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Miércoles, 27 Julio 2022 10:26

Del “¡Ah!, pero Guzmán” al show cristinista de cara a un posible ajuste en los próximos meses - Por Francisco Jueguen

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El Gobierno busca en la herencia y en nuevos fantasmas eludir responsabilidades políticas de su gestión económica en medio de una corrida cambiaria y la disparada de la desconfianza 

El relato popular ruso cuenta que el mandatario que abandona el poder deja tres cartas a quien lo asumirá y le aconseja que, ante los obstáculos que vaya encontrando su propia gestión en el poder, vaya abriendo los sobres. Allí obtendrá las sabias recomendaciones de cómo debe encarar su presidencia. Con el primer fogonazo, la primera carta dice: “Hable mal de mí; la culpa la tengo yo”. Pero, las cosas volverán a complicarse. Abra el segundo sobre. “Con las presentes estructuras no puede hacer nada. Hay que cambiarlas”, alecciona. Ante una nueva crisis, sólo queda el tercer y un último consejo: “Redacte tres cartas”. 

Low cost, la política argentina, es experta en el reciclado. Esa primera carta, para ganar tiempo en medio de la volatilidad criolla, se usa varias veces. Del “¡Ah! Pero Macri”, el kirchnerismo pasa ahora al “¡Ah!, pero Guzmán”, mientras ojea el segundo sobre con una reconfiguración política estructural ante medidas económicas superficiales en el marco de una corrida cambiaria que no encuentra freno, sólo pequeñas treguas.

En los pasillos de la Casa Rosada ya se habla de la herencia del exministro de Economía, Martín Guzmán. El déficit primario anual, dicen, estaría en un 4,5% anual del PBI cuando la meta del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es de 2,5% a fines de 2022. Dos definiciones al respecto: la primera, nadie presionó más al exministro a quemar la billetera que el kirchnerismo y el mismo Gobierno, abrumado por la vicepresidenta, Cristina Kirchner; segundo, ni el ex equipo de Guzmán, ni varios economistas privados creen que el déficit primario llegue a 4,5%; “es infundado”, dicen exfuncionarios que caminaron el Palacio de Hacienda; en el sector privado ubican al rojo primario cerca de 3,5%, o sea, incumpliendo la meta con el FMI, que ahora negocia Silvina Batakis.

Los números que dejan trascender en el poder son una puerta abierta, como esa que –con mal timing en política exterior– ofreció Alberto Fernández al presidente ruso Vladimir Putin. Son un significante vacío como antesala de un descalabro mayor del gasto (“un festival”, diría Cristina Kirchner) en el segundo semestre del año o la justificación de un profundo ajuste en ese período, generalmente más exigente en materia fiscal. En ese sentido, esos secretos a voces que llegan desde la cúpula del poder funcionarían como un mensaje interno al resto del Gobierno: se vienen “acciones dolorosas”, que, pasadas a números, significarían algo así como un ajuste real del gasto del 8%, tal como pidió el último staff report del Fondo semanas atrás. Tales minucias se definen en estas horas en Washington con Batakis y Kristalina Georgieva. Es una conversación de la que participa activamente el Tesoro de los EE.UU. a través de David Lipton.

Ni en el equipo de Guzmán dudan que se tomaron acciones en el primer semestre del año que ponen en duda el cumplimiento de la meta fiscal anual con el Fondo. Enumeran los adelantos de las paritarias, los bonos, los refuerzos de los programas sociales y la imposibilidad de recortar los subsidios económicos. Con “fórceps” y “contabilidad creativa”, el Fondo aprobó las metas del primer trimestre y “redibujó” las del segundo para que sean alcanzable. “El FMI no tendría problemas en el número; la clave es la tendencia”, explicaron.

