Néstor Scibona

Hace dos meses esta columna sostuvo que el Gobierno estaba más cerca de llegar a un acuerdo para reestructurar la deuda bajo legislación extranjera, que de alumbrar un plan económico con políticas definidas y coordinadas para salir de la crisis agravada por el shock pandémico del Covid 19 y la extensión de la cuarentena.

 

Después de 120 días de cuarentena, la flexibilización- parcial, selectiva, progresiva, diferenciada y hasta cosmética en algunos casos- anunciada para el AMBA no deja de resultar desconcertante, porque coincide con el fuerte aumento de los últimos días en los números absolutos de contagios y muertes por el coronavirus.

 

Todavía resulta prematuro aventurar qué grado de aceptación tendrá la última de las "ofertas finales" del gobierno de Alberto Fernández para cumplir con su acertada decisión política de evitar otro default de la deuda bajo legislación extranjera (US$66.000 millones); o, al menos, una judicialización excesiva de los bonistas que no ingresen al canje voluntario a cambio de mayores concesiones financieras. Pero sí existen dos certezas.

 

Desde el 20 de marzo la cuarentena por el Covid-19 tuvo su espejo en la feria judicial dispuesta por la Corte Suprema salvo para cuestiones urgentes; y, aunque el final no está a la vista en ambos casos, cada vez son más los especialistas que pronostican una oleada de presentaciones cuando los tribunales de distintos fueros vuelvan a funcionar.

 

Si en los países con economías más o menos ordenadas la pandemia de Covid-19 viene provocando deflación a raíz de la caída simultánea de oferta y demanda, en la Argentina este fenómeno se reflejó al menos durante los últimos tres meses en un retroceso de la inflación minorista a tasas promedio de 1,5% mensual, que permitirán cerrar la primera mitad de 2020 con una suba acumulada inferior a 14%.

 

Si las expectativas económicas ya venían dañadas antes de que se agravara la curva de contagios del coronavirus, los nuevos frentes de conflicto abiertos ahora por el gobierno de Alberto Fernández agregan más incertidumbre al rumbo de corto plazo.

 

A nadie se le ocurriría derribar el techo de una casa para arreglar una gotera; menos aún sin recursos y detrás de una consigna épica. Esta desproporción es semejante a la del DNU que dispuso la intervención estatal de la agroexportadora Vicentin, pasando por arriba al juzgado santafesino que tramitaba su concurso preventivo y como paso previo a la expropiación por ley que deberá tratar el Congreso bajo el discutible argumento de asegurar la "soberanía alimentaria".

 

El "supercepo" que rige desde esta semana, con más controles y restricciones de acceso al dólar oficial para frenar el drenaje de reservas del Banco Central, recuerda la metafórica descripción de un experimentado exfuncionario de la institución en una de las tantas crisis cambiarias de la Argentina. "Es como tratar de tapar con un dedo por vez, varios agujeros de un recipiente para evitar que se escurra el líquido; el problema es cuando llega el agujero número once", graficó años atrás.

 

Después de todo lo que pasó esta semana, el eslogan oficial "Argentina Unida" corre serios riesgos de resquebrajarse.

 

Ahora que quedó atrás la fecha límite y el propio Martín Guzmán admitió cambios en la oferta, van perdiendo sustento sus inciertas proyecciones técnicas sobre la sustentabilidad de la deuda a mediano plazo antes de la pandemia.

 

La Argentina ingresó con varias patologías crónicas a la incertidumbre generada por la pandemia sobre la economía mundial, donde cada semana se van diluyendo las perspectivas de dos "V" (no una "W") en lo que resta de 2020: ni un rebote del PBI con ese formato ni una vacuna que permita desterrar al Covid-19 y ponga fin a las cuarentenas parciales o totales, cuyo doble impacto sobre la oferta y demanda de bienes y servicios ya provocó un derrumbe mucho más acentuado que en los dos peores trimestres de la crisis financiera global de 2008/2009.

 

El vencimiento del plazo autoimpuesto por el ministro de Economía para canjear los bonos de la deuda externa tuvo una respuesta similar a la que ocurría en los vuelos sobrevendidos antes de la pandemia de Covid-19.

 

Muchos empresarios, así como muchísimos más trabajadores en relación de dependencia, autónomos y cuentapropistas paralizados por el shock económico del Covid-19, se sienten como si debieran tramitar un certificado de incendio antes de llamar a los bomberos.

 

Casi no hay actividad que escape totalmente del freno de emergencia forzado por la pandemia de coronavirus, pero en la Argentina varios sectores ya venían golpeados antes de la cuarentena y el nuevo escenario global agravó la situación.

