Viernes, 29 Octubre 2021 12:02

El próximo cambio de Gabinete y el secreto mejor guardado con el FMI - Por Marcelo Bonelli

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Entre internas, Cristina Kirchner quiere arrasar con lo que queda del albertismo y Máximo, copar Economía. El relato de Martín Guzmán y Alberto Fernández en la negociación por la deuda.

Alberto Fernández hará nuevos cambios en el Gabinete, después de las elecciones. Ya está decidido. Las modificaciones incluyen a dos áreas clave de Economía y también a varios ministros de pobre gestión. La evaluación se hará después de su viaje a Roma y la intención sería tener listos los relevos apenas termine la elección. El Presidente formaría un nuevo Gabinete para afrontar los últimos -y convulsionados- años de gestión.

Alberto ya lo trató con los referentes del Frente de Todos: quiere evitar el desgaste y papelón que sufrió la semana después de las PASO. Esa pelea con Cristina erosionó su poder y dañó su credibilidad: Alberto tiene la peor imagen de su mandato.

El Presidente prometió que -a su vuelta de Europa- generará un “íntimo ámbito” de consultas con los referentes del Frente de Todos. Estarán Cristina, Máximo, Sergio Massa y habría deliberaciones con su círculo íntimo: Julio Vitobello, Gustavo Beliz y la CGT.

La cuestión aumenta las internas al máximo nivel: existen diferentes planes y distintas visiones sobre el futuro Gabinete y la estrategia para llegar al 2023. Cristina quiere arrasar con todo lo que queda del albertismo y Máximo, copar Economía.

Alberto contragolpea: dejaría a Martín Guzmán. Pero está dispuesto a sacrificar a Matías Kulfas y evalúa algún cambio en el manejo monetario del BCRA que conduce -sin brillo- Miguel Pesce.

Guzmán quiere quedarse y, para eso, aceptó hacer un infantil giro en sus posturas moderadas: bravuconeó contra el FMI, acusó a la oposición de “antiargentina” y a sus colegas de profesión de ser “perros” al servicio de las “multis”. Se degradó para complacer a su enemigo Máximo.

El relato contra el FMI –de Guzmán y de Alberto– forma parte de una estrategia política: aparecer duros ahora para preparar una negociación en diciembre con Washington. Entre los hombres de negocios de Wall Street se insiste en que la inflexibilidad es una ficción pactada con Kristalina Georgieva. Fue en las reuniones de Guzmán: Washington no respondió a las provocaciones de Argentina. También, para conformar a la tribuna: el acuerdo incluirá concesiones y ajustes para ordenar la economía que son difíciles de digerir para los gurkas de Cristina.

Está la cuestión de los plazos y la sobretasa, pero existe un tema urticante: la corrección al dólar. El FMI no utiliza la palabra. Pero reclama cerrar la brecha y aumentar fuerte la reservas. En otras palabras: pide una devaluación. Guzmán se opone y Alberto también: un salto brusco complicaría la situación social.

Ahora Alberto –en su zaga de contradicciones– pidió la reunión con Kristalina: ansía tener un “memo de entendimiento” en diciembre para estabilizar la economía.

Gustavo Beliz habló del tema con Jake Sullivan, el consejero de Seguridad Nacional de EE.UU. La Casa Blanca pide un plan. La información la tienen también los hombres de negocios que visitaron a Alberto. El Presidente les prometió un acuerdo y se vieron sorprendidos con la pirotecnia revolucionaria. El relato anti-FMI generó dudas e inquietudes. La desorganización política hace que todo sea creíble en el mundo de los negocios.

Los bonos argentinos no paran de bajar, el riesgo país récord y el billete sigue su carrera a los $ 200. La suba del billete parece no tener techo: la maquinita del BCRA no para y las reservas van a bajar hasta diciembre. Es una formula matemática: más pesos y menos dólares, mayor valor del billete. El dólar financiero tiene una brecha del 100 % y eso refleja otra cosa: la feroz interna política y el desaguisado macroeconómico.

