Luis Secco

Si baja la demanda, habrá más presión sobre el dólar y puede acelerarse la suba de precios.

La política debería concentrarse, cuanto antes, en crear condiciones para que el sendero fiscal y la deuda pública reestructurada, por un lado, y la situación política y social, por el otro, resulten sustentables. Y no hay forma que ello resulte posible sin crecimiento económico.

 

La estadística muestra que cada 4 años, en promedio, el PBI cae. La actual estará entre las marcadas a fuego, con una baja superior a la de comienzo de siglo

 

Despejado el camino de la amenaza de un largo y litigioso default, el gobierno de Alberto Fernández tiene todavía la posibilidad de evitar una dinámica de profundización irreversible de la crisis macroeconómica en la que se encuentra la Argentina. Sin embargo, los tiempos de eludirla y generar un cambio de expectativas que permita revertir el pesimismo que reina sobre el futuro se van agotando.

 

Every year is getting shorter/Never seem to find the time/Plans that either come to naught or half a page of scribbled lines/Hanging on in quiet desperation…

 

A medida que avanza la pandemia y se extiende la cuarentena obligatoria, que ya lleva un récord de 111 días, no sólo aparecen indicadores que ponen en blanco y negro la magnitud de la caída de la actividad económica, sino también sus repercusiones más inmediatas. Los datos de la misma, ingresos privados e ingresos públicos, muestran caídas históricas, y las proyecciones hacia el futuro se vuelven cada vez más negativas.

 

"Los errores de los médicos se cubren con tierra; los errores de los arquitectos, con plantas; y los errores de los políticos… con subsidios."

 

La pandemia del Covid-19 y las consecuencias económicas del aislamiento obligatorio parecen haber reforzado la convicción de muchos argentinos de que la solución a todos los problemas pasa por más gasto público y más Estado. Lamentablemente, la clase política en general y este gobierno en particular no tienen dudas de que la respuesta frente a todos los problemas pasa por ahí.

 

En mi columna de principios de abril me preguntaba si el fin justifica los medios. Porque no hay que dar muchas vueltas para que nos pongamos de acuerdo en que tanto la salud como la economía deben preservarse sanas y que, por lo tanto, no es cuestión de tomar cualquier medida económica por más que se las piense como "transitorias" y "so pretexto" de las urgencias.

 

Estamos frente a un shock de una duración y magnitud impredecibles. Se pueden aventurar hipótesis y hacer proyecciones de variables económicas claves a partir de esas hipótesis; pero siempre quedaremos insatisfechos.

 

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría, y también de la necedad; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.  Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos directo al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto.” -Charles Dickens, A tale of two cities.  

 

La fuerte vulnerabilidad de la economía argentina a los vaivenes del contexto internacional ha dicho presente en todas las crisis económicas que la sacudieron desde mediados de siglo pasado.

 

Hasta esta semana escuchamos de parte de las máximas autoridades económicas y políticas de Argentina, que aún no teníamos un programa económico. Y que el mismo sólo se conocería después que se terminara con la renegociación de la deuda pública. Más allá de lo poco atinado de tal proposición, nos enteramos hace dos días, de boca del ministro Martín Guzmán, que no es así.

 

La política monetaria sigue siendo demasiado expansiva y, lejos de reducir la inercia inflacionaria, la convalida.

 

Después de tres semanas de Alberto Fernández presidente, esto es lo que sabemos hasta hoy de su plan económico, instrumentado básicamente a través de la Ley de Emergencia y Reactivación Productiva.

Muchos añoran un revaival de la recuperación económica del 2003-05 pero las cosas no son como entonces. Son mucho peores.

 

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