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Viernes, 27 Agosto 2021 10:58

Más cortocircuitos entre Martín Guzmán y Miguel Pesce por la emisión monetaria - Por Marcelo Bonelli

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En los últimos dos meses, el Banco Central le dio a la “maquinita” más que en todo el primer semestre, por la friolera de $ 380.000 millones. El ministro se opuso tenazmente a elevar las tasas de interés. 

El BCRA aceleró al máximo la “maquinita” de hacer billetes y todas las luces de alarma se encendieron entre los banqueros. Miguel Pesce trabajó a destajo y en los últimos dos meses emitió más que en todo el primer semestre: la friolera de $ 380.000 millones.

Un “paper” reservado que circula en la Asociación de Bancos dice que la maquinita monetaria no se frena: hasta las elecciones de noviembre los banqueros esperan una emisión adicional y llegar al billón de pesos. El empapelado de billetes forma parte del “Plan Urna”. Pero tiene una contraindicación: evitará que baje la inflación, a pesar de la olla a presión que tienen el dólar, las tarifas y precios esenciales.

La cuestión originó tensión entre el BCRA y el ministro Martín Guzmán. El Palacio de Hacienda contribuye con un "festival de bonos" en pesos. La deuda en pesos que acumuló y proyecta Guzmán es mayor -en términos del PBI- que la que originó Luis Caputo antes de que explotara la economía con Mauricio Macri.

Macri dejó la maxi-deuda del FMI en dólares. Alberto acumula un “festival de deuda” en pesos. Ambos utilizaron esa receta para evitar ajustes y no encarar una solución a los problemas que tiene la Argentina.

El BCRA –también- aumentó la deuda en bonos con el sistema. En Leliq y operaciones de pases, acumula 4 billones. A fin de año la circulación monetaria y las deudas llegarán a una cifra récord: 8,3 billones de pesos. Una “bomba” monetaria. Pesce acusa a Guzmán de falta de prolijidad y Economía al BCRA. Pero ambos son responsables del incipiente descontrol monetario.

El jefe del BCRA quería elevar las tasas de interés y Guzmán se opuso tenazmente. Pesce –en reunión de directorio– acusó a Guzmán de tener una “actitud laxa” para no complicar su futuro político. En otras palabras: dice que Guzmán es permeable a las presiones, porque tiene una situación política complicada con Cristina, Máximo y Kicillof.

Guzmán contragolpea con hechos: su entorno dice que le torció el brazo a Cristina. Se refieren a la utilización del dinero que envió el FMI. Oscar Parrilli encabezó un grupo de senadores que reclamaron usar ese dinero para atacar los efectos del Covid y pedían no pagar los vencimientos al FMI.

El senador usó esa bravuconada para cumplir con la orden de su jefa. El dinero de los DEG –al final- se usará para abonar la deuda al propio FMI. Guzmán lo vivió como un triunfo, en medio de tantas presiones.

La “maquinita” y las otras medidas económicas del Plan Urna surgen de las teorías estatistas de Kicillof. Axel se considera un “innovador” en la teoría económica: un convencido de que la emisión sin respaldo no genera inflación. Ya Kicillof lo hizo en su pobre gestión como ministro. Le fue mal. Se sabe que la emisión –por sí sola– no es la única causa de la inflación, pero acelerar la maquinita en medio de un homérico desajuste macroeconómico calienta los precios y complica el futuro.

Kicillof ahora fue decisivo en una decisión política que tendrá alto impacto. Axel impuso su criterio a Guzmán y Matías Kulfas.

Paula Español fue quien instrumentó la decisión de Axel: no aflojar y mantener el cepo a las exportaciones de carne.

Matías Kulfas lo contó el martes en una reunión hermética con los caciques del Consejo Agroindustrial. El ministro fue directo: “Por razones electorales hasta fin de año no habrá levantamiento del cepo a la carne”. La noticia cayó como una bomba en la Mesa de Enlace.

