La economía argentina saldrá de la cuarentena con elevada inflación, más desempleo y pobreza - Por Pablo Wende

27 Junio 2020 Author :  

La caída de 10% que estimó el FMI sería en realidad del 12% en 2020, ante la profundización de las medidas de aislamiento. Al Presidente le llevaría todo su mandato, con suerte, recuperarse del derrumbe de los últimos meses

 

La decisión de profundizar la cuarentena al menos hasta el 17 de julio volvió a mover el arco para los que esperaban una lenta recuperación luego de la caída récord de abril. Y deja ya muy vieja la frase pronunciada por el Presidente el jueves, cuando dijo que “en no mucho tiempo la economía va a estar operando a pleno”. Aún sin fecha de clara para la finalización de las medidas de aislamiento y sin un plan económico que regenere la confianza, la salida del pozo en el que entró la actividad no será para nada fácil de remontar.

El viernes, al anunciar las nuevas medidas, Alberto Fernández enfatizó que lo que ocurría en la Argentina “no es culpa de la cuarentena, sino de la pandemia”. Y graficó con la crisis que van a tener distintos países este año, algunos incluso europeos con caídas de dos dígitos.

El Fondo Monetario divulgó esta semana un informe describiendo más puntualmente lo que está pasando en América latina, hoy el epicentro de la pandemia. Los pronósticos para toda la región son malísimos. Este año se espera una caída de 9,2% (excluyendo Venezuela). Pero el año que viene la mejora será de apenas 3,9%. O sea que ni siquiera se llegará a recuperar la mitad de la pérdida generada por la cuarentena. En el caso argentino, el panorama es parecido: caída de 9,9%, con una mejora de casi 4% en 2021, es decir casi igual que el promedio de la región.

Claro que las nuevas restricciones anunciadas empeoran las previsiones para el año y la caída de la economía podría profundizarse hasta el 12%. Además, el déficit fiscal primario superaría el récord de 7% del PBI, ante la necesidad de prolongar los programas de ayuda para el pago de salarios y de asistencia a los sectores más vulnerables (los $10.000 del IFE).

La prolongación de la cuarentena en la zona metropolitana se vuelve mucho más dramática para sectores que ya venían muy golpeados. Ya en las últimas semanas se produjeron cierres en cadena de restaurantes emblemáticos y de muchos comercios. Los shoppings siguen cerrados desde el 20 de marzo y además compromete la continuidad de una gran cantidad de locales.

El escenario del “día después” de la cuarentena es muy complejo. La economía argentina ya entró debilitada en este proceso inédito. La recesión ya era profunda, igual que el elevado nivel de inflación y la falta de acceso a los mercados financieros. De la misma manera, la salida de esta crisis también presenta un panorama muy complejo. El elevado nivel de desconfianza y la falta de inversiones hará mucho más difícil volver a crecer, lo que no debe confundirse con un rebote luego del cierre total de industrias y comercios del período marzo-abril, que en buena medida se repetirá en julio.

El primer efecto “post cuarentena” será, casi con seguridad, un importante salto inflacionario luego de varios meses de “descanso”. Desde abril que el índice de precios se mantiene en niveles cercanos a 1,5%, ante la mezcla de congelamientos de precios (incluyendo alimentos) y caída del consumo en casi todos los sectores. Pero la emisión monetaria ya supera en el año los 1,2 billones de pesos, que el impacto en los precios es sólo cuestión de tiempo. Tampoco alcanzaría con el festival de Leliq del Banco Central que se usan para absorber esos pesos. La “monetización del déficit fiscal” viene siendo un problema recurrente en la Argentina de las últimas décadas y esta vez tampoco será la excepción.

El “combo” que hay por delante es una mezcla de nuevos picos inflacionarios (posiblemente similares a los de 2019), una caída adicional del poder adquisitivo y por ende un fuerte salto adicional de los niveles de pobreza. Por supuesto que este panorama se verá mucho más agravado por el salto de la desocupación. Se cuentan de a miles las pérdidas de laborales de los últimos tres meses, aún a pesar de la prohibición de despido y la doble indemnización. En la mayoría de los casos se trata de “convenios de extinción del contrato laboral”, o sea un acuerdo entre partes.

El Presidente reiteró esta semana que él sabe cómo hacer para levantar la economía. Una manera de defender su política de cuarentena extendida y rígida, subestimando los efectos que genera sobre la actividad, el empleo y los salarios. Sin embargo, hasta ahora no dio una sola pista sobre lo que piensa hacer o su fórmula para conseguir esa reactivación. Al contrario, todas las señales fueron en contra de recuperar la confianza y las inversiones. Ayer declaró que extraña a Hugo Chávez, no archivó el plan para expropiar Vicentin y sigue dando vueltas con la renegociación de la deuda.

Aumentó dramáticamente en los últimos meses la cantidad de gente que depende de un ingreso del Estado, casi nueve de cada diez hogares reciben algún beneficio del sector público. Esto ocurre mientras el sector privado se achica dramáticamente

A pesar de las críticas de comerciantes, industriales y en general de todo aquel que tiene un emprendimiento por la “cuarentena eterna”, Alberto Fernández cuenta con un gran respaldo para tomar las medidas anunciadas. Sobre todo, en el Conurbano, el miedo a un contagio del coronavirus es mayor que la preocupación por el deterioro económico. La aceptación de las medidas no baja del 65% al 70% en ningún estudio de opinión.

De los distintos estudios de opinión pública se deduce que los programas de ayuda sociales como la Asignación Universal por Hijo (AUH) y el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) sirven al menos como contención en un momento tan complejo. La política asistencialista lleva a su máxima expresión se refleja en un dato que el propio Gobierno se preocupó de transmitir: nueve de cada diez hogares en la Argentina tienen al menos un integrante que recibe un beneficio del Estado, incluyendo ahora también el pago parcial de salarios de casi dos millones de trabajadores del sector privado.

El país va cambiando así su fisonomía, con una clase media diezmada y sectores que van cayendo en la pobreza, cada vez más dependientes de una ayuda oficial. La pandemia es la excusa perfecta para aumentar la dependencia de una porción cada vez mayor de la población de los recursos estatales, mientras el sector privado se hunde dramáticamente. Pero hay un detalle insoslayable: el Estado está quebrado, con un enorme déficit y sin financiamiento. Cualquier desembolso adicional que requiere de la ayuda del Banco Central tendrá repercusiones en el dólar, la inflación y por lo tanto en los pobres. Salir de este círculo vicioso será el desafío que por el momento el Presidente prefirió no encarar.

Pablo Wende

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