Tan cerca y tan lejos - Por Omar López Mato

02 Agosto 2020 Author :  

 

La presentación del presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, puso de manifiesto no sólo las diferencias en la conducción de los asuntos del país, sino las diferencias intrínsecas entre ambas naciones. Tenemos los mismos colores en nuestras banderas, decía Borges, pero tenemos marcadas diferencias en nuestras instituciones

 

El Uruguay nace involuntariamente. Por más que digan y repitan, José Gervasio Artigas no tenía intenciones de crear un nuevo país. Tampoco inicialmente Oribe, ni Lavalleja ni Rivera tenían esa convicción. Los dos primeros fueron oficiales del ejército argentino que pelearon contra Brasil (Lavalleja fue su comandante cuando Alvear se retira por las diferencias insalvables con sus subalternos). Rivera actuó por su cuenta y completó la fulminante campaña de las Misiones Orientales, el verdadero golpe de gracia al imperio brasilero ya que llegó a escasos kilómetros de San Pablo (tema que los tratados de historia argentina tienen olvidado). La decisión de crear el "Estado tapón" fue una idea británica que pescó desprevenidos a los habitantes de la Banda Oriental.

Sin embargo, en poco tiempo Oribe, Lavalleja, Rivera, Rondeau y otras figuras políticas, se organizaron para poner en marcha la nueva nación. Hubo elecciones (que entonces no eran muy democráticas) y para 1830 tenían constitución. A diferencia de Argentina (que tardó otros 20 años en contar con una ley suprema) en Uruguay se celebra el día de la jura de la Constitución, idea que a los argentinos no se nos pasa por la cabeza porque, además nos pasamos los últimos cien años (sería más preciso decir desde 1930) sin respetarla.

Obviamente que hubo disensos, guerras y bandos que se degollaban cuando podían. En los primeros 100 años de historia uruguaya hubo no menos de 75 revoluciones (que a veces eran sólo un puñado de hombres cruzando las fronteras con Winchester, facones y lanzas). Desde entonces han sufrido golpes de Estado, gobiernos militares, guerras subversivas, atentados y sedición, pero aprendieron a convivir con el disenso en democracia y respeto republicano.

A lo largo de los años, Uruguay fue refugio de los disidentes argentinos.

Durante el gobierno de Rosas la oposición (no solo unitaria sino federales disidentes) vivió en Uruguay. En algún momento de sus vidas. Mitre, Sarmiento, Cané, Florencio Varela, Alberdi, Mármol, son sólo algunos de los nombres de aquellos que desde la vecina orilla continuaron su actividad opositora organizando revoluciones o campañas como la de Lavalle, o escribiendo artículos y libros. "Amalia", la gran novela romántica, nació en Montevideo.

Si bien ambos márgenes del Plata abrazaron generosamente a la inmigración europea, Montevideo fue por años una de las ciudades fuera de su país de origen que más franceses albergó. Si bien muchos huían de Francia de la miseria y las guerras, otros emigraron por cuestiones políticas. Eran libertarios que escapaban por sus ideas. Muchos de ellos formaron legiones que defendieron del hostigamiento rosista a “La Troya del Plata" (como la llamó Alejandro Dumas en un libro escrito para condenar a Juan Manuel de Rosas) Es, justamente, este espíritu legítimamente liberal que marca las diferencias entre las dos orillas.

Uruguay fue uno de los primeros países en aceptar el voto femenino.

Siguieron muchos conceptos, que, si bien pudieron nacer en mentes argentinas, echaron sus raíces en el Uruguay. La educación sarmientina creció entre los orientales gracias a José Pedro Varela. Las escuelas están al alcance de todos, en los lugares más olvidados de Dios hay una escuela adonde los niños llegan caminando, en bicicleta o a caballo, luciendo orgullosamente su moña (así le dicen al guardapolvo cruzado por un moño azul). Y si hablamos de Dios la separación entre el Estado y la Iglesia y el l laicismo de Sarmiento, Wilde y Roca, entre otros, es más evidente en la otra orilla.

No todas son loas, problemas existen y existirán, pero existe un proyecto de país, hay un camino tendido, hay metas concretas, compartidas por gran parte del espectro político, a diferencia de Argentina. Está, sin rumbo y sin convicciones, todos los días se plantea que tipo de país quiere ser, dejando de lado nuestra excepcionalidad de batir récords en oportunidades perdidas.

Uruguay, en palabras del ex presidente Julio María Sanguinetti (un lujo de conductor, difícil de encontrar en estas latitudes), ha sabido construir "una convivencia democrática armónica en la que la institucionalidad ha sido fuerte", y a pesar de las diferencias han sabido mantener un diálogo republicano y la independencia de poderes, especialmente de la justicia, sumando previsibilidad a su economía gracias a la seguridad jurídica. Este mérito se debe a que los uruguayos han sido testigos privilegiados de los estragos que ha producido el peronismo, la peor debacle que puede sufrir una sociedad y ninguno de sus conductores está tentado de seguir ese camino.

Omar López Mato
Médico y escritor
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