Viernes, 01 Octubre 2021 10:50

Con la mira puesta en Martín Guzmán y el FMI, Cristina Kirchner habla con Martín Redrado - Por Marcelo Bonelli

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La vicepresidenta muestra un inusual pragmatismo político y mantiene diálogos reservados con varios referentes económicos. El “Plan Platita” del Gobierno choca contra la aceleración de precios.

Los niveles de pobreza que anunció el INDEC confirman una realidad terrible: sin plan antiinflacionario y de crecimiento la crisis social no va a frenar. La pobreza sigue al tope: 40,6% y afecta a 18 millones de argentinos. Así, la marginación social no cambia: cuatro de cada diez personas son pobres en la Argentina.

El deterioro –es cierto- viene de décadas. Explotó con Carlos Menem. Se multiplicó en la crisis de Fernando de la Rúa, pero se profundizó estructuralmente en la última década: con Cristina, Mauricio Macri y Alberto Fernández.

Paula Español combate la inflación –principal causa de la pobreza- con “escarbadientes”. La secretaria de Comercio insistió con algo que ya fracasó: culpar a los hombres de negocios de generar la inflación y obviar el disloque actual de la macroeconomía.

La secretaria de Comercio estuvo con los súper. Y desde el martes se reúne con los CEO de las alimenticias y “multi”. Entre otras Nestlé, Dadone, Ledesma, Molinos. Español exige que no trasladen a precios los costos. Así lo exclama: “No pueden aumentar sin mi autorización”.

Pero –a la vez– Martín Guzmán aceptó darle bomba al gasto y a la emisión. La contradicción es clara. El “Plan Platita” para las elecciones choca contra la aceleración de los precios.

Así se aplica el librito de Axel Kicillof: hace un año que repiten esa fórmula, pero la inflación no para de subir.

Axel atraviesa días difíciles: está tocado. Cristina lo humilló, cuando le exigió que hiciera cambios de Gabinete. La vice lo obligó a ubicar a ultra-enemigos en el manejo del gobierno. Kicillof soñaba con una carrera presidencial y eso ahora parece una quimera. Una eventual remontada electoral ahora la va a capitalizar Martín Insaurralde.

Ahora, Kicillof se convirtió en un ferviente defensor del acercamiento al campo que impulsó Julián Domínguez. En Buenos Aires, los productores le dieron una verdadera paliza electoral.

Axel –en mayo- fue el impulsor ideológico del cepo a la carne. La convenció a Cristina y ambos a Alberto a través de Paula Español. El resultado fue horroroso: el precio no bajó, el consumo cayó, suspendieron a obreros en los frigoríficos y se perdieron US$ 100 millones mensuales.

Julián Domínguez habló con Cristina del tema y la convenció. Sabía que la Mesa de Enlace exigía ese aval político para concurrir a la Casa Rosada. Hubo intensos contactos previos y diálogos secretos. Nicolás Pino fue directo al grano: “Julián, ¿esto tiene aval de Cristina?”. Domínguez aseguró: “Cristina apoya la apertura del cepo. Fue con la primera que lo hablé”.

La vice –tras su fracaso electoral– abandonó su relato progresista y se abrazó al discurso “conservador popular” de Juan Manzur y los barones del Conurbano. Manzur apuesta fuerte. Hay tensión con Sergio Massa.

Ahora Cristina muestra un inusual pragmatismo político: sabe que sus causas judiciales se van a complicar si en noviembre vuelve a tener un descalabro electoral.

Clarín confirmó que la vicepresidenta mantiene diálogos reservados con varios referentes económicos. Tiene a Guzmán en la mira y lo audita en forma continua. Cristina –hace unas semanas– volvió a consultar a Martín Redrado. La conversación fue telefónica, pero extensa. Hablaron de todo y en especial de la negociación con el FMI.

