Imprimir esta página
Domingo, 24 Abril 2022 12:44

Chocolates para Kristalina, una macro en busca de anclas y un impuesto imaginario - Por Enrique Szewach

Escrito por

La reducción del déficit fiscal, una emisión monetaria menos expansiva y la llamada política de ingresos, no están operando como preveía el programa con el Fondo 

Sigo el orden del título de esta nota. 

La directora gerente del FMI, mi querida amiga Kristalina Georgieva, declaró el jueves pasado respecto de la situación argentina que “el gran riesgo es la inflación”.

Al respecto, le paso un dato al ministro Martín Guzmán. Aprovechando que está en Washington negociando, le cuento que, a pocas cuadras de la sede del Fondo, unas diez más o menos, en la calle 18 al 1700 se encuentra “The Chocolate House”, una exquisita tienda, dónde le podría comprar a Kristalina chocolate por la noticia.

Fuera de bromas, me permito corregir a Georgieva.

Como le vengo contando desde que se firmó el acuerdo con el FMI, el gran riesgo no es la inflación. La inflación del 50-60% anual es parte del programa. El verdadero riesgo es que la tasa de inflación se acelere, sin el ancla del tipo de cambio oficial, que tiene que moverse “parecido” a la inflación, y con el descongelamiento previsto de los precios de los servicios públicos.

Y el problema es que las nuevas anclas que se diseñaron, es decir la reducción del déficit fiscal, una emisión monetaria menos expansiva y la llamada política de ingresos, no están operando como preveía el programa con el Fondo.

Mirando la situación fiscal, influyen, en primer lugar, los nuevos precios internacionales de las commodities y de la energía.

Es cierto que el Gobierno ha tenido rentas inesperadas por la mayor recaudación por retenciones y, paradójicamente, por la mayor tasa de inflación que la estimada para el primer trimestre, que infla más los ingresos tributarios y licúa más los gastos, pero no es menos cierto que los subsidios a la energía, si se sigue la trayectoria ya acordada, subirán en lugar de bajar, por el aumento en el precio del gas importado y que, adicionalmente, y para compensar el nuevo marco inflacionario, el Gobierno ha decidido un incremento ¿por única vez?, de los subsidios sociales y de las jubilaciones mínimas y ha cerrado una paritaria mucho más generosa con los empleados públicos,

No está claro, en el neto, si la meta fiscal se podrá cumplir, de aquí en más, más allá de alquimias contables sobre la forma en que se imputa la colocación de deuda indexada.

Puesto de otra manera. La meta fiscal es un número compatible con la emisión monetaria para financiarla. La sola percepción de que se dificulta cumplir con esos números, más allá de la creatividad de su registro, debilita fuertemente este supuesto ancla.

En este mismo sentido opera la política monetaria. Hoy estamos viviendo, en materia monetaria, con los efectos del plan platita de fines del año pasado. Cualquier “austeridad” presente, recién se reflejará en los próximos meses. Pero el mecanismo de transmisión de esa política monetaria a las expectativas y por lo tanto a los precios sólo tendrá efecto generando las condiciones para un menor nivel de actividad. La política monetaria, de cumplirse, opera, en este caso, dejando de “lubricar” la demanda y frenando la actividad económica. Menor crecimiento, es menor recaudación fiscal. Frazada corta, si la meta monetaria funciona como ancla inflacionaria, puede afectar la meta fiscal.

Y aquí entra en escena la política de ingresos.

Se suponía que el Gobierno iba a influir sobre empresarios y dirigentes gremiales para moderar las expectativas en las negociaciones salariales y en la fijación de precios.

Sin embargo, los acuerdos salariales del sector privado están pasando a ser trimestrales y se acuerdan tasas de incremento en línea con la inflación pasada y no en función de un eventual horizonte más calmo en el futuro.

Mientras tanto, la fijación de precios se ve claramente dificultada con las restricciones de acceso al mercado de dólares oficiales para la importación de insumos, y por la incertidumbre que rodea a la provisión de gas y gas oil en los próximos meses.

Y todo esto, en un contexto de debilidad política y de una interna de la coalición oficialista que no crea condiciones propicias para enmarcar estos acuerdos con autoridad.

Paso, entonces, al caso del impuesto imaginario.

Efectivamente, para congraciarse con el kirchnerismo duro, y recomponer algo de la unidad perdida, el kirchnerismo blando ha propuesto un impuesto a la renta inesperada de los sectores beneficiados por el “salto de los precios de la guerra”.

Lo recaudado por dicho impuesto -según lo anunciado, una sobretasa del impuesto a las ganancias- se destinará a financiar las compensaciones por única vez a subsidios y jubilaciones arriba comentadas.

Pero sucede que los nuevos precios inesperados, en el mejor de los casos, rigen desde fines de febrero de este año, de manera que las ganancias inesperadas recién se reflejarán en los balances que se cierren durante este año y cuya recaudación se concretará, mayoritariamente, durante el próximo año.

Es decir que el aumento del gasto de mayo y junio de este año se financiará, según lo propuesto, con lo que se recaudará en ¡¡el 2023!! (Spielberg un poroto).

En la práctica, ese mayor gasto se pagará con los ingresos inesperados del Gobierno ya ocurridos, es decir, el salto de la tasa de inflación y la mayor recaudación por retenciones.

Por supuesto que el Presidente no puede decir a los gritos “estamos ayudando a los pobres usando parte del impuesto inflacionario que ya les cobramos, carajo”, por ende, inventa un impuesto que no se sabe si finalmente existirá, porque necesita del apoyo de la oposición en el Congreso. Un impuesto imaginario para acercar posiciones al interior de la coalición y “apretar” a la oposición.

Finalmente, una reflexión institucional, “fuera de programa”.

En los últimos días ha estado en el centro del debate público, la composición del Consejo de la Magistratura.

Sin subestimar la importancia de dicho debate, me permito recordar que esa institución fue creada por la reforma constitucional de 1994, para mejorar la calidad de los jueces en la Argentina.

En ese sentido, y con todo respeto, con 20 miembros o con 13 miembros, con más representes de la política o con menos, a la luz de lo que sucede con la Justicia en la Argentina, el Consejo ha sido un fracaso.

Creo que, además de discutir su composición y representación, sus integrantes nos deben una explicación más profunda respecto a lo que está sucediendo con los nombramientos y destituciones de jueces.

Y este no es un tema alejado de la economía.

Como venimos insistiendo desde el IERAL de la Fundación Mediterránea, la Argentina necesita un verdadero cambio de régimen para atraer inversiones de argentinos y extranjeros, que recapitalicen al país, y generen empleo formal privado.

Dentro de ese cambio de régimen, la calidad y eficiencia de la Justicia en todos los ámbitos es un punto muy importante.

En síntesis, desde la macro, las “viejas anclas” no impidieron que la inflación supere el 50% anual el año pasado, y el verdadero riesgo es que las “nuevas anclas” no funcionen.

Enrique Szewach

Latest from Enrique Szewach

We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…