Miércoles, 06 Abril 2022 09:57

El laberinto argentino de la devaluación que atrae dólares, pero alimenta la inflación - Por Daniel Fernández Canedo

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El Banco Central aceleró la suba del dólar oficial y los dólares libres siguieron apuntando a la baja. El riesgo de corto plazo sigue enfocado en que se pueda espiralizar la inflación. 

El Banco Central dispuso devaluar más rápido el peso pasando de 3% a 4% el ritmo de aumento del dólar oficial. 

La decisión se corresponde con lo firmado entre el Gobierno y el Fondo Monetario Internacional respecto del compromiso de evitar que el tipo de cambio se retrase frente al costo de vida. Y con una inflación proyectada por encima del 50% para este año, el proceso de hace mucho más difícil.

El titular del Banco Central, Miguel Ángel Pesce, demostró tener clara la necesidad de cumplir con el Fondo en los primeros meses del acuerdo y actuó en consecuencia, pero también tiene en claro el riesgo que implica devaluar más rápido.

Si el aumento del costo de vida resultara en marzo de 6% como sostienen algunos pronósticos, la inflación del primer trimestre habría sido del 15% y prácticamente dejaría fuera de juego la meta de 48% prevista por el gobierno para todo el año.

Con 6% en marzo y un 4-5% en abril, la inflación debería ser de 2,5% mensual hasta diciembre para alcanzar ese objetivo. En el Banco Central dicen que esperan conocer el aumento del costo de vida de abril para decidir si suben o no la tasa de interés de referencia, que es otro de los puntos centrales del acuerdo con el FMI.

Esa tasa de referencia está en 44,5%, que da una tasa efectiva de 54,89% anual, un nivel inferior a la línea de la inflación que viene al galope y que el mismo Banco Central considera que se quedó corta frente a los pronósticos de suba del costo de vida para este año.

Pero ese posible incremento de la tasa de interés para tratar de aquietar la actividad y, por tanto, la inflación, se da de frente con el sensible problema de la acelerada suba de la deuda pública en pesos.

Dilema​

A modo de síntesis, cada punto que aumenta la tasa de interés de la política monetaria, los intereses anuales de la deuda se incrementan en $60.000 millones, el equivalente a 0,1% del PBI.

Así, el dilema del Central es si sube la tasa gana espacio para devaluar más rápido y favorecer la liquidación de dólares del segmento agro exportador, pero el costo será seguir ampliando la "montaña" de la deuda en pesos que tiene como resultado los $5 billones que están colocados por el Banco Central en Letras de Liquidez en el sistema financiero.

Esa tirantez tiene otra tensión implícita: si el Central sube la tasa de las Letras de Liquidez estaría contribuyendo, también a que el Tesoro tenga que pagarle más a los tenedores de pesos para conseguir financiamiento en el mercado local que, por otra parte, se constituyó en una fuente fluida de obtención de pesos.

A Martín Guzmán le fue bien en el primer trimestre en materia de conseguir financiamiento. El Tesoro logró financiamiento neto (arriba de los vencimientos de capital e intereses) por $600.000 millones, un monto que supera con comodidad los vencimientos del período.

Guzmán logró esos fondos ofreciendo en su mayoría bonos y letras atados a la inflación y por un período corto de tiempo: el 80% del stock de deuda en pesos se ajusta por la inflación y tiene un año de duración promedio.

Si apuran al dólar agitan la inflación y si, para contrarrestarla, suben la tasa de interés, se dispara el stock de deuda en pesos, con la doble amenaza de debilitar la cartera de los bancos que le compraron los bonos y contribuir a empinar un stock de deuda atado mayoritariamente a una inflación galopante superior al 50% este año.

Esa fotografía tiene como trasfondo un dato interesante y a favor del gobierno, que es haber logrado despejar en el corto plazo el fantasma de una devaluación.

A qué apuesta el mercado

El dólar blue en $196 pesos deja entrever la apuesta de los operadores del mercado por hacer el viejo y conocido "carry trade", que consiste en pasar las posiciones liquidez a colocaciones en pesos, en este caso a opciones indexadas por CER, apostando a la prolongación de la "pax" cambiaria que se consolidó después del acuerdo con el FMI.

Esa "pax" se explica en buena medida por la entrada de los dólares del Fondo, pero también por el buen ritmo de ingreso de divisas de los exportadores del campo al calor de los buenos precios de los granos y cereales en el mercado internacional, que se puede sintetizar en que la soja sigue arriba de los US$600 la tonelada.

Con los dólares del FMI y del campo, y el trasfondo del "carry trade", el gobierno de Alberto Fernández navega aún en el contexto de enfrentamiento interno de una coalición gobernante que no logró coincidir ni en el acuerdo con el FMI que le despeja el frente externo de vencimientos de deuda importantes por cuatro años.

Una brecha entre el blue y el dólar mayorista de 75% es un indicador de que la predilección por las colocaciones en pesos se prolonga, aun cuando está lejos de registrarse un vuelco de los inversores hacia los bonos en dólares que siguen golpeados (rondan los US$35) e indicando que el mercado descuenta la posibilidad de otro default hacia 2024.

En estos días, y como es habitual, la entrada de los dólares del campo serenan al mercado cambiario, pero en este caso la particularidad es que dentro y fuera del gobierno hay apuestas a que otra vuelta del shock inflacionario que se vive desde febrero aparezca otro diablo que meta la cola.

Daniel Fernández Canedo

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