Domingo, 27 Febrero 2022 09:13

El estrecho vínculo entre Cristina Kirchner y Vladimir Putin - Por Nicolás Wiñazki

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La vicepresidenta profundizó las relaciones luego de su visita a Rusia en el 2015 durante la cual el presidente ruso le regaló una carta histórica de San Martín. 

Cristina Kirchner terminaba su gira por Moscú. Subió al auto que la llevaría con custodia rusa al aeropuerto. Alguien le cerró la puerta a modo de gesto ceremonial. El vehículo aceleró a destino. Era el 23 de abril del 2015 y la entonces Presidenta de la Nación creyó que así terminaba su visita a la Federación de Rusia de Vladimir Putin. El momento más trascendente fue la reunión que mantuvo a solas con el presidente de ese país. 

“La alianza con Rusia trasciende ya los lazos de hermandad, de compartir culturas o identidades, y pasa directamente a planos más profundos”, describió ella en una entrevista con la cadena de noticias estatal, RT.

Putin asombró a Kirchner con un gesto final e inesperado. Sorpresivo.

El auto que llevaba a la mandataria argentina hacia el avión fue detenido de inmediato.

Ella no alcanzó a pedir una explicación cuando alguien abrió de golpe la misma puerta del vehículo que antes alguien le había cerrado cuando ella se subió al auto. Instante de asombro. Un hombre que se identificó como asistente personal de Putin le entregó a Kirchner una enorme caja de madera.

Adentro había un tesoro. Una carta que José de San Martín le había escrito al héroe de la independencia de Chile, Bernardo O´Higgins. "El presidente Vladimir Putin había comprado esto para usted en Nueva York", fue el mensaje cuando aún ella intentaba saber qué pasaba.

Dejó Moscú más contenta de lo que estaba. Putin pasó a ser de modo definitivo uno de los mejores aliados que los Kirchner tienen en el exterior.

La ex presidenta jamás reveló esa anécdota del regalo de Putin. Solo lo hizo después de que la carta fuera decomisada por la Justicia en una de sus casas de Santa Cruz, igual que otros papeles históricos. Estaba acusada en un expediente judicial de haberlos obtenido de modo ilegal.

Antes de dar explicaciones ante la Justicia, Kirchner se adelantó a la intriga. En un acto en el Chaco, hizo público el secreto de la noche de Moscú. Esa carta no era robada. Era regalo de Putin. La Justicia se la devolvió.

Putin es el presidente de la Federación Rusa que profundizó los lazos con el Gobierno de la Argentina más que ningún otro de sus antecesores en el cargo, no muchos desde que cayó la Unión Soviética.

La invasión militar a Ucrania, rechazada por la mayor parte de los países desarrollados de Occidente, demostraron una vez más los vínculos estrechos entre Cristina y Vladimir.

La Argentina oscila en una posición intermedia en este conflicto. Emitió dos comunicados a través de la Cancillería ambiguos sobre cuál es la posición de nuestro país al respecto. Y el Gobierno Nacional ordenó que en una votación de condena contra Rusia en la OEA se evite atacar al presidente moscovita.

Esos lazos de Kirchner con Putin se ahondaron con el paso de los años. El líder ruso tiene una gran influencia y genera una atracción política en el sector más radicalizado del Frente de Todos, el “cristinismo”.

La invasión militar de Rusia a Ucrania, con la que Putin violó las leyes elementales del Derecho Internacional, no romperá esos lazos.

Rusia firmó acuerdos bilaterales muy sensibles con Kirchner. Y fue quien proveyó a la Argentina de la primera vacuna contra el Covid-19 a la que accedieron los ciudadanos, la Sputnik V.

La hoy vice jamás permitiría que nuestro país rompa o suspenda relaciones con Rusia.

El presidente, Alberto Fernández, se reunió con Putin el 3 de febrero, a solas y durante tres horas.

Fernández dijo delante de su par ruso que la Argentina debía ser la “puerta de entrada” de Rusia a América. En rigor, ese rol ya lo cumple Venezuela.

