Domingo, 06 Noviembre 2022 03:49

Los riesgos de coquetear con la híper y la sensibilidad de la deuda en pesos - Por Daniel Fernández Canedo

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La señal de advertencia que dejó el viceministro de Sergio Massa en su paso por el Senado. 

El viceministro de Economía alertó a los senadores en una reunión de comisión sobre el Presupuesto 2023: "Estamos coqueteando con la hiperinflación". 

Gabriel Rubinstein tiene experiencia en dejar pasmados a los legisladores. Les advirtió que, sin un ajuste fiscal que haga creíble la sostenibilidad del esquema económico, no habrá chances de bajar seriamente la inflación del altísimo nivel de 100% que va camino a alcanzar este año.

El mensaje es claro al punto que el ministro Sergio Massa sólo atina a prometerle al oficialismo que bajará la inflación a la mitad (que seguiría siendo altísima) para después de mediados del año próximo.

Sus compañeros del Frente de Todos no tienen reproches porque creen que no hay en el oficialismo otro jugador que pueda darles lo que Massa viene intentando: conseguir los dólares que les permita terminar el mandato sin una devaluación importante que desate otra hiperinflación.

Con una estrategia de pico y pala, el ministro está demostrando, y se lo dice a los empresarios a los cuales le pide armar un plan de 90 días para atenuar la suba en una canasta de productos de primera necesidad, que está dispuesto a mucho antes de devaluar.

Aumentar el dólar para la liquidación de exportaciones (dólar soja), subir el dólar para que liquiden con ventaja los turistas extranjeros (dólar turista), encarecer el dólar para los argentinos que viajen al exterior (dólar Qatar), pisar el pago de importaciones (sistema SIRA), postergar los pagos de importaciones (calculan US$ 8.000 millones de atrasos) y el nuevo desdoblamiento cambiario que implica que las empresas puedan importar con sus dólares (valuados en general a $ 300 y no a $ 157 como es el oficial) forman parte del Frankenstein cambiario que viene edificando el gobierno.

Con ese esquema en franco desarrollo hay dos preguntas que los consultores de empresas reciben con insistencia en las últimas semanas: 1) ¿cómo destrabo una importación trabada? y 2) ¿dada la incertidumbre en el mercado de pesos, ¿cómo me cubro?

A la primera pregunta la respuesta es indeterminada, a menos que se presuma tener algún contacto en lo que se suele conocer como una solución de idiosincrasia típicamente argentina.

Pero con lo que ya se considera una certeza: de ahora en más será extremadamente difícil para los importadores conseguir dólares oficiales a $ 157 para cancelar una deuda con el exterior.

La respuesta a la segunda pregunta se hizo más difícil en las últimas semanas a raíz de movimientos en el mercado de pesos al que el gobierno empezó a prestarle atención por el nivel de importancia que reviste.

Un eslogan financiero de los operadores es que lo relevante para un gobierno es la deuda en dólares porque el financiamiento en pesos se consigue aún cuando se lo tenga que pagar más caro.

Ese concepto viene mostrando turbulencias a raíz, precisamente, de que fondos comunes de inversión, empresas, bancos y particulares empiezan a pensar en cómo cubrirse mirando el electoral 2023.

Los vencimientos de deuda en pesos del año próximo equivalen a unos US$ 25.000 millones y, si bien el gobierno no le asigna peligro por considerar que los podrá refinanciar, hay algunas señales para tener en cuenta.

Al Tesoro se le hace difícil colocar bonos que venzan en 2024 y las letras y bonos indexados, que constituyen el as de espadas para conseguir financiamiento, tienen que pagar tasas más altas para los plazos más largos por el temor de los inversores a una reprogramación.

Lo que se conoce como déficit cuasi fiscal (el que se genera en el Banco Central por la colocación de letras y pases para sacar pesos del mercado) está en $9 billones que genera el pago mensual de $580.000 millones por intereses, o sea más de dos veces y media el déficit fiscal mensual del Tesoro.

Para muchos economistas, el nivel del cuasi fiscal no es un problema serio porque lo licua la inflación, pero el nivel y la dinámica que demuestra en términos de necesidades de emisión es un riesgo latente que muchos bancos no están tentados de financiar.

Los bancos sacan cuentas y entre los encajes y las letras y bonos del Estado que tienen en sus carteras evalúan que su exposición al sector público resulta muy elevada.

Por ahora, las ventas de bonos en pesos encontraron comprador en un Banco Central que aparece dispuesto a ponerle el pecho al mercado. Otra pregunta es ¿hasta cuando?

Los bancos piensan una salida a la dependencia de los bonos públicos y el exceso de pesos en las carteras y le propusieron al gobierno la implementación de préstamos para proyectos estratégicos a una tasa de 70% anual ante una situación financiera muy particular: las empresas no quieren endeudarse y la demanda de crédito está por el piso. No estarían proyectando un futuro promisorio o ¿será que no saben qué hacer con el exceso de pesos?

Por último y un signo claro de las consecuencias de la Argentina de los controles y la escasez se demuestra en el nivel de sobreprecios que se pagan por la falta de productos, o partes de productos, importados. Las concesionarias de autos 0KM le prenden todos los días una vela a Matías Tombolini para que continúe con su política.

Daniel Fernández Canedo

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