En el Instituto Patria dicen que Cristina interrogó a Redrado sobre la forma como Guzmán negocia con Washington un acuerdo del FMI. Redrado habría dado una visión crítica sobre la situación y le dejó una recomendación a la vice: que, para negociar, primero la Argentina haga su propio plan de estabilización y crecimiento.

Cristina y su círculo también consultan a Ignacio de Mendiguren. El titular del BICE se convirtió en el mejor defensor económico de la Casa Rosada. Guzmán ni siquiera le saca el jugo a un dato objetivo: la economía va a crecer un 9 %.

Cristina había dicho que el cepo a la carne dio resultados. También Kicillof. Ahora hicieron un giro copernicano. Fueron fogoneros y propiciaron el desbloqueo con la Mesa de Enlace. Kicillof fue muy entusiasta: “Queremos colaborar con los productores”.

Axel también fue aplicado: tenía un cuaderno y anotó en sus hojas todo el detalle de la reunión. Carlos Achetoni lo contragolpeó: “Ahora no nos acuses porque aumente la carne. Los cortes van a remarcarse por la emisión y el aumento del gasto que hace el Gobierno”. Domínguez tiró la pelota afuera y contestó: “Yo hablo de producción. El responsable de precios es Guzmán”.

El ministro, después, envió un mensaje interno al convulsionado Frente de Todos: “Yo tomo las medidas. Si alguien no está de acuerdo, yo me voy a casa”. La frase fue como un Exocet y está vinculada a la furiosa –que no cesa- pelea interna. El martes hubo un fuerte cruce entre Wado De Pedro y Kicillof. Fue en la reunión de comando electoral para definir la nueva estrategia de campaña. Kicillof insistió en hablar de vacunas y el ministro lo desautorizó.

Esa reunión fue utilizada para lanzar desde la Casa Rosada múltiples versiones, chimentos y operaciones contra el jefe del Palacio de Hacienda. Guzmán resiste. Un colaborador lo definió así: “Son operaciones de Máximo. Pero el ministro está atornillado a su sillón”.

La pelea interna por el poder profundiza la propia crisis económica. Este jueves el BCRA tuvo que vender la friolera de US$ 196 millones para sostener el billete y perdió en septiembre US$ 950 millones. Este ritmo de corrida es insostenible. Miguel Pesce convocó este jueves a la noche a una reunión de urgencia. Habría medidas y más cepo.

Los hombres de negocios no quieren una devaluación este año. Los informes en Wall Street sostienen que será difícil sostener el tipo de cambio oficial con la actual brecha y el marasmo económico.

El FMI también le pide a Guzmán reducir la brecha. Las cosas en Washington están difíciles. Kristalina Georgieva –el apoyo de Guzmán– quedó muy debilitada después del escándalo por la ayuda a China. En Wall Street confirman que el Tesoro le cortó la comunicación. Janet Yellen por ahora no le atiende el teléfono.

El directorio del FMI trató la cuestión. Leyó y discutió el informe lapidario contra Georgieva. Nadie piensa que la jefa del FMI será destituida de inmediato. Pero perdió fuerza y credibilidad.

Clarín accedió al informe fatal del Banco Mundial. Su texto completo incluye un punto aún poco difundido y que la complica totalmente. En este texto –el punto 17– relata que Georgieva, en forma inusual, fue a retirar personalmente a la casa de un funcionario del Banco Mundial el informe final retocado para favorecer a China.

Así lo dicen: “El fin de semana del 28 al 29 de octubre del 2017, Georgieva fue a la casa del gerente del Doing Bussiness para recuperar la copia física del informe con los cambios”.

Continúan: “Georgieva admitió que esta era la primera y única vez que visitaba la casa de ese empleado”. Y admitió al final: “No recuerdo por qué fui a visitarlo, en lugar de que me entregaran el informe en horario de oficina”.

Afirman que lo hizo para confirmar en persona que el texto final impreso incluía los cambios que beneficiaban a China. Un documento secreto y un viaje solitario y nocturno en Washington: propio de una protagonista oscura para el guión de House of Cards.

Marcelo Bonelli

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