Viernes, 04 Marzo 2022 10:25

Más controles y cepos: la fórmula del Gobierno ante la inflación - Por Marcelo Bonelli

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En Casa Rosada no saben cómo poner freno a la escalada de los precios. Por eso, la pelea interna en el oficialismo. 

Roberto Feletti fue a fondo: “Las retenciones deben subir en forma urgente”. Enfrente había un grupo de empresarios. Eran los capos de varias cerealeras. 

El funcionario siguió: “Los precios internacionales vuelan y nosotros no podemos cruzarnos de brazos”. Feletti habla de la guerra. Sus intenciones provocaron otra pelea feroz con Julián Domínguez y Matías Kulfas. Ambos lo desacreditan.

Domínguez contragolpeó: “Alberto no va a subir las retenciones”. Pero Feletti no está solo: transmite la ofensiva del Instituto Patria y un deseo íntimo de Cristina. La vice busca revancha contra el campo.

La idea la fogonea Máximo Kirchner en las reuniones de La Cámpora donde solo cuestionan a Alberto. La relación entre ambos está rota.

Máximo transmitió que está dispuesto a una transacción política: no boicotear el acuerdo con el FMI en el Parlamento, solo si Alberto toma medidas “para que la guita la pongan los poderosos”. Máximo sugiere aumentar las retenciones y volver con impuestos sobre los ricos.

La ofensiva circuló en la Mesa del Enlace. La dupla Domínguez-Kulfas tuvo que calmar a los dirigentes: “Es un disparate”. La pelea –en verdad- obedece a una cuestión de fondo: el Gobierno no sabe cómo combatir la inflación y los precios están fuera de control.

El trío –Feletti-Kulfas-Domínguez- se encontró en las últimas horas. También estuvo Guzmán. Hubo una pelotera entre todos.

Feletti, fastidiado, exclama en privado: “Si no bajamos los precios, no me va a defender ni C5N”. El secretario quiere reflotar vetustas ideas de Cristina: culpar a los empresarios del fracaso oficial para controlar los precios. Se trata de una estrategia que acumula muchos traspiés. Desde que empezaron los controles, la inflación no para de subir.

Cristina –como lo dijo Alberto el martes para complacerla– cree que la inflación aumenta porque hay un conjunto de empresarios malvados que conspiran.

Es la teoría progre y falaz de Axel Kicillof. Según esa visión conspirativa, hombres malos aceleran la inflación para perjudicar el proyecto de Cristina.

Por eso, el Gobierno prepara mayores controles, cepos y medidas de intervención.

Este viernes, la Casa Rosada anunciará la creación de fideicomisos para controlar el precio de la harina y el pan, y se dispondrá el congelamiento del kilo de pan y fideos. Este jueves a la noche estaba todo listo en el Boletín Oficial: a las cerealeras que no aporten, se les quitará el permiso de exportación.

El paquete también responde a una cuestión política estratégica: disimular el ajuste que este jueves se pactó con el FMI.

La movida es exagerar y sobreactuar las medidas contra las empresas para compensar y tratar de disimular las tasas positivas, la aceleración de la devaluación y el tarifazo muy por encima de lo que anunció el ENRE y el Enargas de Cristina.

La letra chica pactada con el FMI está lejos del relato que intentó –sin suerte– instalar Alberto.

El programa es de transición, pero obliga a hacer ajustes. Lo dice el propio “memorando de entendimiento”:

La reducción del déficit se hará con el tarifazo. En promedio del 40%, pero será del 20% a la propia tarifa social y muchísimo más para un sector de la población.

Nadie cree que se pueda cumplir la estricta meta de reducción de la emisión. Pero eso también es un torniquete recesivo.

Las tasas de interés serán positivas y el crédito, más caro para la producción y el consumo.

No habrá devaluación brusca, pero se acelerarán los mini-ajustes. Será un motor a la inflación y perjudicará los salarios.

Así, el acuerdo tiene un efecto político: derrite el relato kirchnerista. Por eso la bronca contra Guzmán.

