Martin Tetaz

Visto desde un dron, en el segundo gol a los ingleses, Maradona es una flecha que gambetea cinco ingleses al hilo, casi sin salirse de su trayectoria recta al arco.

Después de 230 días de Aislamiento Social Preventivo Obligatorio (ASPO), la medida cumplió con su principal objetivo; los contagios en el AMBA se distribuyeron en una larga meseta y el sistema de salud no desbordó. Sin embargo, el costo fue tremendo.

Una vez más, como en aquella película del día de la marmota, faltan dólares en la economía argentina; la cuenta corriente del balance cambiario, que había sido superavitaria en 1.422 millones en septiembre del año pasado, acaba de cerrar con un déficit de 601 millones. El problema se agrava porque la gente quiere ahorrar en moneda dura e incluso hacer algunas transacciones, como las inmobiliarias, con billetes verdes.

El 16 de julio de 1989 salió el 114 y saltó la banca de la quiniela nacional porque una gran masa de apostadores, de esos que buscan señales divinas en cada dato, le habían apostado a la inflación de junio que esa tarde había dado a conocer el INDEC y había sido del 114%

Como lo ilustra el brillante trabajo de FIEL “El control de cambios en la Argentina”, desde 1931 a la fecha, el país ha vivido de cepo en cepo. El contexto que justificó las primeras restricciones del siglo pasado se repetirían una y otra vez; derrumbe de los precios internacionales (en ese caso por la gran depresión del 30), crisis de balance de pagos, fuerte déficit fiscal financiado con expansión del crédito interno, desconfianza sobre la capacidad del gobierno para cumplir sus compromisos y salida de capitales.

Cuando el gobierno asumió, en diciembre pasado, el objetivo era ajustar el gasto público real (por eso suspendió la movilidad jubilatoria) y reforzar la recaudación (por eso aumentó Bienes Personales, subió retenciones y puso el impuesto PAIS), para salir de la renegociación de la deuda con el frente fiscal despejado, una menor necesidad de divisas y un tipo de cambio estable, por haber despejado esa incertidumbre financiera.

El lunes 5 de julio de 1982 Italia eliminó a Brasil e Inglaterra despachó a España de su propio mundial. Unas horas después, en el Ministerio de Economía, José María Dagnino Pastore, que acababa de asumir en la transición de Bignone, anunciaba el desdoblamiento cambiario con un tipo de cambio comercial de 20.000 pesos por dólar y uno financiero a tiro de oferta y demanda, mientras que las tasas de interés se fijaban en un 6 por ciento mensual, cuando la inflación del mes anterior había sido del 7,8 por ciento.

En Argentina hay 3.149.000 plazos fijos de personas físicas por 916.000.000 millones de pesos y 197.000 depósitos a plazo en moneda extranjera, por 191.000 millones de pesos, lo que sugiere que el ahorrista promedio todavía no ahorra de manera sistemática en dólares, como sugieren las declaraciones del Presidente esta semana cuando dijo “tenemos que acostumbrarnos a ahorrar en pesos y dejar los dólares para la producción”.

Una sensación extraña, como de haber escrito esto antes, se apodera de mi conciencia; un recuerdo de una historia que en Argentina siempre vuelve: el dólar.

Visto desde el quinto subsuelo, el cuarto subsuelo es alto. El comentario viene a cuenta de que el dólar en el mundo en realidad se está debilitando; por el boom de emisión Covid y la incertidumbre sobre la recuperación de la principal economía del mundo, el billete verde ya perdió casi el 10% de su valor en los últimos 5 meses.

 

Esta semana se conoció el dato de empleo registrado del mes de mayo que confirmó que desde febrero se perdieron 323.000 puestos de trabajo, de los cuales 149.000 corresponden a asalariados y el resto se divide entre trabajadores domésticos y cuentapropistas.

Esta semana, mientras crece el debate sobre el nivel del tipo de cambio real (TCR) y la eventual necesidad de una corrección cambiaria, acaba de conocerse el balance cambiario de junio, con un dato demoledor: un récord de 3,3 millones de personas aprovechó la promo y compraron “dólar solidario”, llevándole 618 millones de dólares al Banco Central.

 

No alcanza con volver a la “nueva normalidad”. Hay que resolver el problema de las familias y de las empresas endeudadas. Un shock de confianza para estabilizar las finanzas

 

¿Cuál es la probabilidad de contagiarse y morir de Covid en lo que queda del año? Si las personas fueran como el Homo Economicus que describen los libros de texto de microeconomía, esa debiera ser la pregunta clave; el insumo principal para tomar una decisión informada en el costo y beneficio esperado de salir a la calle, juntarse con amigos, o viajar en el transporte público. Ni hablar si el que tiene que decidir el curso de acción es un funcionario en cuyas manos está la gestión de la pandemia.

