Miércoles, 31 Agosto 2022 10:12

Sin devaluación, el Gobierno deberá demostrar cómo va a conseguir dólares - Por Daniel Fernández Canedo

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La incertidumbre cambiaria determina que la economía pague en términos de inflación una devaluación del peso que no se produjo. 

La difusión del "Plan Confidencial de Estabilización" que elaboró Gabriel Rubinstein a fin de julio, cuando no tenía previsto asumir como viceministro de Economía, sigue generando polémica y expectativas sobre posibles medidas inminentes. 

El contenido es importante, y la forma de difusión (Horacio Verbitsky en el Cohete a la Luna) despertó suspicacias sobre qué encumbrado hombre o mujer del oficialismo dejó filtrar una propuesta que sugiere la necesidad de una devaluación de 50% como núcleo de un plan para contener una inflación de 90% anual.

El documento propone: "Una completa y creíble eliminación del déficit fiscal primario, mejoras en el sistema cambiario, con desdoblamiento parcial del mismo, de modo que el BCRA pueda ir acumulando reservas, devaluación del orden del 50%, aumentos salariales y de precios más importantes alineados con la suba esperada del índice de precios al consumidor en función de las devaluaciones (y subas de tarifas) que cabría esperar".

En pocas palabras, Rubinstein proponía frenar la inflación aplicando un salto cambiario para después dejar quiero al dólar por un tiempo para, posteriormente, indexarlo como se había propuesto en el inicio de su gestión el ahora ex ministro Martín Guzmán.

Eliminar el déficit fiscal (sin tener en cuenta el pago de intereses de la deuda), subiendo las tarifas, devaluar aplicando retenciones y subir los salarios implicaría, en la visión que tenía el viceministro (tenía porque después en un mensaje de audio que se viralizó negó cualquier posibilidad de devaluación "inminente"), ir a un ajuste por otro camino del que se viene produciendo, que es vía lo que los economistas denominan "impuesto inflacionario"

El impuesto inflacionario consiste básicamente en el que paga toda la población, y muy palpablemente los habitantes con ingresos fijos, por el retraso en el ajuste frente al aumento de los precios.

Para el Tesoro, el negocio es bastante redondo ya que cobra impuestos engordados, en este caso por una inflación anual de 90%, mientras los gastos, por ejemplo, las jubilaciones y pensiones o los planes sociales, se ajustan cada tres o más meses.

Precisamente, en su informe el ahora viceministro sostenía que "sólo de origen fiscal, se pagan hoy unos $2.300.000 millones de impuesto inflacionario, aproximadamente 3% del PBI".

Y agregaba "si ese pago recayera en forma pareja entre los 34.000.000 de electores del padrón electoral, implicaría que cada votante estaría pagando $5.600 por mes en concepto de impuesto inflacionario".

La incertidumbre cambiaria actúa como trasfondo a pesar de que, desde su asunción como ministro de Economía, Sergio Massa consiguió cierta estabilización del mercado cambiario.

En el arranque de su gestión, anunció el ingreso inminente de US$5.000 millones por liquidaciones anticipadas del sector agropecuario que están llegando muy pausadamente, el Banco Central logró 14 jornadas consecutivas comprando dólares aunque el saldo de agosto volverá a ser negativo.

La cantidad de dólares para importar energía está bajando sensiblemente y este mes no llegaría a US$1.000 millones, cuando en julio fue de US$2.200 millones, y aunque los productores siguen liquidando a su ritmo, en el gobierno creen que la estabilidad cambiaria sólo llegará cuando el Central pueda mostrarse como claro comprador.

Una de las batallas que este mes ganó Miguel Pesce es la del dólar futuro.

El Central terminará agosto esterilizando unos $16.000 millones como resultado de las operaciones de dólar futuro de personas y compañías que buscaron cobertura ante una devaluación que no llegó.

Sin devaluación y con una inflación que terminaría cercana a 7% en agosto, en el equipo económico empiezan a analizar la posibilidad de volver a subir la tasa de referencia (está en 69,5% anual) para alentar a los ahorristas a quedarse en pesos mientras el dólar siga calmo y si le creen a los funcionarios sobre que no habrá una devaluación.

El Gobierno tiene un argumento contundente al decir que no devaluará: los técnicos calculan que un salto del dólar oficial de 40% generaría en el primer mes un aumento del costo de vida del orden del 15%.

Un problema clave, entonces, sigue focalizado en cómo bajar la brecha entre el dólar oficial mayorista de $138,60 y el "contado con liquidación" o libre de $301.

Con una brecha cambiaria de 117%, el escenario se congeló en productores de granos que dosifican la venta de sus productos a la espera de un dólar mejor y, por el otro, las empresas y el comercio que a la hora de valuar sus costos lo hacen al dólar más alto.

La incertidumbre sobre si el esquema del dólar será estable determina que la economía pague en términos de inflación una devaluación del peso que no se produjo.

¿Subirán las tasas para alentar a los tenedores de pesos a que no vayan al dólar? Es una posibilidad, pero la capacidad de absorber pesos excedentes que tiene el Banco Central (hay más de $7,5 billones depositados en sus arcas) también estaría llegando a un límite a pesar de que la inflación anual de 90% lo disimule.

Daniel Fernández Canedo

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