Miércoles, 18 Diciembre 2019 21:00

El ministro mostró las cartas y empezaron a aparecer medidas - Por Martín Tetaz

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De la expectativa de un gobierno que venía a prender la economía, inflando el gasto y dándole a la maquinita, no quedó nada. Habló Martin Guzmán y aunque no dio números ni medidas concretas dijo mucho.

 

La primera definición importante es que el país necesita converger a un superávit fiscal y externo compatible con los pagos de deuda a los que se comprometa en la reestructuración que el gobierno busca que esté terminada en marzo.

Esto quiere decir que, si logra no pagar intereses ni capital por dos años, necesitará un superávit equivalente a la diferencia entre la tasa de crecimiento promedio de la economía y el monto de intereses a honrar cada año. Me explico con un ejemplo; para que el ratio deuda/PBI no crezca, es preciso que la deuda en todo caso aumente lo mismo que lo que crece la economía.

 

Si por ejemplo se estima un crecimiento promedio del PBI en torno del 2,5% y se consigue reprogramar intereses de suerte tal que representen 4,5% de la deuda, para que el ratio no se deteriore necesitamos un superávit primario que permita cubrir el 2% de la deuda. Lógicamente, cuanto mas bajo sea el flujo de pagos que se consiga negociar, menos probable es que Argentina vuelva a tener una crisis de deuda en los próximos años y entonces menor será el riesgo país y más bajos serán los intereses por pagar, cada vez que se cambie deuda nueva por deuda vieja.

Por lo tanto, menor sería el superávit necesario. Pensemos que los países de bajo riesgo, como los europeos, que se financian a tasas del 0%, pueden darse el lujo de tener déficits sistemáticos, similares a la tasa de crecimiento de sus economías, porque si aumenta su deuda un 2% pero su PBI sube en la misma cuantía, el ratio de sostenibilidad queda inalterado. Quiere decir que, si bien no va a haber una política de ajuste del gasto en 2020, tampoco va a haber una expansión que ponga en riesgo el equilibrio de las cuentas públicas hacia delante.

Dólar alto, retenciones y sustitución de importaciones

En segundo lugar, como los que nos prestan también miran nuestra capacidad de conseguir los dólares para hacer frente a los pagos, no podemos darnos el lujo de que se atrase el dólar, que en tantos momentos de la historia económica ha sido utilizado como ancla para frenar la inflación y recomponer las expectativas de los consumidores. “converger al superávit externo” quiere decir tipo de cambio real alto, o mecanismos que potencien la oferta y restrinjan la demanda de divisas.

En otras palabras, si el gobierno desdobla el mercado del dólar y restringe los dólares más baratos solo para comercio exterior, puede tener los beneficios de una apreciación moderada de nuestra moneda y al mismo tiempo conseguir superávit externo. Ese desdoblamiento puede ser formal, o con impuestos al turismo y cepo al atesoramiento, como parece que va a ocurrir.

En terreno más opinado entra la heterodoxia de la sustitución de importaciones a la que se refirió el Ministro de Producción, porque la protección del sector que compite con las importaciones genera incentivos para poner recursos allí y no volcarlos a actividades de exportación. El sesgo antiexportador ha sido la constante de los últimos 80 años de historia económica y una de las principales razones por las cuales sistemáticamente la economía se queda sin dólares.

En tercer lugar, Guzmán habló de una ley de solidaridad y ya vimos este fin de semana la punta del iceberg con el cambio en las retenciones que, eliminando el tope de $4 por dólar exportado, en la práctica transfieren 2000 millones de dólares de los productores a las arcas del Estado; un dinero que permite financiar dos millones de tarjetas alimentarias de $2.000 y un aumento de $1.500 en las AUH.

El error de diagnóstico

Finalmente, habrá también lugar para medidas peronistas clásicas, como la doble indemnización que acaba de decretar Alberto Fernández para los despidos sin causa en los próximos 180 días. Hace un par de años, cuando la oposición de entonces propuso una medida similar expliqué que podía ser razonable en el inicio de una crisis coyuntural, porque el despedido de una empresa que está perdiendo plata, contagia la crisis a la empresa que viene en equilibrio, por los menores niveles de consumo que la contracción de sus ingresos provoca. Sin embargo, es una pésima medida cuando se pretende instalar la idea de que el nuevo gobierno va a poner en marcha la economía, porque más bien sugiere que se está preparando para que se profundice la recesión.

Pero además hay un fenomenal error de diagnóstico, porque el mercado de trabajo no tiene un problema de despidos masivos, sino uno de escaso nivel de creación de nuevos puestos que, por supuesto, no se resuelve trabando la salida, aunque expresamente se excluya de la doble indemnización a las nuevas contrataciones. En efecto, como acaba de publicar el colega Juan Luis Bour, la tasa de salida del mercado de trabajo está en los niveles más bajos de los últimos 15 años.


 

La lógica es que se trate de una medida pedida por los gremios, o que haya sido lanzada para justificar el argumento de “crisis de despidos” con el que el peronismo hizo campaña, de espaldas a los datos que muestran que la tasa de empleo del mercado laboral es mas alta ahora que en el 2015.

Si realmente se quiere resolver el problema del desempleo en Argentina, las preguntas que hay que hacerse son; ¿por qué las empresas no contratan más trabajo?, ¿por qué no se invierte?, ¿por qué no aparecen nuevos negocios?

Martín Tetaz

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