¿Fernández sobreactuó esas palabras sobre Rusia que ahora, en plena guerra, se reactualizan de modo asombroso?

La reacción de la Casa Rosada ante la guerra de Moscú contra Kiev desconcertó a la diplomacia y fue rechazada por la oposición. La Cancillería debió emitir dos comunicados y aun así no dejó conforme a la diplomacia de Ucrania en la Argentina.

El primer comunicado de la Cancillería evitó cualquier una definición frente a este el conflicto bélico que paralizó al planeta. Según fuentes de la diplomacia nacional, el eje central y el sentido ambiguo de ese texto tuvo dos autores intelectuales.

Uno es el embajador ante la Federación Rusa, Eduardo “El Chango” Zuain, elegido por la vicepresidenta para ser el representante de la Argentina en Moscú. El otro es el vicecanciller y ex embajador en la misma sede que Zuain, Pablo Tettamanti.

Ambos comunican las novedades que ocurren en Rusia primero a la vice antes que al Presidenta, le consta a Clarín de acuerdo a fuentes inobjetables.

La Argentina, en medio de negociaciones con el FMI, y en busca del apoyo de los Estados Unidos en esa negociación, y en otras, se vio obligada a escribir un comunicado número 2 tras el escándalo que generó el primero. Este segundo texto parecería ser un rechazo a la guerra de Rusia contra Ucrania.

Ocurre que para rechazar “el uso de la fuerza armada”, y para pedirle a Rusia que “cese las acciones militares”, afirma que la situación se generó por una “escalada de la situación generada en Ucrania”.

El canciller Santiago Cafiero, a quien la vice considera un mal funcionario, intentó, igual que el Presidente, el embajador en los Estados Unidos, Jorge Argüello, y el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, darle un tono más profesional y terminante a según comunicación oficial.

La influencia de Putin sobre Kirchner, y la influencia y la presión de Kirchner sobre Fernández tuvieron más éxito.

El último párrafo del comunicado número 2 de la Cancillería es ejemplar en el uso del lenguaje diplomático en el peor sentido. Roza el tono poético para evitar ser tajante sobre el escenario que rechazan todas las potencias de occidente.

Dice así: “La intensificación de los vientos de guerra dificulta gravemente el objetivo impostergable de preservar la vida, es imprescindible que todos los involucrados actúen con la mayor prudencia y desescalar ya mismo el conflicto en todas sus aristas para garantizar la paz y la seguridad integral de todas las naciones” (sic).

El Gobierno Nacional no se sumó a los países que impusieron sanciones a Rusia. No lo hará. Existen acuerdos bilaterales que se iniciaron en la gestión de la presidencia de Cristina Kirchner, y que continuaron durante la gestión Macri, que ahora se revitalizaron. Formalizan obligaciones de cada una de las dos naciones en cuestiones delicadas, tanto en el ámbito de la Defensa Nacional como en el de Agricultura, o el complejo mundo de la energía nuclear.

La estrecha relación entre Cristina Kirchner y Vladimir Putin se inició tras el conflicto por la anexión de la península de Crimea que el líder ruso decidió concretar de forma unilateral, a pesar de las quejas de Ucrania que concibió esa acción como un avance sobre su territorio.

En marzo del 2014, la argentina ocupaba un sillón en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Nuestro país votó en favor de la posición de Ucrania. Pero luego, en la Asamblea General del mismo organismo internacional, la Argentina se abstuvo, en un gesto hacia Rusia.

La Presidenta hizo declaraciones en favor de la posición rusa, comparándola con el conflicto de Malvinas.

Putin llamó entonces a Cristina para agradecerle el gesto.

Las relaciones bilaterales entre Argentina y Rusia se profundizarían.

El líder moscovita encabezó una gira oficial por Buenos Aires en la que fue absolutamente elogiado por la mandataria.

Después llegó la invitación para que sea ella la que viaje a Moscú en el 2015.

En esa gira, la Argentina elevó la relación bilateral con Rusia cuando acordó la firma del llamado “Asociación Estratégica Integral mediante Declaración Conjunta”. Es el mismo rango diplomático que nuestro país mantiene con China. Esa nueva “Asociación” se propuso cumplir con cincuenta puntos de trabajo.

