Miércoles, 02 Marzo 2022 10:13

Las tarifas y el dólar corren atrás de la inflación: por qué el Gobierno necesita que vengan rápido los US$ 7.500 millones - Por Daniel Fernández Canedo

Escrito por

En su discurso en el Congreso, Alberto Fernández anticipó subas por arriba de lo esperado. La refinanciación de la deuda y distintos escenarios que llevan el costo de vida a cerca del 60% para este año. 

El Presidente Alberto Fernández cumplió con lo que se esperaba en su mensaje de apertura del año legislativo: atacó a Mauricio Macri y su gobierno por la deuda externa para aquietar las críticas kirchneristas y anticipó ante Cristina Kirchner que las tarifas de luz y gas subirán más del 20% que ella impulsaba como aumento tope. 

En un mensaje alejado de querer cambiar las expectativas, al punto tal de considerar que la inflación alta es el principal problema para la población pero que le llevará años bajarla, el Presidente defendió el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que lejos está de las pretensiones iniciales de lograr 20 años de refinanciación con quita de deuda y baja de las sobretasas de interés.

La refinanciación acordada, otro préstamo por unos US$ 44.000 millones, permitirá que el FMI desembolse fondos para pagar los próximos vencimientos y "se iniciarán los pagos en 2026 para terminar en 2034".

Pero el tránsito de la refinanciación depende de las revisiones trimestrales que realizarán los técnicos del organismo.

Por lo pronto, después de que el directorio del Fondo pruebe el nuevo crédito, el Gobierno habrá logrado los US$ 2.850 millones que vencen el próximo 22 de marzo, evitar el default y que le devuelvan los US$ 4.700 millones que le pagó al organismo en los últimos dos años.

Esos cerca de US$ 7.500 millones son lo más importante en el corto plazo para aumentar las reservas del Banco Central y posibilitar el pago, la baja de los dólares libres y de la brecha cambiaria.

En los últimos días el dólar "contado con liquidación" bajó del máximo de $ 233 a $ 198 como consecuencias de que los operadores del mercado "compraron" la idea de que el acuerdo con el FMI no contemplaba una devaluación fuerte del peso sino la promesa de ir aumentando el dólar oficial a un ritmo cercano a la inflación para evitar que se siga retrasando.

En los últimos tiempos este esquema de actualización periódica (crawling-peg) se viene aplicando como un ancla (por cierto poco efectiva) en el intento de contener la inflación y en forma simultánea a un cepo cambiario que abre o cierra el grifo de los dólares para pagar importaciones en función de las reservas líquidas que le vayan quedando al Banco Central.

Ahora los desafíos pueden cambiar. Si el Central logra mostrar que tiene dólares para pagar la deuda y permitir solventar importaciones la expectativa de una devaluación fuerte podrá diluirse en el corto plazo. Y tal vez se produzca un traslado de dólares hacia las colocaciones en pesos, especialmente las atadas a la inflación.

Pero "desanclar" al dólar oficial, dando una señal para favorecer la liquidación de exportaciones, también le pondrá un piso más alto a la inflación y es sobre este punto que el Presidente no fue muy optimista.

Si a un dólar oficial que va más rápido se suma el mayor aumento de las tarifas de luz y gas que anunció Alberto Fernández y los pedidos iniciales de 50% de suba en las paritarias, se va cimentando el pronóstico de algunos economistas que ubican la inflación de este año en torno a 60%, por encima del 50,9% de 2021.

Pero esa presión inflacionaria se puede chocar con una restricción acordada con el FMI a la que el Presidente, que obviamente dijo que no habrá ajuste alguno, no mencionó.

Se trata de la reducción de 3,7% del PBI del año pasado a "sólo" 1% del PBI de este año de la emisión monetaria que podrá realizar el Banco Central para cubrir el déficit fiscal.

En otras palabras, Miguel Pesce tendrá las manos mucho más limitadas para pasarle pesos a un Martín Guzmán que si los quiere deberá conseguirlos en el mercado a fuerza a pagar lo que pida la oferta en una economía con inflación disparada y, se supone que diferencia del actual, con un cepo cambiario menos restringido para la compra de dólares.

El "apretón monetario y fiscal" (el déficit comprometido baja a 2,5% del PBI) actuaría como cinturón de contención de este plan postergar que busca, sin mencionarlo, despejar el frente externo para ver qué pasa con el gobierno que asuma en 2023.

Cómo afecta la guerra entre Rusa y Ucrania

Por otra parte, las consecuencias económicas de la invasión rusa a Ucrania son aún impredecibles pero la trepada de la soja que exporta la Argentina a US$ 624 y los US$ 30 del millón de BTU de gas GNL que importa configuran un escenario más inestable para el sector externo argentino.

En el gobierno dicen a mano alzada que la nueva realidad puede terminar en un "empate" entre los dólares que generen las exportaciones del campo y los que se destinen al pago de las importaciones de gas por barco pero todavía no lo apoyan con números.

Para los analistas privados, por el doble efecto de la sequía que mermaría la campaña agrícola respecto de 2021 y no lograría llenar los embalses de hidroelectricidad, el resultado sería un déficit de la balanza externa importante a mediados de año.

En su discurso al Congreso el Presidente destacó el robusto superávit de la balanza comercial del año pasado. Fueron US$ 14.500 millones que dejaron en claro que con buenos precios internacionales la Argentina tiene posibilidades de conseguir dólares de manera fluida.

De lo que no habló fue que de aquellos dólares prácticamente ninguno se quedó en las reservas del Banco Central. El desafío de este año sigue siendo fortalecerlas. Que vengan rápido los US$7500 millones del FMI.

Daniel Fernández Canedo

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…