Domingo, 03 Julio 2022 11:55

Martín Guzmán había pedido más poder en Energía y en el Banco Central y terminó cayendo ante las duras críticas de Cristina Kirchner - Por Daniel Fernández Canedo

Escrito por

El ex ministro había emplazado al Presidente sobre el manejo de dos áreas estratégicas. Cuatro problemas lo hicieron saltar. 

Tres días antes de su carta de renuncia en twitter Martín Guzmán le había pedido al presidente Alberto Fernández asumir el control total de Economía. Energía y el Banco Central. 

Le dio 72 horas para esperar una respuesta que no llegó y en medio del discurso de la vicepresidenta en Ensenada apretó "send" y lanzó su renuncia. Tal vez, Alberto Fernández no le perdone nunca la forma elegida para despedirse.

Guzmán, que nunca controló la botonera total del área económica, había perdido margen de maniobra en los últimos meses desde que la vicepresidente le apuntó los cañones y la defensa de Alberto Fernández fue insuficiente como dique de contención para que el ministro pudiese, por ejemplo, subir las tarifas de la luz y el gas fuera del andarivel que le fijó el kirchnerismo.

La falta de espacio y de manejo quedó en claro en el texto de renuncia del ahora ex ministro proponiéndole al Presidente un "acuerdo político dentro de la coalición gobernante" y que su sucesor en el Palacio de Hacienda "cuente con el manejo centralizado de los instrumentos de política macroeconómica necesarios para consolidar los avances y hacer frente a los desafíos".

Ya con los dos pies afuera del gobierno le dice a Alberto Fernández que logre consenso político que centralice la toma de decisiones en el área económica. Interesante sugerencia, pero fuera del contexto de la feroz interna del oficialismo en la que la vicepresidenta sigue tumbándole ministros al Presidente.

Guzmán insistió en los últimos días, al igual que el Presidente, sobre la necesidad de bajar el déficit fiscal para tender hacia una estabilización de la economía.

Cristina Kirchner repitió, ayer nomás, que el déficit no es el causante de la inflación poniendo énfasis en que hay países que tienen un déficit fiscal con relación a su PBI mayor que la Argentina y, sin embargo, tienen una inflación más baja. ¿No será porque despiertan confianza y, por tanto, consiguen financiamiento para cubrir el déficit, a diferencia de lo que le pasa a la Argentina?

Guzmán no aguantó la pelea sabiendo que tendría que seguir poniendo la cara frente al Fondo Monetario Internacional por el déficit fiscal mientras la vicepresidenta insiste en que el problema núcleo de la inflación argentina no es el déficit fiscal sino el bimonetarismo peso-dólar que dispara los precios ante cualquier devaluación.

Hay por lo menos cuatro motivos que desembocaron en la renuncia sorpresiva de un ministro presionada al que el oficialismo castigaba y se mantenía como el principal garante de un acuerdo con el FMI que el kirchnerismo sigue fustigando a pesar de que implican más dólares en las reservas del Banco Central. ¿Quién será el que garantizará el acuerdo con Kristalina Georgieva?

Un motivo es que la inflación de junio podría haber superado 5% y eso daría por tierra, una vez más, el compromiso de que la inflación sería descendente después del salto de comienzo de año.

Que el aumento del costo de vida apunte a superar 70% este año está lejos de los logros que expuso el ministro en su carta de renuncia.

El otro problema, y que es muy serio, es que Guzmán había perdido la confianza del crédito público después que hace tres semanas dos organismos públicos, un fondo del Banco Nación y la ANSeS, salieron a vender bonos indexados por inflación, que hasta ese momento eran un instrumento que concentraba pesos y disminuía la emisión, y perdió la confianza de inversores que supusieron que Economía podía reperfilar esa deuda.

Guzmán lo negó, pero el daño estaba hecho y no subió la tasa de esos bonos como forma de agregarle atractivo para los inversores. El Banco Central se lo recriminó pero el ministro no escuchó el mensaje.

El tercer problema irresuelto fue que Guzmán nunca logró subir las tarifas de la luz y el gas para concretar una baja sensible del gasto en subsidios y así presentar las cuentas más equilibradas antes el FMI.

Quiso aumentarlas, la vicepresidenta por medio de Federico Basualdo, subsecretario de Energía, le dijo que no y se empantanó después en un esquema de segmentación tarifaria que todavía aparece en medio de una nebulosa incomprensible: nadie sabe cuánto será efectivamente el aumento que deberá afrontar.

El cuarto tema y punto neurálgico de discrepancia con Cristina Kirchner es el dólar y cómo operar el cepo cambiario. Más aún después de la denuncia del "festival de importaciones" que formuló la vicepresidenta.

La pregunta que está en el aire, y que debe haber ocupado buena parte de las tres horas de charla de la vicepresidenta con el economista Carlos Melconian, es cómo y cuánto debería devaluar el peso el gobierno para estabilizar el mercado cambiario por un tiempo.

El manual no escrito de la política económica diría que un gobierno sin poder como el de Alberto Fernández debería "sentarse" sobre las reservas del Banco Central consolidando el cuidado de cada dólar, pero, también lo dice aquel manual, eso puede durar un tiempo y la actividad económica sufrir mucho.

Cristina Kirchner le tumbó el alfil que para Alberto Fernández representaba Martín Guzmán. ¿Es previsible esperar que un ministro entrante debute con una devaluación?

Daniel Fernández Canedo

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…