Uno de ellos, oficializado en medio de la polémica por la guerra rusa contra Ucrania, es el que habilita a soldados de las Fuerzas Armadas de la Argentina a viajar a Rusia para perfeccionarse en su carrera con militares de ese país.

La diputada de la Coalición Cívica, Mariana Zuvic, solicitó que ese convenio se diera de baja ante la evidencia de los objetivos militares rusos.

Pero hay otros puntos que podrían generar polémica y que se pueden activar a sola firma o que ya se activaron entre Buenos Aires y Moscú.

Por poner un solo ejemplo, se acordó que se permitirá un intercambio de “información secreta militar” al que podrían acceder las dos naciones.

Desde que Rusia le vendió a la Argentina la vacuna Sputnik V, la primera que se pudieron aplicar los ciudadanos nacionales contra el Covid-19, Moscú accionó para que los acuerdos se oficialicen.

Eso pasó el 4 de diciembre del 2020, cuando el Boletín Oficial difundió la promulgación de la posibilidad de que Rusia instale en territorio nacional una base para ampliar el alcance de la captación de datos a través del sistema de georeferencia que se usa en el país de Putin, llamado Glosnass. Rusia ya instaló bases iguales en Brasil y Nicaragua.

Mauricio Macri había dado el pasó anterior para que se implementara esta potencialidad rusa en la Argentina. Pasó.

Mientras la invasión rusa a Ucrania estaba en pleno apogeo, científicos rusos ratificaron que continuarán trabajando con sus pares argentino en un proyecto para explorar el espacio exterior.

Rusia cooperó con técnicos de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), para captar desde un complejo radar instalador en Neuquén, en trabajo conjunto con el Instituto de Astronomía Aplicada de la Academia de Ciencias de Rusia, imágenes del planeta Venus.

La descripción es muy técnica, pero ese avistaje permitió acceder a “espectros de potencia de eco de onda continúa de la superficie de la tierra”.

Existen otras inversiones rusas que, hasta el momento de la invasión a Ucrania, fueron aceptadas por el kirchnerismo. Una es la compra de vagones ferroviarios de la empresa rusa TMH International Limited Liability Company a un costo para el Estado de 850 millones de dólares.

El embajador argentino en Rusia, Eduardo Zuain, es de total confianza de Cristina.

Clarín pudo saber de fuentes calificadas que detallaron cómo fue Zuain quien por primera vez le dio información a Cristina sobre manejos que consideraron poco claros del ministro de Economía, Martín Guzmán.

Cristina tomó nota y el 13 de abril del año pasado, cuando el funcionario quiso echar de la subsecretaria de Energía Eléctrica a un militante de la Cámpora, Federico Basualdo, ella le transmitió con bronca al Presidente: “Me contó ‘El Chango’ Zuain que, en el último viaje a Rusia de Guzmán, no lo dejó entrar a las reuniones más importantes que tenía sobre la negociación el FMI. Tampoco dejó entrar a los intérpretes de la embajada. Guzmán es un delegado del Fondo”, le dijo ella a él vía telefónica.

El embajador Zuain transmitió primero la información a quien considera su jefa real, la vice. Y no al Presidente.

La compra de las vacunas Sputnik V fue también otro re-impulso a la relación bilateral. Cristina aprobó la adquisición de esas vacunas tras una reunión con el embajador ruso en la Argentina.

El primero en contactarse con Moscú fue Axel Kicillof. “Vos tenés prejuicios anti-soviéticos”, descartaba el Presidente Fernández a quien le llevaba dudas sobre la Sputnik V.

Putin ganó de nuevo en una interna gubernamental K.

Quienes lo trataron varias veces dicen que es un hombre muy atento, formado, callado, un abogado polígloto que habla ruso, alemán, inglés y francés, y que susurra en cuando dialoga, lo que genera que su interlocutor se acerque y agache la cabeza para oírlo mejor. Y nunca al revés.

Nicolás Wiñazki

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