 

Todo el mundo está familiarizado con el cliché “hay que exportar valor agregado” pero ¿qué quiere decir eso en realidad?

 

Un repaso por las principales variables que marcan el día a día de la economía.

 

Probablemente el mito más grande de los tantos que giran en torno de la deuda sea que la Argentina está endeudada.

 

En la semana entrevistamos al Intendente de Castelli en Lanata sin Filtro, por Radio Mitre, a raíz del impuesto extraordinario al campo, que Francisco Echarren disfrazó de “tasa coronavirus”.

 

En la última semana de enero, el mundo reportaba 2700 casos de coronavirus y solo 5 fuera de China. Hasta mediados de febrero muy poca gente había oído hablar de la enfermedad y ni siquiera Google registraba búsquedas relacionadas.

 

Según los cálculos de Goldman Sachs, que recalibró sus estimaciones a la luz de los datos de desempleo, la economía de los Estados Unidos caerá 34% en este segundo trimestre que está empezando en abril.

 

En el 2019 los argentinos compraron 26.870 millones de dólares y durante los últimos 4 años atesoraron 86.198 millones. Se trata de un ahorro equivalente a casi el 20 por ciento del PBI que podría haber financiado el desarrollo argentino, pero que terminó ayudando a pagar el exceso de gasto de los Estados Unidos.

“Las altas tasas de interés reales fueron inefectivas en generar una desinflación sostenible en el pasado reciente” concluyó el Banco Central, en el comunicado en el que anunció una nueva baja de las tasas de referencia, al 50%, en un contexto en el que la inflación de diciembre cerro en 3,7% y las mediciones de alta frecuencia muestran que en enero rondará el 4%.

 

Los precios están influenciados por la anticipación del público.

El equipo económico debutó con un paquetazo legislativo que se aprobó en tiempo récord y que por un lado perfeccionó un sistema de tipos de cambios múltiples y por el otro garantizó un ajuste que según Elypsis, por ejemplo, estaría entre 1 y 1,9 puntos del PBI.

 

De la expectativa de un gobierno que venía a prender la economía, inflando el gasto y dándole a la maquinita, no quedó nada. Habló Martin Guzmán y aunque no dio números ni medidas concretas dijo mucho.

 

En 1986, en plena discusión de la comisión bicameral de deuda del Congreso, el entonces Diputado Nacional Mendocino Raúl Baglini, cansado de las propuestas delirantes de algunos legisladores de la oposición, enunció un teorema que se haría famoso. Dijo: “Cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven”.

 

En silencio y sin llegar a los zócalos de los canales de noticias, el Banco Central lleva comprados 1400 millones de dólares desde las elecciones, como consecuencia de que el endurecimiento del cepo fue tan brutal que sacó del mercado al 90% de la demanda por atesoramiento.

 

El mensaje se hizo viral en los grupos de inversores que pueblan whatsapp; se trataba del punteo de los principales temas cubiertos por uno de los economistas que más escucha el electo presidente: el hombre, con experiencia en Cancillería y el Banco Central, habría mencionado en una reunión con empresarios las siguientes novedades:

Los investigadores de Princeton Cesar Zucco y Diana Campello estudiaron los ciclos políticos y económicos de los países latinoamericanos desde el regreso de sus democracias, en los años 80.

 

“No veo que la cultura sea un pedacito que hay que atender después de negociar la deuda externa o después de establecer la emergencia alimentaria. Todo esto hay que resolverlo con absoluta urgencia y empuje del gobierno, pero esto no implica que la cultura sea la que deba esperar. La cultura es lo que nos baña, nos identifica, lo que nos hace hablar como hablamos y discutir como discutimos. Por lo tanto, yo diría que no es lo último. La cultura es la estructura secreta de todo lo que se hace, incluso en materia de economía.”

 

Si la semana pasada fue la de las sorpresas, esta fue de manual.

 

Son pocos los lugares del mundo donde la gente sabe cuánto cuesta un dólar. No es que los argentinos estemos hechos de alguna otra cosa, que tengamos un chip distinto, simplemente no tenemos moneda y por lo tanto estamos pendientes de la referencia más cercana.

 

“Hola, soy el peso argentino y hace veinte días que no me devalúo”. Como un adicto que está dejando el alcohol, el Banco Central cuenta los días que pasa sin una recaída, celebrando que, en un contexto desfavorable para los mercados emergentes, este mes el dólar se ha mantenido estable.

