Elecciones 2019: las heridas en el PJ tras el 27-0, la otra transición que espera a Alberto Fernández - Por Pablo Ibáñez

28 Octubre 2019 Author :  

La victoria fue más ajustada de lo esperado y aparecieron tensiones. El registro peronismo-antiperonismo y el resultado “distorsivo” de las PASO.

 

Máximo Kirchner abandonó, cerca de la 1 de la madrugada, la oficina del segundo piso del Complejo C, su VIP en el búnker del Frente de Todos. Se fue algo desencantado por el score de 48-41 y por la magra cosecha propia.

Excepto Mayra Mendoza, que ganó Quilmes, el resto de los candidatos neocamporistas o de perfil K, perdieron. A la foto grande de una victoria estruendosa, Máximo esperaba anexar triunfos locales de figuras generacionales. Apostó a festejos extra pero no alcanzó.

El macrismo se despabiló, demostró destreza electoral y revirtió plazas que lucían imposibles como La Plata y Lanús. Como jefe, Máximo llamó y agradeció la campaña. Contó, en una charla tardía, que le pesaba la fecha: el domingo se cumplieron 9 años de la muerte de su padre, Néstor Kirchner.

Dudaba de los 20 puntos que cantaban las encuestas, pero, como el resto del dispositivo PJ, esperaba una diferencia más amplia. El clima fue por eso casi victoria amarga, cruzado por tensiones que latían y florecieron.

Juan Manzur, Gustavo Bordet y Sergio Uñac, tres gobernadores peronistas, más el electo Omar Perotti, quedaron molestos porque no pudieron subir al escenario.

Matías Lammens, candidato porteño, tampoco tuvo sitio en la foto. Al Olimpo de los victoriosos solo tuvieron ticket de acceso la fórmula presidencial, la dupla Kicillof-Magario y los candidatos bonaerenses, entre ellos Máximo K.

Hubo un argumento estético: menos gente sobre el escenario para una foto más limpia. No fue por pedido de Alberto.

El episodio reavivó otro malestar. El que sembró el discurso de Cristina Kirchner en Mar del Plata, donde reprochó al PJ que supo colaborar con Mauricio Macri. Esa perdigonada castiga a gran parte del universo panperonista del Frente de Todos.

Axel Kicillof, instalado en el tercer piso donde estaban Sergio Massa y Lammens, capturó una foto sensible al estandarizar los datos de la provincia. Triunfo holgado en el conurbano y derrota en el interior.

La "paliza" en CABA, el repunte macrista en Córdoba y las derrotas inesperadas en Mendoza, Santa Fe, Entre Ríos y San Luis sembraron, luego del shock, incomodidades. ¿Jugaron poco los gobernadores? ¿Hizo mala campaña Alberto?

En la medianoche, con los datos todavía calientes, en el búnker del FdT caían hipótesis. Una, micro albertista, apuntó que el candidato quedó sin margen, limitado por la sensación de ser casi presidente electo.

Fernández, en rigor, fue al debate con ese plan: retener los 12,2 millones de votos de las PASO, suficientes para evitar un balotaje, porque salir de ese libreto para ir en busca de otros electores, podía ponerlo en conflicto con los propios.

"Todos esperábamos ganar por 15 puntos y cuando fueron ocho vimos lo que hicimos mal. El principal error es que subestimamos a Macri", dijo a Clarín un dirigente del comando de Alberto.

El #SiSePuede tour mostró al Presidente con iniciativa, atrajo más de 2 millones de votos respecto a las primarias, y canalizó lo que en el FdT leen en clave histórica de peronismo-antiperonismo.

Dos registros aparecen en el mundo Cristina para explicar el resultado. En 2007, con un peronismo expansivo y novedoso, Cristina ganó con 45,3%, tras un acuerdo que sumó gobernadores de la UCR.

No hubo riesgos de balotaje porque la oposición se atomizó entre Elisa Carrió -23%-, Roberto Lavagna 17%- y Alberto Rodríguez Saá, con 7 puntos-. En 1989, con el gobierno de Raúl Alfonsín detonado, Eduardo Angeloz sacó 37%.

"Hay un porcentaje antiperonista de unos 40 puntos que, en las condiciones que sea, vota en contra de los candidatos peronistas. Es lo que sacó Macri", leyó en clave histórica un cristinista.

El mapa de calor del 27-O aporta otra pista: la zona núcleo y el interior bonaerense fueron, como en 2015, adversos. "Ahora nos duele, pero hace 3 meses, este resultado era negocio", sumó un jefe PJ.

No había ocurrido en las PASO, con menos caudal de votantes y más voto blanco, pero pareció alumbrar otro temor. Sectores medios reacios a un peronismo ganador por paliza y monocolor azul en todo el país.

Los chispazos son la consecuencia y el anticipo del forcejeo en la galaxia PJ, la otra transición que debe atender Alberto Fernández, cuya resolución se verá cuando despunte -en teoría, a fines de noviembre- el staff que integrará el gabinete.

Las PASO mostraron, leen en el FdT, un escenario distorsionado: una diferencia mayor a la que que registra la historia, que solo tuvo el punto altísimo de la elección de Cristina Kirchner en 2011 con 54% pero que en general nunca pasó de los 50. Desde ese enfoque, el resultado de la general es más "real" que el 47-33 de las primarias de agosto.


Pablo Ibáñez

565 Views

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…