Jorge Vasconcelos

En el largo ciclo de stop and go de la década de estanflación por la que atraviesa la Argentina, los años impares, en los cuales se realizan comicios presidenciales o de medio término, se habían caracterizado por anotar una inflación inferior a la de cada año previo.

Durante la vigencia del cepo original, entre 2012 y 2015, la brecha cambiaria se había situado en 45 por ciento promedio, la emisión monetaria para financiar al Tesoro había sido de 2,8 puntos del producto interno bruto (PIB) promedio y al final del ciclo, en diciembre de 2015, las reservas de libre disponibilidad del Banco Central llegaron a terreno negativo.

 

Uno de los críticos más firmes del cepo cambiario que se aplicó entre 2012 y 2015 fue el actual presidente, que lo graficaba como una piedra en la puerta giratoria, que frenaba la salida de capitales, pero, al mismo tiempo, desincentivaba el ingreso de dólares genuinos al país.

La brecha entre el dólar "libre" y el oficial, de más del 70 por ciento, supera con amplitud el registro promedio del cepo de 2012 a 2015, que fue de 45 por ciento.

 

El segundo trimestre del año arrojaría una contracción del PIB del orden del 18% interanual: demoledor para la supervivencia de empresas y de puestos de trabajo.

 

Transitamos el noveno año de estanflación. Hay problemas por el lado de la demanda, pero también por el de la oferta. Es imperioso evitar un "default", pero no será condición suficiente

 

El Gobierno demoró demasiado el inicio de las negociaciones por la deuda. Y en el momento clave, su posición quedó debilitada por la pérdida de reservas, la ampliación de la brecha cambiaria y una propuesta que fue rechazada por más del 80 por ciento de los bonistas.

 

Una propuesta tan condicionada en lugar de reflejar la potencialidad de un país que evitó el default y de un sector público que se reorganizó, parece estar adelantando que el país seguirá conviviendo con las tribulaciones de una estanflación que está a punto de cumplir una década

 

La base monetaria se duplicaría este mes en comparación con abril de 2019. Aunque es una herramienta, tiene altos riesgos.

 

El Gobierno había supeditado su política económica a un eventual resultado exitoso de la reestructuración de la deuda pública, una estrategia que a partir de la pandemia y la crisis internacional ha perdido validez.

 

Argentina comenzará a renegociar su propuesta de reestructuración en un contexto muy volátil.

 

El Gobierno necesita convencer a propios y extraños de que la economía podrá dejar atrás nueve años de estanflación.

 

Considerando el último quinquenio, el año 2020 no será el más dinámico en términos del crecimiento del PBI mundial, pero apunta a ser el de mayor equilibrio entre las variables relevantes del contexto global para un país como la Argentina.

 

El gasto público fuera de escala, los déficits fiscales recurrentes, los cepos y/o el endeudamiento como instrumento de financiación, constituyen un combo que en la Argentina reconoce un común denominador: la falta de desarrollo sustentable por un tiempo prolongado.

 

El Gobierno elevó la presión tributaria, y el peso consolidado de Nación y de las provincias pasaría de 28% a 29,6% del PIB.

La suba sostenida de los precios de las materias primas desde 2003 en América Latina generó un beneficio inédito, pero un aprovechamiento cortoplacista en Argentina.

 

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…