Viernes, 05 Noviembre 2021 11:58

Los motivos del dólar récord y un pedido concreto de Kristalina Georgieva - Por Marcelo Bonelli

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El FMI exige que el plan a acordar con la Argentina tenga apoyo explícito en el Frente de Todos y un aval de los empresarios. Las peleas internas que suman incertidumbre. La idea extrema que late en La Cámpora.

Profundos desequilibrios se reflejaron este jueves en la histórica cotización del dólar: tocó los 200 pesos y fue récord. Esos desajustes son económicos, pero centralmente políticos: las internas en el poder y las peleas feroces en el Frente de Todos. Las diferencias no zanjadas entre Cristina y Alberto, así como las luchas entre Máximo y Kicillof aumentan la incertidumbre. Sergio Massa intenta mediar, pero ahora La Cámpora deshoja la margarita: algunos quieren radicalizar su posición contra Alberto.

La ausencia de una conducción política y la falta de un rumbo impiden –hasta ahora– conocer qué ocurrirá en la Argentina en los próximos meses. La gente se cubre y compra dólares. También influyen las exiguas reservas del BCRA. Hay una ecuación matemática básica: menos dólares y una “maquinita” de hacer pesos a full garantizan un billete a las nubes.

Ambas cuestiones –la política y monetaria– ocurren en medio de un desorden económico absoluto: profundos desajustes macroeconómicos. El dólar oficial está atrasado, la brecha llegó al 100%, las tarifas en una olla a presión, y la inflación pulveriza los sueldos. El ahorrista se refugia en el dólar.

Los tres factores son trascendentes: va a depender solo del Gobierno si se profundizan los problemas y el caos se adueña de la economía después de las elecciones. Estos problemas los habló Alberto con Kristalina Georgieva. También lo abordó Martín Guzmán con Geoffrey Okamutto, el influyente numero dos del FMI.

Ambos tienen una actitud negociadora, pero insisten: el principal problema de la Casa Rosada es de gobernabilidad. Washington quiere saber quién manda y quién toma las decisiones en la Argentina. Por lo tanto con quién negocian y acuerdan un plan de estabilización.

El Presidente y su ministro dieron señales de racionalidad y positivas. Dijeron lo contrario de sus irresponsables arengas públicas en Argentina. Ambos, en las reuniones de Roma, repitieron que buscan un acuerdo con el FMI. Quieren que actúe como un ancla y evite un desmadre económico.

Tienen el apoyo de Sergio Massa, pero se desconoce la actitud de los gurkas de Cristina. Los jefes de La Cámpora dejaron trascender que discuten –por ahora solo en forma teórica y preliminar- romper con el Gobierno y quedarse con su “relato” contestatario si Alberto no los incluye.

La decisión de Máximo no es fácil: tendría que renunciar a las millonarias cajas que controla y a las estructuras donde ubica a sus militantes. Hasta ahora a La Cámpora le seduce más mantener sus privilegios. Pero meten ruido con sus infantiles versiones.

Los duros presionan a la Casa Rosada: dicen que alientan un acuerdo con China en lugar de un convenio con el FMI. En los círculos de poder se habla de que existe un “memo” secreto de 14 puntos para un convenio con China: inversiones a cambio de un realineamiento con el gigante oriental. El Instituto Patria lo alienta como ariete contra el FMI. En Washington conocen toda la pelea y sus debates de café. Ya no piden un acuerdo político con la oposición: exigen un pacto mínimo de gobernabilidad en el Frente de Todos.

Clarín confirmó que Georgieva –por eso- le hizo un pedido concreto a Alberto: el FMI exige que el plan a acordar tenga el apoyo explícito en el Frente de Todos y un aval de los máximos empresarios de Argentina.