La pelea en la cúspide es infernal. Cristina acusa en la intimidad: “Alberto no deja de hacer cagadas”. Alberto sigue decepcionado por la deslealtad de Cristina: “Ella también perdió las elecciones”. Máximo critica la tibieza de Alberto y embiste contra Axel Kicillof: “Gobernó solo con los que entran en su Clío”. Axel está dolido por la humillación de Cristina y contragolpea: dice que Máximo lo ataca, porque estaba celoso de su vínculo con Cristina. Massa trata de mediar, pero admite: “Todos los días nos disparamos un tiro en el pie”.

Las controversias llegaron a Wall Street. Un informe confidencial de JP Morgan exige un acuerdo político y habla de falta de gobernabilidad en Argentina. Pero no propicia un pacto entre el oficialismo y la oposición: piden primero un acuerdo mínimo dentro del propio Frente de Todos.

Máximo desafió el fin de semana, en un acto, al Presidente y a Axel. Pero su ferocidad pública contrasta con su condescendencia privada. En los encuentros secretos con poderosos hombres de negocios, Máximo se olvida del relato y se muestra pragmático. El jefe de La Cámpora dice todo lo contrario: “Sin ustedes no tenemos destino”.

El propio Máximo intervino para desagraviar al empresario Francisco de Narváez. Roberto Feletti lo acusó de hacer operaciones en su contra a través de un diario que ya no es de su propiedad. Wado de Pedro fue el encargado de darle una orden a Feletti: tuvo que pedirle disculpas a De Narváez.

El traspié de Feletti es fruto de su verborrágica intención de cumplir con el plan maestro: acusar a los empresarios de ser culpables de la inflación. La estrategia que anticipó Clarín la tiene chocha a Cristina: le fascina el perimido relato de perseguir a los “malos” empresarios por “avaros”. Feletti está agrandado. Ya hizo trascender que podría ser futuro ministro. Fue viceministro del corrupto Amado Boudou.

El congelamiento se armó para tratar de esconder una realidad: el fracaso de la Casa Rosada en el combate contra la inflación. Ya están a los peores niveles de Mauricio Macri.

La Secretaría de Comercio está llena de desconciertos y tiene un desorden brutal.

El show político incluyó el envío de militantes a almacenes y súper chinos. Se trató de una suerte de “Revista Dislocada”: esos comercios están exentos del congelamiento.

Débora Giorgi tuvo que admitir el papelón. Yolanda Durán – líder de la cámara de súper chinos– fue a su oficina y le mostró centenares de videos: los inspectores se quedaron horas en los comercios que no debían controlar. Formó parte de la “operación” para culpar a los empresarios. Las cámaras empresarias solo se quejaron, pero tuvieron –otra vez– falta total de reflejos políticos.

Sucede que a los hombres de negocios los paraliza el temor: hubo una campaña por Twitter escrachando a Molinos, Arcor y Ledesma. Se confirmó que los trolls surgen del PJ de La Matanza: donde se refugiaron Feletti y Giorgi en los años de Macri. Giorgi convocó a 30 empresas líderes, pero empiezan así las reuniones: “Temas de fondo, solo los hablamos después de las elecciones”. Hasta ahora, el congelamiento no está dando resultado. Juan Manzur lo interrogó sobre eso a Marco Lavagna. Lavagna resiste – con éxito– el deseo de algunos funcionarios de retocar los índices. Daría un portazo.

El jefe del Indec fue sincero con Manzur: dijo que era difícil que el congelamiento se note en el índice de octubre. Habló de aumentos en los servicios, ajustes estacionales de productos frescos y de la dinámica indexadora que no se frenó. Comunicó que, hasta ahora, la proyección daba un 3,2 %. El dato se conocerá en víspera de la elección: sería un baldazo contra el accionar de Feletti.

Marcelo Bonelli

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