$ 7.200 millones y terminará el año sólo con US$ 3.500 millones. También el taxi de los pesos no para. El BCRA genera tensión con una bomba financiera: las deudas monetarias ya tocan los temibles y explosivos cuatro billones de pesos.

Marcelo Bonelli

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