Miércoles, 15 Diciembre 2021 12:41

Los “dibujos” de Martín Guzmán que llenan de dudas a los mercados - Por Daniel Fernández Canedo

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El ministro reconoció que la inflación es un problema grave y que su pronóstico de este año fue desbordado. Pero su Presupuesto para 2022 tampoco cierra. Y sigue la incertidumbre con el FMI. 

Con tono firme, el ministro Martín Guzmán sostuvo al presentar el Presupuesto en el Congreso que "el problema principal que se enfrenta en 2021 ha sido la dinámica inflacionaria y es un objetivo central de la política económica atacarlo". 

Así, el ministro justificó el yerro de su pronóstico de una suba de 29% en el costo de vida, que en la realidad terminaría por encima del 50%.

La brecha es importante, pero pareciera que para la política no tiene costo. De hecho, el ministro defendió un Presupuesto sin cambios que había sido presentado en septiembre y en la fecha en que el presidente Alberto Fernández había prometido la presentación de un "plan plurianual" para acordar con la oposición.

Un Presupuesto 2022 con 33% de inflación, un dólar de $131 con un crecimiento de 4% y aumento de 7,5% en las exportaciones y 9,4% de las importaciones constituye una hoja de ruta teórica que, por ejemplo, el economista Carlos Melconian caracterizó de "disparate, es una monografía de escuela secundaria".

Dentro del gobierno, incluso se critica un presupuesto cuya base no contempla ni el crecimiento que rondaría en 10% en 2021 ni el fuerte aumento de las exportaciones generado al calor de la suba de los precios internacionales de los granos y las materias primas.

Tampoco contempla el aumento del gasto de la segunda parte del año y está pendiente la discusión sobre si este Presupuesto cuenta con algún aval de los técnicos del Fondo Monetario Internacional, que es parte de las disputas que lleva adelante el gobierno.

Respecto de la supuesta cercanía de un acuerdo con el FMI por un préstamo a 10 años, los cruces de la política indican que Alberto Fernández lo impulsa pero Cristina Kirchner pretende quedar al margen y busca que sea la oposición la que lo avale.

La oposición de Juntos o Juntos por el Cambio (después de las elecciones el radicalismo no mostró otra cosa que divisiones) asegura que no avalará un acuerdo sin un plan económico (sin suba de impuestos, ¿será verdad?) y sin la aprobación previa por parte de la vicepresidenta.

En medio de ese enjambre y cruce de chicanas, los mercados y las empresas empiezan a intentar una toma de posiciones frente a lo que especulan como un nuevo escenario.

Los bonos argentinos en dólares, por caso, vienen subiendo 8% en promedio en el mes, lo que podría estar indicando una apuesta por parte de los inversores a que el gobierno finalmente llegaría a un acuerdo con el FMI y despejaría el horizonte de vencimientos por los próximos cuatro años.

En este contexto, cabe tener en cuenta que los bonos dolarizados que después del canje "exitoso" de agosto de 2020 cotizaban a US$46/47 la lámina de US$100, en la actualidad lo hacen a US$32/36. Están tan caídos que cualquier atisbo de noticia positiva puede servir de argumento para que algunos inversores se sientan tentados.

¿Los bonos a US$ 32 están caros o baratos? Es la pregunta que a diario y hace mucho tiempo reciben los operadores financieros.

La respuesta, en general, oscila en decir que están baratos si el gobierno le presenta al FMI y al mercado un plan económico razonable (sin variables claramente atrasadas como el dólar o las tarifas de luz y gas o el precio de la nafta), que favorezca la inversión, o que están caros si Cristina Kirchner y su hijo Máximo le bombardean el posible acuerdo con el organismo a Alberto Fernández.

Un dato voltea el fantasma de que a la Argentina le falta financiamiento en dólares y confirma el de que, en realidad, al que le falta es al gobierno y al Estado por la desconfianza que genera.

La compañía agrícola MSU (Manuel Santos Uribelarrea) está suscribiendo una operación de US$30 millones con inversores domésticos pagando una tasa sensiblemente menor a la que debería afrontar en la plaza internacional.

¿Qué indica la operación de MSU? Uno de los argumentos es que dólares no faltan pero sólo se transforman en inversión si hay proyectos que despierten expectativas. Rompen así la arcaica idea de que existe una economía financiera y otra productiva independiente, y que una es mala y la otra buena.

El campo las despierta y otro tanto está pasando por Vaca Muerta.

En una reciente charla del ciclo de Clarín sobre "El mundo que viene", Nicolás Arceo, asesor y ex subsecretario de Planificación del Ministerio de Economía, planteó que "sólo desarrollar el 50% de Vaca Muerta le permitiría al país tener ingresos por US$34.000 millones de exportaciones anuales durante medio siglo".

Eso sería casi el doble de las exportaciones del complejo sojero por año y, redondeó Arceo, le permitiría a la Argentina superar la restricción externa que constituye un limitante al crecimiento en, por lo menos, los últimos 30 años.

Nuevamente, los dólares, la soja, el aceite, el gasto y el petróleo están, pero los gobiernos argentinos son especialistas en perder oportunidades al quedar enredados en dispositivos culturales en los que la exaltación del pasado no permite evaluar las oportunidades del presente.

Mientras tanto, y hace más de un año, sigue la sarasa de un posible acuerdo con el FMI bajo el supuesto oficial de que llegar a algún arreglo frenará la actividad económica. Una inflación de 50% anual y un Banco Central con reservas netas de US$ 4.600 millones de las cuales US$3.500 millones son oro y sólo US$1.000 millones son líquidas, ¿serán reactivantes?

Daniel Fernández Canedo

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