 

La reestructuración de la deuda bajo legislación extranjera permanecerá como una moneda en el aire durante los próximos 35 días, antes de caer hacia el lado de un incierto acuerdo con los acreedores privados o hacia otro default real, que complicaría seriamente la recuperación de la economía argentina cuando finalice -nadie sabe en cuánto tiempo- la pandemia global del Covid-19.

 

Nadie podría sensatamente reclamarle al gobierno de Alberto Fernández que tuviera todo previsto y calculado al declarar la cuarentena obligatoria para enfrentar la dimensión desconocida de la pandemia global de coronavirus.

 

Hasta algunos de los economistas más ortodoxos recomiendan ahora que el Banco Central emita más pesos para atenuar los efectos de la inevitable cuarentena obligatoria por el coronavirus sobre la actividad económica.

 

Nada es lo que era en la economía argentina ni mundial desde que la pandemia de coronavirus pasó a ocupar el centro de la escena. Todo parece antiguo y transitorio, aunque haya ocurrido hace apenas una semana.

 

Sobre llovido, inundado. Las derivaciones de la pandemia de coronavirus sobre la economía global contagiaron esta semana el pánico a todos los mercados financieros, bursátiles y de commodities, donde la extrema volatilidad agrava la incertidumbre sobre el futuro inmediato y anula cualquier pronóstico de corto plazo.

 

A casi tres meses de la asunción de Alberto Fernández, la actividad económica está funcionando como el GPS de un auto en modo navegación: indica por qué calle o ruta transita, cuáles son los cruces u obstáculos más próximos; pero no el destino, sin el cual tampoco puede trazarse una hoja de ruta a mayor distancia.

 

Como no podía ser de otra manera, la crisis económica y las medidas adoptadas para enfrentarla ocuparon una parte importante del mensaje de Alberto Fernández, aunque los (pocos) anuncios incluyeron buenas intenciones, carecieron de precisiones y apuntaron al mediano plazo.

 

Con su notable ironía para describir cuestiones serias, el politólogo Andrés Malamud tuiteó días atrás por qué "la responsabilidad por las desgracias argentinas está en disputa: la mitad de los argentinos cree que es culpa de los peronistas. La otra mitad cree que es culpa de los antiperonistas. El resto del mundo cree que es culpa de los argentinos".

 

Al más puro estilo argentino, el diario Crónica tituló "Pagadiós" su tapa de la edición de anteayer al informar sobre el comunicado de la misión del Fondo Monetario Internacional, que fue celebrado como un aval por el gobierno de Alberto Fernández y recibido con preocupación por los mercados externos.

 

El gobierno de Alberto Fernández está armando un nuevo relato para encarar la reestructuración de la deuda externa que, al más puro estilo cristinista, apunta exclusivamente al público interno y tiene como ejes la victimización y el voluntarismo.

 

Durante su gira europea el presidente Alberto Fernández sostuvo que "la Argentina está en terapia intensiva", en un diagnóstico que se ajusta más a la realidad que otros formulados antes y después de las elecciones, como la apocalíptica "tierra arrasada" (incluso llevada al cine por el actual ministro de Cultura) o el más reciente "crisis de 2001 por goteo" que presagiaría un final de alto riesgo.

 

Créase o no, hay algunos precios que bajaron -y bastante- a lo largo de enero con respecto a diciembre de 2019. Pero el rasgo distintivo del mes que acaba de concluir no es ese, sino la amplia disparidad entre productos similares de consumo masivo, sin considerar las habituales ofertas por cantidad que ofrecen las grandes cadenas de supermercados.

 

Pese a que se trata de una de sus dos principales prioridades (la otra es reactivar y desindexar la economía para evitar que jubilaciones, salarios, tarifas y precios se ajusten por la alta inflación de 2019), quizás haya sido un exceso de optimismo que el presidente Alberto Fernández estimase que el 31 de marzo próximo podría lograr una rápida reestructuración de la deuda bajo legislación extranjera heredada de la gestión de Mauricio Macri.

El cepo cambiario hard dispuesto por el gobierno de Mauricio Macri tras la victoria electoral de Alberto Fernández acaba de cumplir un mes y muestra varias coincidencias con el que había aplicado Cristina Kirchner en 2011, una semana después de haber logrado su reelección con el 54% de los votos.

 

Con el billete "planchado" a la espera de las PASO, los analistas creen que el BCRA podrá evitar sobresaltos hasta las elecciones de octubre

 

Tras la estabilidad cambiaria de mayo, los analistas ponen bajo la lupa la oferta y la demanda preelectorales de divisas y el nivel de reservas

 

La recesión y la alta inflación son efecto de haber subestimado los desequilibrios macroeconómicos, que el Presidente empieza a admitir

 

Con el dólar por el piso de la banda cambiaria, las altas tasas de interés aportan equilibrio hasta que el año electoral tome temperatura

 

Página 2 de 2

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…