Curiosamente, pese a los datos dramáticos que difunde la Casa Rosada, el último resultado fiscal de junio –el fin del segundo trimestre– del Ministerio de Economía, ya con nuevos inquilinos en el quinto piso, informó que el déficit primario fue de $800.681,4 millones (1,05% del PBI). Se están “cumpliendo la meta del primer semestre establecido en el Programa de Facilidades Extendida”, dijo la Secretaría de Hacienda.

La mirada cerca de Guzmán y los economistas

Cerca del exministro afirman que no hay muertos en el ropero. Señalan que la deuda flotante, controlada por el Fondo, “se mantiene estable”, que el gasto real se iba a desacelerar de 12% a 6% real y que se comenzaban a definir posibles ajustes en gastos de capital (obras), transferencias a provincias (hoy ya un superávit consolidado) y subsidios energéticos (a través de la impracticable segmentación). El gasto social, el más pesado, estaba calculado en el último decreto del Presupuesto 2022 con una inflación de hasta 62% (que los privados ven hoy en un 80%). “El gasto iba a tender a moderarse; a no crecer en términos reales”, explicaron sobre una posible licuación a futuro.

“El déficit bien contabilizado iba a estar en un 3,5% del PBI; un 2,5% ya era muy difícil”, explicó el economista Andrés Borenstein, de la consultora Econviews. “En junio (para la aprobación de la meta con el FMI) sí hubo mucha deuda flotante, en particular con subsidios. Se atrasaron con los colectivos y con la energía”, señaló el especialista, y cerró: “Nuestro cálculo de déficit primario ya tenía en cuenta que Guzmán iba a pisar las transferencias a provincias y la obra pública. El 4,5% es una exageración. Deberían seguir con los gastos en infraestructura de los primeros meses. Es verdad que Guzmán fue muy descuidado y también que probablemente hubiera sido más duro si lo dejaban”.

“El gasto te venía creciendo hasta mayo entre 12% y 14% interanual en términos reales. Era una barbaridad”, afirmó Guido Lorenzo, director de la consultora LCG. “Buena parte de eso eran prestaciones sociales, salarios y rubros, como transferencias a provincias. Eso se tenía que moderar en la segunda parte del año”, concluyó el especialista, que precisó que los ingresos, incluso los tributarios, crecían a la par del PBI nominal –actividad más inflación–. Esto último, básicamente, ayudaba a reducir el rojo si iba a la par de una moderación del gasto. Su estimación era de un rojo de 3,5% del PBI.

“Es cierto que le están exagerando la factura a Guzmán, que no es Guzmán, es el Gobierno. Él no hacía lo que quería, hacía lo que podía”, señaló Gabriel Caamaño, economista de la consultora Ledesma, que, sin embargo, no ahorra críticas al exministro de Economía. “Cuando se fue (Guzmán), el resultado fiscal estaba más cerca de 3,5% y eso con las rentas creativas adentro. Guzmán venía mal. Para que fuera 3,5% había que moderar el gasto. Y el dato de junio fue muy malo. Ya Guzmán había tenido que pedir más financiamiento monetario al Banco Central y había intentado, no elegantemente, acomodar con el FMI las metas comprometidas”, cuestionó el especialista, que no cree que las metas anuales del sendero fiscal acordadas con el Fondo se cumplan.

Mientras se define el ajuste fiscal, el show de la política sigue su curso. La primera de las cartas, aquella que delega la responsabilidad del conductor, no solo es reciclable en la Argentina; es enorme. En algún momento, entrará el “¡Ah, pero Alberto!”, pero, mientras tanto, se completa con otras fantasías del cristinismo: allí entran los “especuladores” del campo y se debaten marchas a La Rural y la ley de abastecimiento para los malvados dueños de los silobolsas; se critican a los “formadores de precios”, y se controlan y miden góndolas en supermercados; se insta a enviar a la policía en las “cuevas” para frenar al dólar paralelo y se analiza aprobar leyes para terminar con la indigencia con un reglamento. Como solía decir un famoso escritor argentino, para solucionar problemas, el Gobierno pone todo el pasado por delante.

Francisco Jueguen

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