Viernes, 26 Agosto 2022 10:06

Sergio Massa define este fin de semana medidas para tratar de evitar la devaluación - Por Marcelo Bonelli

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El ministro tiene cuatro propuestas en estudio y todas apuntan a fortalecer las flacas reservas del Banco Central. Viajará a Estados Unidos a buscar ayuda. Temen que la situación procesal de Cristina Kirchner la lleve a una reacción política que impacte en los mercados. 

Sergio Massa definirá este fin de semana el esquema cambiario, en medio de múltiples presiones por una devaluación de la moneda. En su mesa de trabajo tiene cuatro propuestas en estudio y todas apuntan a una cosa: fortalecer las reservas, sin tocar el dólar oficial. 

El ministro emprolijó las cuentas fiscales y despejó –por un año– los vencimientos monetarios. Pero tiene abierto ese urticante tema: sin fortalecer las reservas, nada puede ser duradero. En Wall Street esperan inmediatas definiciones y Massa sabe que se juega la vida.

Habló en la semana con Roberto Lavagna –su consejero en las sombras– y tuvo contactos con Cristina. Hasta ahora hay una sola cuestión decidida: no va a hacer un salto brusco del dólar. Carlos Iannizzotto lo interrogó en Coninagro. Fue directo: “Ministro, hay que hacer un shock devaluatorio”. Massa contragolpeó: “No esperen de este ministro un shock devaluatorio. Eso genera inestabilidad social”.

Pero después de ahí, puede pasar cualquier cosa. La discusión abrió una interna fuerte en el Frente de Todos y una pelea dura entre los chacareros. La Cámpora y también Axel Kicillof evitan comerse otros sapos. Ambos ya están indigestados por las ortodoxas medidas de Massa.

Máximo actúa –como su madre- frente a los suyos: protesta contra las cerealeras. Y Axel no quiere cancelar su relato y grita: “¡Basta de la patria sojera!”. Los viejos dogmas de ambos habrían postergado decisiones clave. Mientras, Miguel Pesce rasca la olla de las reservas.

Los planteos son infantiles y emulan increíbles caprichos de Cristina: la vice armó un desparramo contra Guzmán, que terminó en una crisis sin igual. La ofensiva de Cristina volteó a Guzmán y a Matías Kulfas. Pero metió a Alberto –y a ella misma– cerca del abismo económico.

Ahora, Máximo y Axel se hacen los pesados, pero solo objetan cuestiones menores. El dúo critica una propuesta de Cargill, Dreyfus, Bunge y Aceitera Deheza.

La cerealeras quieren un dólar-soja equivalente a un 60% del dólar comercial y un 40% billete Bolsa. Daría un valor de $ 200. A cambio, prometen abarrotar de dólares al BCRA.

Máximo y Axel pretenden otra fórmula. Luchan por un valor que surja de mezclar un 50% del dólar oficial y otro 50% del dólar solidario. La cuenta daría un valor algo similar: $ 190. Pero les permitiría mantener un relato para los suyos: el falaz argumento de que son progresistas.

El campo –a su vez- no ayuda: está dividido en cuatro posiciones. Cada sector quiere una mejor tajada y especula con la necesidad del BCRA. La actitud mete ruido. Massa está desorientado frente a tanto tironeo. En Economía acusan a todos de avaricia.

El ministro convocó a los suyos a Tigre. Les dijo: “No me voy a atar a ninguna locura”. El dólar-soja es una emergencia. Una solución excepcional para disipar la “corrida latente” de la cual hablan los informes de Manhattan. Pero su instrumentación es delicada. Su armado puede provocar una expectativa de futura devaluación.

Massa se juega mucho este fin de semana. Estarán con el ministro sus principales espadas: Leo Madcur, Lisandro Cleri y Gabriel Rubinstein. Rubinstein es un militante del desdoblamiento cambiario. El polémico funcionario se lo propuso al Instituto Patria, cuando elevó un plan económico para “limpiar” a Guzmán. Pero esa idea quedó archivada.

En todo caso, Economía llevará adelante una “administración cambiaria” no declarada con múltiples tipos de cambio. El ministro logró el apoyo de Cristina y eso se valora –por ahora- en los mercados.

