Viernes, 09 Septiembre 2022 09:54

La trastienda de la misión de Sergio Massa: pedirá indulgencia al FMI - Por Marcelo Bonelli

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La Casa Blanca no quiere turbulencias y mandó una señal con el crédito especial del BID para fortalecer las reservas. Pero las dudas persisten. 

Sergio Massa pedirá a Kristalina Georgieva indulgencia y una clave definición política. Ocurrirá el lunes en la cumbre de Washington: que el FMI confirme que las metas van a ser aprobadas. 

Este jueves lo dijo en la intimidad de la gira: “El FMI debe decir que las cosas andan bien”.

Massa -para eso- pidió ayuda a sus amigos de la Casa Blanca y antes tendrá un encuentro crucial: con David Lipton, el mandamás del Tesoro sobre Argentina.

Martín Guzmán, antes de su explosiva renuncia, dejó los números en línea, pero dibujados. El ex ministro utilizó una grosera cosmética contable y fraguó operaciones para fortalecer –por unos días- las reservas: el BAPRO le prestó US$ 200 millones y el BNA otros US$ 300 millones.

Ilan Goldfajn, el director del Hemisferio Occidental, tiene todos los detalles. El equipo técnico del FMI ya hizo una protesta formal y el venezolano Luis Cubeddu la tradujo al porteño: “No somos boludos”.

Goldfajn temía que las cosas fueran peor. En su viaje, Silvina Batakis le expuso un cuadro demoledor. La efímera ministra se confesó en Washington: “Las cuentas fiscales están desquiciadas”.

Washington hará la vista gorda por el pasado reciente. Pero la presión –en estos duros días de negociación– está puesta en el futuro. El FMI –y por lo tanto la Casa Blanca y el Tesoro– quieren saber una cosa concreta: cómo hará Massa para enderezar la economía y qué pasará con la política en Argentina.

En otras palabras: cómo evitarán que las ideas alocadas de Cristina, las peleas domésticas y la inacción del Gobierno no vuelvan a hacer explotar el billete.

El jefe de Hacienda aprobó en las reuniones con la Casa Blanca. Aprovechó su pasada relación con Jake Sullivan, Juan González y Mike Pyle. El trío conforma la máxima autoridad en el Consejo de Seguridad de EE.UU. para América Latina.

Son la voz del presidente de los EE.UU. La troika se siente a gusto con las ideas de Massa.

En esos encuentros -fueron dos y dos cenas– Massa hizo un pedido concreto: el apoyo de EE.UU. para ablandar al descreído directorio del FMI y a Kristalina.

También explicó cómo pretende estabilizar la economía para permitir llegar –sin severos contratiempos- a las elecciones del 2023. La Casa Blanca no quiere turbulencias. Sullivan lo repitió en privado: “Queremos apuntalar a la Argentina”. La primera señal –en esa dirección- fue el crédito especial del BID para fortalecer reservas.

El lunes se difundirán en Washington las conclusiones de la investigación sobre el affaire de Mauricio Claver-Carone. Tiene una relación prohibida con su jefa de asesores Jessica Bedoya y lo acusan por malversación. Afirman que el dictamen le permitirá seguir como jefe del BID, pero quedará tocado en Washington.

Así, la dupla Alberto-Cristina se abraza a los propios cucos que ambos crearon con un infantil relato. La vice quiere sobrevivir y Alberto, hacer pie. Ahora ese duro relato se evaporó: ambos se apoyan claramente en Washington y las cerealeras para evitar el abismo.

La Casa Blanca va a apoyar en el FMI y el campo aportó millones de dólares para salvar al BCRA. Un pulmotor para Miguel Pesce.

El factor Cristina

Las dudas, de todos modos, persisten en el exterior. En las reuniones con los empresarios siempre aparece el tema político del Frente de Todos. Los capos de las multi quieren saber lo siguiente y preguntan: “¿Cristina va a ser candidata a presidente?”.