La jefa del FMI utilizó este término: el acuerdo necesita y debe incluir la cláusula “ownership”. Esa exigencia se traduce así: que Alberto y Guzmán logren un “apoyo local amplio al programa”, que incluya a los sectores privados del campo, la banca y la industria. Kristalina insistió: “Eso daría credibilidad y confianza en Argentina”. Alberto escuchó en Roma que Mauricio Macri había advertido en el exterior –utilizando sus excelente contactos- que la Argentina podría entrar en un desorden económico después de las elecciones. Guzmán también volvió con ese caballito de batalla desde la Ciudad Eterna.

El Presidente mascullaba bronca y acusó en la intimidad de Olivos a Macri. Lo asoció a las advertencias que Domingo Cavallo hizo en el exterior -en 1988- en contra del gobierno alfonsinista: viajó a Washington e insistió en que no había que prestarle dinero a Raúl Alfonsín.

Clarín consultó al propio Macri. El ex presidente descartó la versión. Afirmó que eran relatos inventados. Así lo dijo: “No hablé con nadie. El problema es que el mundo sabe que Alberto no tiene plan”. Y remató: “Alberto no sabe qué hacer y se quiere victimizar con esas cosas”.

El encuentro entre Jake Sullivan y Gustavo Beliz fue clave para aceitar los contactos en Roma. El jefe de Seguridad Nacional de EE.UU. está al tanto del tembladeral económico. Beliz –como garante político– se sumó a las conversaciones con el FMI. El lunes, junto a Guzmán, tuvieron una reunión de 14 horas con Julie Kosack, la auditora de Argentina. En ese encuentro se discutió fuerte, pero por primera vez se habló de cosas concretas y técnicas. El dúo de ministros expresó un deseo de la Casa Rosada: que Argentina tenga acordado en diciembre un “memo de entendimiento” con el FMI.

Guzmán se comprometió a bajar el déficit el año próximo a 3,3 %. También a ponerle freno a la maquinita y a normalizar la locura del dólar. El ministro le dijo a Kosack que Argentina va a devaluar un 31%, pero no con un único salto cambiario: acelerando los ajustes vía un crawling peg. El ministro insistió en una muletilla: que el déficit bajará, pero que el gasto será expansivo.

Ya la contradijo a Cristina. En el FMI consideran que hay muchas inconsistencias y demasiado voluntarismo en la propuesta del Palacio de Hacienda. Kosack rescató que fue una reunión donde se habló de números y no de diatribas, ni propaganda política.

En Olivos, el miércoles el Presidente almorzó con Guzmán y se activó un plan para buscar adhesiones de la Unión Industrial, ADEBA, la Mesa de Enlace y líderes de la Asociación Empresaria para cumplir con la cláusula “ownership” que exige el FMI.

La tarea parece titánica: en las últimas semanas, el Gobierno rompió puentes con el movimiento empresario. El show del congelamiento pone “chocha” a Cristina, pero no funciona para frenar la inercia de la inflación.

Roberto Feletti montó el plan con un objetivo político: culpar a los hombres de negocios del fracaso que tiene el Gobierno en controlar la inflación. Las “multis” están a la espera del acuerdo con el FMI. Hay decisiones de inversión definidas, pero frenadas “ad-referéndum” de ese convenio. Un ejemplo: Alemania aprobó el financiamiento para la obra Chihuido, pero solo girará el dinero cuando se firme con Washington.

En YPF hay mar de fondo por su situación financiera. El delegado de la SEC de Manhattan cuestionó el borrador del balance. La cuestión motivó una reunión secreta del área financiera de la petrolera. La presidió Augusto Lew, en un lujoso hotel bonaerense. El punto era la inconsistencia: entre la abultada deuda, las inversiones prometidas y el fuerte atraso en el valor de las naftas.

El atraso en los ingresos -por la tarifa política– sería de 890 millones de dólares. Al final hubo un arreglo y se avaló un dibujo del balance. El emisario de la SEC hará la vista gorda. Pero la cuestión de fondo es inquietante: las naftas tienen un atraso del 35 % y se actualizarían después de las elecciones.

Marcelo Bonelli

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