El nombramiento de Rubinstein fue otra señal. Rubinstein también tuvo que pasar el filtro de Alberto. Lo había sacudido violentamente en las redes y en sus apariciones mediáticas. Alberto llamó a Roberto Lavagna: “¿Quién es este tipo?”. Lavagna lo tranquilizó: “Piensa como nosotros. Hacéle caso a Sergio”.

La vice cometió muchos errores políticos. Arremetió contra Martín Guzmán y ahora debió aceptar un alza de tarifas tres veces mayor al propuesto por Guzmán. Otra grosera equivocación de Cristina fue que tampoco avaló a Massa durante la crisis por la renuncia de Guzmán. Se perdió un mes y todo se hundió. Hubo –en ese momento- un diálogo clave entre Alberto y Cristina que frenó la designación en ese fatídico fin de semana.

Todo estaba encaminado para el nombramiento del nuevo jefe de Gabinete. En el ríspido diálogo entre Cristina y Alberto se encendieron alarmas. Era la tarde del domingo 3 de julio. Cristina interrogó: “¿Alberto, realmente vos confiás en Sergio?”. El Presidente encontró en esa pregunta el salvoconducto para frenar la “operación”. Aún soñaba con su proyecto de reelección.

La cuestión también se trabó por el entonces jefe de Diputados. En simultáneo hubo una reunión en Olivos: estaban Alberto, Massa y solo “albertistas” como Santiago Cafiero y Juan Manuel Olmos. Massa fue terminante: “Acá hay solo dos patas del Frente de Todos. Yo solo asumo si Cristina está en la bolsa”.

Recorte de poder

La pérdida de olfato de la vice le costó caro a la Casa Rosada: el BCRA perdió US$ 1.300 millones y el dólar escaló un 34%. En solo 24 días pasó a $ 321. También reflejó la reducción de poder que padece Cristina: entre sus equipos no tiene una figura presentable para liderar y armar un equipo económico.

Cristina conoce que Axel y sus perimidas ideas son ahora piantavotos y sin duda no resistiría un round con el mercado. Kicillof lo vivió en carne propia. Su pésima gestión en Economía terminó en una bomba de tiempo que –con su mala política- Mauricio Macri detonó. Ahora, Cristina lo pondera a Massa. Volvió sobre sus inquebrantables creencias y salió a buscarlo.

Cristina valora que exista una precaria estabilidad que le permitió atravesar este lunes con cierta normalidad económica, su peor momento político. La vice se exhibió sola frente a la dura condena que le pidió Diego Luciani. A su despacho –el martes- solo permitió el ingreso de Máximo y de Marcelo Funes. Ni siquiera dejó pasar a su “felpudo” Oscar Parrilli, y Wado de Pedro tuvo que trabajar a full en el armado de los apoyos políticos.

Cristina le sacó el jugo a los pocos –muchos de ellos rentados– militantes que la acompañaron. Saludó, largo tiempo, en el Congreso como si hubiera una masiva marcha de apoyo. Emuló a su archienemigo Macri: en la inauguración de su última Asamblea Legislativa – en medio del ajuste -no había nadie en la plaza y Mauricio saludaba como si hubiera una pueblada. Jaime Durán Barba y los trolls de Marcos Peña transformaron la ausencia en multitud.

Ahora, entre los poderosos grupos económicos existe intranquilidad por la reacción de la vice. Temen que su situación procesal la lleve a sobrerreaccionar y a golpear políticamente la precaria estabilidad de los mercados. Sus argumentos son maniqueos y pobres: habla de un complot contra ella y no responde a las acusaciones.

Massa está atento. Se juega dos semanas clave. Al ministro le gusta que lo comparen con Ricardo Caruso Lombardi. Lo hace Carlos Melconian en sus charlas privadas. Esta semana, en Tigre, reunió a sus íntimos. Lo hizo para insuflar ánimo. Massa afirmó: “Si zafamos del descenso económico, estamos en carrera”. Y remató: “Pero si juntamos muchos puntos, me tiro al campeonato mayor”. 

Marcelo Bonelli

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