Domingo, 18 Septiembre 2022 09:13

Vienen 90 días de cepo cambiario más estricto después del dólar soja - Por Daniel Fernández Canedo

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A fin de mes termina el dólar a US$ 200 para los productores y Sergio Massa necesita acumular reservas para cumplir con el FMI. 

El proyecto de Presupuesto 2023 que presentó el gobierno contempla la posibilidad de blanquear dólares para adquirir inmuebles usados. 

El ministro Sergio Massa le dijo a las automotrices que necesita que restrinjan al máximo la importación de autos de alta gama en la segunda parte del año y a fabricantes de productos electrónicos que reduzcan entre 25 y 30 % las importaciones.

En una encuesta elaborada por la Unión Industrial Argentina el 74% de los fabricantes aseguró que tuvo inconvenientes para importar insumos y otro 70% los tuvo para realizar pagos en divisas.

Massa aprieta el cinturón cambiario en el entendimiento de que la sequía de divisas después del ingreso anticipado que representó el dólar soja será muy severo.

El diagnóstico oficial indicaba que la tensión cambiaria cedería este mes por la disminución de la necesidad de importar energía, pero la demanda por turismo y gastos de tarjeta en el exterior le jugó una mala pasada al Banco Central.

Hasta ahora la decisión de Massa de encarrilar el acuerdo con el FMI en el intento de estabilizar la situación financiera logró calmar las aguas y mejorar la expectativa de cortísimo plazo, pero alguno de los objetivos a lograr aparecen lejanos.

Previo al dólar soja, las reservas netas del Central estaban en US$ 1.500 millones y ahora rondan los US$ 3.200 millones. Un fortalecimiento importante, pero que queda a mitad de camino de la meta de US$ 6.400 millones del acuerdo con el Fondo para fines de septiembre.

Los operadores confían en que ni el gobierno de EE.UU. ni el FMI serán estrictos con ese incumplimiento ya que Massa se comprometió a reducir a 2,5% del PBI el déficit primario y a no emitir para financiar al Tesoro. Desde ya que la última palabra la tiene Kristalina Georgieva: el resultado de alguna de las gestiones del ministro en EE.UU. de la semana pasada saldrá a la superficie.

También empezó a quedar más claro, a partir del dato de suba de 7% del costo de vida en agosto, que la Argentina ingresó en un nuevo régimen inflacionario en el que las subas mensuales oscilan entre 6 y 7%, muy lejos de los guarismos de 3/4% de comienzos de 2022.

Inflación de 7% en un mes y de 78,5% en un año, sin aumento de tarifas y sin una devaluación amplia, llevó a Massa a aplicar la mayor suba de tasas de interés en mucho tiempo: 15 puntos anuales en solo un mes demuestran la necesidad de poner algún freno financiero a la inflación y al dólar después del largo camino alcista recorrido.

Con la tasa de las Letras de Liquidez en 75% anual (también rige para los depósitos a plazo fijo menores a $ 10 millones) el gobierno busca sacar pesos excedentes, encarecer los créditos y restarle demanda al dólar blue.

Esa tasa de 6,2% mensual es alta pero corre de atrás a la inflación y una pregunta es si le ganará al dólar oficial que este mes viene creciendo en torno de ese ritmo.

Atado a su compromiso de no devaluar 30%/40% de una vez, Massa tomó la decisión de generar una política de parches dejando actuar a la inflación como instrumento de ajuste del gasto público mientras pueda mantener cerrado el grifo de dólares para el pago de importaciones.

Un informe de la consultora ABECEB calcula que ese ajuste, hasta ahora, representa "1,07% del PBI y el mayor aporte lo harán los impuestos. Los adelantos de ganancias y la recaudación adicional por el dólar soja contribuyen con 0,567% mientras que la mayor recaudación por inflación aporta 0,2%".

Por el lado del gasto, concluye el trabajo, la suba de tarifas y los recortes presupuestarios "colaboran con 0,3% del PBI".

Lejos de un plan de estabilización, la gestión de Massa se consolida en el sendero de reglas de juego móviles y conversadas con un objetivo fuerte y concentrado: conseguir y ahorrar dólares para mostrar que las reservas del Banco Central serán suficientes para evitar una baja sensible de la actividad económica y otro salto de una inflación que ya se proyecta a tres dígitos.

Daniel Fernández Canedo

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