Miércoles, 05 Octubre 2022 12:35

El dólar oficial y la emisión aceleran a fondo mientras la inflación hace el ajuste – Por Daniel Fernández Canedo

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La divisa se suma a la ola de indexar todo al 7% mensual. Los pesos para comprar el dólar soja y lo que nadie en el gobierno va a admitir: la inflación sirve para licuar el gasto público. 

En su reclamo público a Sergio Massa, la vicepresidenta Cristina Kirchner mostró su preocupación por que las empresas de la alimentación habían aumentado sus márgenes de ganancias en los últimos meses. 

El viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, había validado la opinión de la vicepresidenta pero responsabilizó al gobierno por ese resultado.

Para Rubinstein las empresas ampliaron sus márgenes ante la incertidumbre que generaba el propio gobierno por mantener una brecha cambiaria superior al 100% durante mucho tiempo.

Para Economía una distancia entre el dólar oficial y los libres del orden del 100% es fuente de incertidumbre e inestabilidad debido a que las empresas no pueden prever a qué precio deberán comprar los dólares para pagar sus importaciones.

Sergio Massa asumió bajo el compromiso de no devaluar, pero los mercados desconfiaban sobre si podrá cumplir su palabra. El dólar soja, aumentando 40% el precio de liquidación, le dio la razón a los dos, pero ahora el Banco Central tiene más reservas.

La demanda de estabilización de una crisis que se desató el 3 de julio con la renuncia de Martín Guzmán (para el gobierno ahora es mala palabra) encontró respuesta en los US$ 8.123 millones que fue la liquidación de divisas del sector agroexportador.

Con más dólares en las reservas (el BCRA compró US$ 4.968 millones en septiembre) el Central empezó a apurar el ritmo de aumento del dólar oficial en el doble intento de evitar que se siga atrasando frente a la inflación y buscando achicar la brecha ante un dólar blue más tranquilo.

Así el mes pasado el oficial aumentó 6,3% y en un día de octubre el ritmo mensual subía a 6,7%.

De esta manera, el dólar oficial se suma a la ola de indexar todo al 7% mensual que se presenta como el nuevo y lamentable piso de la inflación en la Argentina.

Siguiendo la regla de Rubinstein: si la devaluación frente al dólar oficial va al 7% y hay incertidumbre sobre el ingreso de dólares de exportación en los próximos meses, ¿por qué van a bajar la brecha cambiaria y la inflación?

Una respuesta que no dará el gobierno es, tal vez, porque la inflación es la fuente de licuación del gasto público. En otras palabras, básicamente, de las jubilaciones, los planes de asistencia social y los salarios del sector público. Todo lo que pierde en la carrera contra la inflación.

Las paritarias

Las tensiones por los aumentos salariales van en aumento con gremios poderosos, como los bancarios con mejora de 94% o los trabajadores del neumático que terminaron con mejoras cercanas a 100% después de un largo conflicto, y apuntan a caracterizar el clima social de las próximas semanas.

Como dato vale recordar que actualmente los conflictos laborales son el doble que hace un año atrás.

Hoy (dato de ABECEB) hay 585.000 obreros involucrados cuando en agosto de 2021 eran 199.000 y los días de trabajo perdidos fueron 40 contra 19 de un año atrás.

La puja salarial, la aceleración del dólar oficial y la política de ir devaluando con gotero en función de los sectores que puedan anticiparle divisas al gobierno se enmarca en un contexto en el que la cantidad de pesos es muy fluido.

Tanto el Banco Central como el sistema financiero se encuentra jugando en un círculo cerrado en el que el gobierno emitió más para comprar los dólares a $ 200 de la soja pero a la vez tiene que esforzarse en absorber los pesos sobrantes para que no se vayan a la compra de dólares y, por consiguiente, trate de evitar un aumento de la brecha cambiaria.

La colocación de Letras de Liquidez y las operaciones de pase que realiza el Banco Central en el intento de sacar pesos del mercado forman parte de los "pasivos monetarios" del BCRA que en la actualidad representan $ 8,5 billones.

Esos pasivos por $ 8,5 billones se actualizan al 6,5% mensual que contribuyen a generar la verdadera "montaña" de pesos que actúa como la base de sustento de la inflación apuntando al 100% este año.

Para el gobierno la deuda que representa la montaña de Leliqs no constituye un problema tan serio porque, en términos de su relación con el PBI, está lejos de alcanzar el mayor nivel de lo que se conoce como deuda "cuasi fiscal" que es la del Banco Central. Un consuelo estadístico y leve.

Con las últimas dos subas de la tasa de referencia (está en 75% anual) la emisión por el déficit cuasi fiscal implica emitir $ 500.000 millones por mes, el doble del déficit fiscal primario del Tesoro de agosto que alcanzó los $200.000 millones.

Después del dólar soja y aún con la tensión que genera el nuevo rango inflacionario, los analistas y agentes económicos esperan pocos cambios de la táctica "lo vamos viendo".

Una de las conclusiones de la consultora Equilibra (Diego Bossio, Martín Rapetti) sostiene: "Asignamos mayor probabilidad a una estrategia de 'no innovar que a la de ensayar un plan de estabilización. Sin cambios relevantes, la estanflación se mantendría impulsando un giro hacia una política más expansiva en segunda mitad de 2023".

Y concluye: "Vemos dos obstáculos: el FMI y, sobre todo, crecientes tensiones cambiarias y financieras".

Tal vez por eso se entiendan los reaseguros que toman los distintos jugadores de la economía.

Daniel Fernández Canedo

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