 

Entre los anuncios económicos de esta semana, que tal vez no hacen tapa de diario porque no tienen impacto directo en los bolsillos, apareció el lanzamiento de líneas de crédito subsidiadas para Pymes por 100.000 millones de pesos.

 

A los siete minutos del segundo tiempo, Wilfredo Caballero intentó un sombrero que terminó en tragedia para la Argentina; el número 18 adivinó que el pase quedaba corto y madrugó al arquero para abrir el marcador a favor de Croacia.

 

El escándalo entre la Ciudad de Buenos Aires y la firma digital tuvo un nuevo capítulo con la decisión de multar con hasta 200.000 pesos a los conductores que sean pescados “in fraganti”, transportando pasajeros sin tener un vehículo habilitado al efecto, con licencia profesional.

 

Que el gobierno de Cambiemos asumió con una economía completamente desequilibrada es algo que nadie discute. Había, a finales del 2015, muchos problemas, empezando por un déficit fiscal escandalosamente alto, sin acceso a financiamiento y con una emisión de dinero que resultaba cada año más alta, amenazando con desembocar en una hiperinflación.

 

Bajo la conducción de Federico Sturzenegger, el Banco Central intentó bajar la inflación con un programa de metas. Siguiendo esa estrategia la autoridad monetaria definía un sendero para los precios y subía las tasas de interés siempre que la velocidad a la que corrían los precios resultaba mayor a la deseada.

 

Que en Argentina somos todos técnicos no es ninguna novedad. También somos todos economistas; acá un taxista sabe lo que son las Lebac y hasta hace no mucho tiempo te discutían la activación de la cláusula RUFO (rights upon future offers): un principio del Derecho financiero internacional que muchos estudiantes de Harvard no manejan con tanta precisión, pero que se puso de moda por estos lares cuando se discutía el pago a los buitres.

 

Los términos de intercambio de un país refieren a la relación entre el precio de las exportaciones y el de las importaciones; para ponerlo en un burdo ejemplo, cuantas toneladas de soja tenemos que vender afuera para poder traernos una computadora.

 

En la última saga de Avengers, Thanos, un gigante capaz de derribar al mismísimo Increíble Hulk, acumula poder persiguiendo una colección de gemas con poderes fantásticos, que se esconden en los distintos planetas del universo.

 

Esta semana parece imposible hablar de otra cosa que no sea del dólar. El viernes el gobierno combinó una fortísima suba de tasas, con la obligación a los bancos de bajar su exposición patrimonial en dólares y el anuncio de un recorte fiscal de 3.000 millones de dólares.

 

Hay algunas películas, normalmente hechas a partir de guiones bastante pobres, que en un punto se tornan previsibles.

 

En Sistema Económico y Rentístico de la Confederación, Juan Bautista Alberdi criticaba a Rivadavia por haber basado la estructura tributaria en la recaudación de impuestos directos y le endilgaba la caída del apoyo político que esa medida le había causado.

 

Esta semana se conoció el dato de inflación del mes de marzo, que dentro de lo previsto por los analistas cerro en 2,3 por ciento, acumulando 6,7 por ciento en los tres primeros meses y 25,4 por ciento en los últimos 12 meses.

 

Hubo un tiempo en que los supermercados vendían alimentos y bebidas. El modelo de negocios era bastante simple; se trataba de agrupar en un mismo espacio, la verdulería, la carnicería y el almacén. Luego llegaron los híper con una idea básica: intermediar de manera más eficiente entre el productor y el consumidor, comprometiéndose a ofrecer el precio más bajo, o a devolver la diferencia.

 

Por la fonola de los recuerdos, una voz de Presidente festeja que los salarios se multiplicaron por diez desde que gobierna. No alcanza a distinguirse si el registro es del venezolano Nicolás Maduro, o de la autóctona Cristina Kirchner, aunque podría ser cualquier presidente populista en un país de alta inflación.

 

La semana pasada, después que el dólar coqueteara con cumplir los 21, el Banco Central empezó a intervenir tibiamente en el mercado; primero vendió 30 millones, después 120, más adelante tanteó colocando 215 y el último viernes le tiró con 413 millones por la cabeza, para que el billete cerrara a $20,21 en el mayorista y $20,45 en el home banking del Nación.

 

Según el análisis de la encuesta permanente de hogares (EPH) efectuado por el Econometrista de la Universidad Di Tella, Martín Rozada, las mujeres ganan en Argentina 26 por ciento menos que los hombres.

 

Según el análisis de la encuesta permanente de hogares (EPH) efectuado por el Econometrista de la Universidad Di Tella, Martín Rozada, las mujeres ganan en Argentina 26 por ciento menos que los hombres.

 

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