Alberto tuvo –el martes- un fuerte cortocircuito con el ministro: le reprochó su lentitud para terminar la negociación.

La verdad, fue un papelón que el Presidente anunciara el acuerdo y que su texto todavía no estaba aprobado. Alberto lo destrató delante de varios funcionarios. Fue la comidilla de la Casa Rosada. Guzmán había cerrado el convenio en la madrugada del martes. Pero reabrió las cosas, por cuestiones burocráticas y asuntos menores.

Después, voceros inventaron un insólito relato de superhéroe: dijeron que Guzmán se puso intransigente por la redacción en español del convenio con el FMI. Una bobada.

El acuerdo nunca estuvo en duda. Clarín contó que el 27 de febrero el Tesoro le dio la orden a Kristalina Georgieva: cerrar con Alberto y así evitar que Argentina entre en un mayor desgobierno.

También Estados Unidos obligó a este préstamo puente para fortalecer a Alberto, frente a los embates de Cristina.

Este jueves a la noche, en la Casa Rosada se decía que ahora “Alberto se va a cortar solo”. El discurso del martes dio la señal contraria.

Cristina –además- tiene un pacto con Alberto. La vice sostendrá el silencio sobre el FMI y –a cambio- Alberto prometió evaluar con Cristina un nuevo Gabinete.

La vice quiere echar a todos los ministros de Alberto, incluido a Guzmán. El Presidente le dijo a su propia tropa: “Nadie se va”. La estrategia de dilatar del ministro no fue buena. A Guzmán la urgencia lo llevó a ceder y admitir muchas imposiciones de Julie Kozack.

Ya le había ocurrido con los hombres de negocios de Wall Street: al final Guzmán terminó pagando aquello que -inicialmente- querían los bonistas.

Arde la oposición

Mauricio Macri logró endurecer al PRO. Fue en la reunión del martes en su domicilio. Sus gurkas habrían decidido votar en contra del acuerdo con el FMI.

La extrema posición se activará en forma inmediata: ocurrirá en caso de que Máximo no avale la negociación con el FMI.

Luciano Laspina lanzó artillería pesada: “Este acuerdo no sirve para nada”. Y remató furibundo: “Nos va a dejar una herencia tremenda”. El expresidente aprovechó: “Esto es una bomba peor que la del 2015”. Macri sueña con volver. Marcos Peña reapareció. Es un intento de reforzar un equipo de asesores muy poco profesional que actúa por viejos rencores.

Mauricio, en la reunión, sorprendió a todos, cuando cuestionó a Martín Lousteau. Dijo que lo había defraudado, porque el martes no se fue del recinto.

Según el ex presidente, Lousteau fue quien generó y le propuso la idea de levantarse en bloque y marcarle la cancha a Alberto. Parece que la historia no fue así.

La cuestión provocó un duro contrapunto. Macri, el martes, reaccionó de inmediato contra el senador.

El ex presidente le envió un furibundo chat: “¡Trajiste la idea de levantarnos. Y vos te quedas sentado!”. Lousteau se irritó y escribió en su teléfono: “Porque vos y todos ustedes no saben coordinan ni una chota”. Macri habría acomodado el diálogo secreto que tuvo con Lousteau. En Los Abrojos –el sábado anterior– se encontró con cuatro economistas: Lousteau, Laspina, Ricardo López Murphy y Martín Tetaz.

Fue ahí donde Lousteau sugirió la idea de irse del recinto para incomodar y ponerle límite a Alberto. Ocurrió después de que el ex ministro se sinceró: “Es una situación delicada para nosotros, porque además vos, Mauricio, sos responsable de firmar el crédito”. Pero después nunca más se habló del tema y nada se coordinó entre los jefes de Juntos por el Cambio.

Ahora –parece– no hay marcha atrás. Y la cuestión complica la aprobación en el Parlamento: los votos están al límite.

También se puede dar una rara parábola: que el PRO y La Cámpora se unan para boicotear el acuerdo con el FMI.

Marcelo Bonelli

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