Massa tira la pelota a la tribuna: afirmó en un encuentro privado que nadie le preguntó ese tema. Antes de viajar, en la Argentina también lo atosigaban con la cuestión. En Buenos Aires responde así a muchos dueños del dinero: “Ella no quiere. Me dijo que no. Y lo repite siempre”.

Máximo no opina lo mismo. Quiere empoderarla y buscar un paraguas protector frente a la debilidad de La Cámpora: Cristina fue incapaz de formar dirigentes potables para la sociedad y Máximo sabe que sin su mamá no tiene ningún destino.

Cristina sufrió un grave y condenable atentado. Por suerte está con vida. Pero el propio Instituto Patria –y las marionetas de la vice– rebajan y desacreditan el gravísimo hecho: son tan minúsculos que usan el atentado para intentar recrear la mística perdida entre los gurkas del kirchnerismo. Hasta ahora hay una sola cosa clara: la Justicia no vinculó a los atacantes con ningún grupo.

Dólares y oxígeno​ del campo

El campo le salvó la ropa al Gobierno. El acuerdo del dólar-soja fue una dosis de pragmatismo de Massa. El ministro se jugó, en medio de una interna fuerte. Axel Kicillof se oponía a los gritos: “Basta con la Patria Sojera”.

​Axel –después– mandó a varios a cuestionar la decisión: acusa que generó una transferencia a favor de las cerealeras por $ 300.000 millones. El mismo monto que recaudó el impuesto a los ricos que inventó Máximo.

Los sapos son difíciles de digerir para Axel y Máximo. En verdad, la medida tiene múltiples interrogantes. El principal desafío es que no genere una futura expectativa de devaluación. ¿Cómo se hará para retrotraer el precio del billete a partir de octubre?

Algunos afirman que este tipo de cambio diferencial constituirá el eje de la política cambiaria. El equipo de Massa evalúa un desdoblamiento cambiario para el turismo y artículos suntuarios: en 45 días podría haber novedades.

Por ahora, la medida permitió tranquilizar el mercado de cambios. Massa no tuvo el aval público de la Mesa de Enlace. Clarín confirmó que la cúpula tuvo una reunión secreta con Massa. Fue el miércoles, antes de los anuncios y en Economía.

El ministro les anticipó: “Esta es una medida excepcional y de emergencia”. Hizo alusión a que no había dólares en el BCRA y –también– que, de no tomarse de inmediato, la corrida cambiaria latente podría volver a activarse.

Carlos Iannizotto fue el único que le dio un fuerte respaldo: “Es un parche, pero nosotros apoyamos”. Carlos Achetoni protestó y Jorge Chemes volvió a pedir una devaluación: “Esto se arregla con un shock devaluatorio”.

Nicolás Pino fue más sincero. Directo, afirmó que no podía acercarse al Gobierno, porque tenía una inmediata y dura elección en la Sociedad Rural. Pino desplazó a Daniel Pellegrina acusándolo de blando.

Ahora existe una lista más dura que acusa de dialoguista a Pino. Se preparan para la guerra frontal: se trata de la dupla que integran Alejandro Ferrero y Mercedes Lalor. La dirigente irrumpió con su intransigencia en el conflicto de la 125.

También hay elecciones en la FAA. Achetoni habló de que no quiere dar pasos en falso y comprometer su reelección. Eduardo Buzzi y el kirchnerismo lo quieren desbancar.

Massa escuchó paciente. El ministro propuso que el encuentro se mantenga en secreto para no afectar a ningún dirigente. Pino y Achetoni fueron los primeros en suscribir la idea. Igual, la Mesa de Enlace enfrenta serios desafíos: es indudable que los socios de las cuatro entidades adhirieron a la medida y liquidaron parte de la soja retenida.

Ahora se viene otra batalla: la tasa de interés. Hay una pelea fuerte entre Pesce e Ignacio de Mendiguren. Pesce se entusiasmó con las subas. Quiere volver a elevar la tasa. El secretario de Industria responde con un misil. En privado dice: “En el BCRA están locos”.

Marcelo Bonelli

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