Miércoles, 20 Octubre 2021 07:26

¿Por qué el Gobierno debería evitar pagarle al FMI en diciembre? – Por Daniel Fernández Canedo

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El vencimiento clave es por US$ 1.900 millones. Los fondos estarían disponibles, pero el bajo nivel de reservas del Banco Central merece atención.

Así como para la política la próxima fecha clave es el 14 de noviembre, para la economía es el 22 de diciembre.

Ese domingo del mes que viene se definirá un nuevo mapa político con relaciones de fuerza renovadas (gane quien gane y pierda quien pierda), confirmando o no el resultado de las elecciones internas del 12 de agosto pasado.

En materia económica la importancia del 22 de diciembre radica en que ese día hay vencimientos de deuda en dólares correspondientes a capital e intereses por US$2.310 millones, de los cuales US$1.900 millones corresponde pagarle al Fondo Monetario Internacional.

El Gobierno tiene la plata para pagarle al FMI porque cuenta con el aporte extraordinario (US$ 4.340 millones) que hizo el propio organismo para que los países pudiesen atender gastos de la pandemia de coronavirus. La Argentina los deberá destinar a pagar la deuda, ya que no cuenta con otras vías de financiamiento ni, hasta ahora, capacidad para refinanciar compromisos.

El 22 de diciembre se abre, además, un sendero de vencimientos de deuda que, dentro y fuera del gobierno, se reconoce como impagable. La clave está en si el presidente Alberto Fernández logrará refinanciarlos.

Los compromisos del primer trimestre de 2022 con el FMI llegan a $4.018 millones, mientras que en el segundo trimestre ascienden a US$15.324 millones.

Son cifras incomparables con los US$4.570 millones que en estos días rondan las reservas "netas" del Banco Central.

La simple comparación de datos, y aun teniendo en cuenta que el pago al FMI de diciembre se concrete con los fondos que le aportó el organismo, deja a la vista la fragilidad en materia de reservas del Banco Central.

En las últimas semanas, y a raíz del endurecimiento del súper cepo cambiario que entrega divisas con gotero (hay reclamos de importadores, falta de piezas para autos y motos, etc.), el Central consiguió comprar más de US$400 millones que le aliviaron el panorama a Miguel Pesce, quien desde hace meses vienen administrando la escasez de divisas con el temor de tener que rasgar el fondo de la lata en los próximos meses.

En ese punto, y por los tiempos políticos que dominan la coyuntura, hubo un cambio sensible respecto de la percepción de la brecha cambiaria en la formación de los precios, que encendió nuevas luces rojas en el tablero de control del Gobierno y desembocó en la aplicación de un nuevo congelamiento de precios.

La clave está en que la táctica oficial de utilizar al dólar como anclaje en el intento de frenar la inflación dejó de dar resultados.

El Central venía haciendo subir al dólar oficial al 1% mensual, apostando a que, en algún momento, como era el deseo del ministro Martín Guzmán, la inflación bajara de 3%, pero el 3,5% de aumento del costo de vida de septiembre rompió esa ilusión.

Jorge Vasconcelos, economista del IERAL, planteó en el Económico de Clarín que el cepo cambiario dejó de jugar a favor de una moderación de los precios y ahora lo hace en contra.

Dice Vasconcelos que planchar el dólar, "no sirvió como ancla para los precios mayoristas que es donde más debería influir", y que eso está relacionado con que las restricciones al acceso de divisas ponen al valor de reposición de los inventarios "en una nebulosa de incertidumbre".

Ante la incertidumbre es el dólar libre el que comienza a actuar como parámetro para el cálculo de reposición de las importaciones y, por tanto, de los precios.

La respuesta oficial del flamante secretario de Comercio, Roberto Feletti, fue el congelamiento de un listado de más de 1.400 precios hasta enero en el intento de ponerle una tapa a la olla a presión de la inflación, pero eso no soluciona que la brecha entre el dolar mayorista y el contado con liquidación se mantenga en 80% a pesar de la intervención en el mercado del Banco Central.

Dólar bajo presión, reservas líquidas muy bajas y compromisos de pago muy altos tendrían que encontrar, por lógica, la puerta de salida y descompresión en un acuerdo con el FMI para refinanciar los vencimientos de los próximos dos años, pero, como lo viene demostrando, esa lógica no siempre le es funcional al Gobierno.

Ya en febrero de este año Martín Guzmán hablaba (saraseaba, como se comprobó con el paso del tiempo) de que había un acuerdo encaminado con el FMI. A mediados de octubre, la canción es la misma pero el público responde de otra manera.

El eco de la última reunión del ministro con Krystalina Georgieva, titular del organismo, no indica inminencia de acuerdo y la canción del FMI también sigue siendo la misma: Argentina debe presentar un plan consistente para equilibrar las cuentas y reducir la brecha entre dólares. ¿Seguirá el Gobierno, como en otros tiempos, diciendo que no quiere hacer planes porque todos fracasaron?

Lo ideal sería que el Gobierno no le tenga que pagar al FMI los US$1.900 millones, y que esa decisión responda a que las negociaciones para un acuerdo estuviesen tan adelantadas que la expectativa de la inmediatez jugara a favor del Banco Central en la recuperación de un nivel de reservas internacionales que se encamina a un límite riesgoso.

Daniel Fernández Canedo

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