Kulfas admite que el esquema genera distorsiones y ya -se sabe– impactó en los frigoríficos: hay suspensiones y amenaza de cierres.

Hasta ahora el cepo fue un fracaso: los precios domésticos no bajaron, las exportaciones cayeron y el consumo está por el suelo. Pero Axel insistió: teme que la salida del cepo provoque ahora aumento en las carnicerías. Alberto avaló la tesis. Existe inquietud por los últimos informes que recibió Olivos.

El escándalo de la “fiesta inolvidable” le pegó en la línea de flotación. El trabajo secreto dice que la imagen de Alberto se desplomó 10 puntos. También, que la intención de voto cayó en Buenos Aires: antes del video, Victoria Tolosa Paz ganaba por 9 puntos y ahora oscila en 4 o 5 puntos.

Los lobos de Wall Street están atentos a la cuestión. Sus informes dicen que una elección pareja –como parece- haría subir los activos argentinos. En los papers de Manhattan consideran que un cachetazo electoral obligaría a la Casa Rosada a rectificar rumbos y volver a una racionalidad económica.

Los banqueros –de hecho– afirman que tres factores ayudan para evitar el desborde cambiario. Uno es el supercepo al billete. El BCRA sigue perdiendo reservas, pero a menos velocidad. Se iban 25 millones por día, y ahora 10.

El otro es el efecto “encuesta”. Dicen que un triunfo opositor –o empate– regenera expectativas positivas en los mercados. Los oficialismos perdieron en todo el mundo desde el inicio del Covid.

El tercer factor es Cristina. Amenazó al FMI con un vetusto relato, pero al final hizo como siempre: autorizó el pago a Washington. Igual, todo está por verse. Las encuestas solo tienen algo seguro: indiferencia y un 40% de indecisos.

Jaqueo y escudo protector

Guzmán, en las últimas semanas, se vio forzado a “poner la cara” en la campaña y enfrentar un tsunami de versiones. Surgen desde el propio oficialismo. Afirman que existen tres nombres que circulan para su eventual relevo. Se sabe que Cristina aprovecha el traspié del Presidente -por el Olivosgate- para impulsar un cambio de Gabinete después de las elecciones.

Cristina, como aspiración de máxima, quiere ubicar a una figura de su confianza en la Jefatura de Gabinete. Ese cargo se lo ofreció –hace tres semanas- a Agustín Rossi, pero el dirigente no cedió su posición.

También, la vice quiere influir en el Palacio de Hacienda. Guzmán tiene fuego cruzado y su único sostén es el Presidente. Kicillof propicia su salida y alienta la llegada de un delegado bonaerense: Augusto Costa. Para los empresarios sería un retroceso, porque acentuaría la política intervencionista.

También la candidatura de Cecilia Todesca circula entre los hombres de negocios. Es la economista de confianza de Alberto y tiene una visión heterodoxa.

En los círculos de poder se menciona –otra vez– a Martín Redrado. El ex presidente del BCRA abrió un diálogo con Cristina. Propone un plan integral, para atacar en simultáneo los desequilibrios económicos.

Exige –para eso– controlar todos los resortes de decisión económica. Guzmán dice que sigue. En la intimidad de su equipo acusa: “Son puras operaciones”.

Pero el ministro –por las dudas– sacó a relucir su escudo protector: hizo trascender que el acuerdo con el FMI ya estaba cerrado y que él era el garante.

Ya utilizó ese “gambito” varias veces cuando estaba atorado. En La Cámpora lo acusan de actuar como delegado del FMI. Esta vez , la cuestión no duró. La propia Julie Kozack –la auditora de Argentina– salió a aclarar la situación. Se comunicó con banqueros y economistas.

A todos les insistió: no está cerrado ningún acuerdo técnico y –en verdad– hasta ahora poco se avanzó. El FMI no hará centro en lo fiscal: Guzmán ya hizo el ajuste. Washington está obsesionado con otra cosa: la inmensa brecha cambiaria y el continuo atraso del dólar oficial.

Marcelo Bonelli

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