Sábado, 06 Junio 2020 21:00

Con el Estado no va a alcanzar - Por Francisco Olivera

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No quedó claro si fue un pedido de disculpas o una justificación. Parecía más bien estar a mitad de camino.

 

Delante de diez de los principales empresarios del país, el Presidente inició el miércoles, en Olivos, una reunión citando su última controversia con Techint: dijo que había habido una mala interpretación cuando, apenas 9 días después de empezada la cuarentena, se refirió en durísimos términos a las 1450 bajas de trabajadores en el grupo. Aquel famoso tuit del 29 de marzo: "Como dije en el G-20, nadie se salva solo. Hay que ser solidario, ponerse en el lugar del otro y ayudarlo. Algunos miserables olvidan a quienes trabajan para ellos y en las crisis despiden. A esos miserables les habló @Pontifex_es. Ahora les digo que no dejaré que lo hagan", decía el mensaje, acompañado por una foto del Papa.

Esas palabras cayeron mal en el mundo de los negocios, donde se lo interpretó como una advertencia hacia todos los sectores: el Gobierno les prohibía trabajar y, al mismo tiempo, despedir. "Miserable sos vos, Alberto, que te asociaste con delincuentes para protegerlos de la Justicia -le contestó al día siguiente por las redes Oscar Arduch, dueño de Hidrocor, una pyme cordobesa-. Estás destruyendo a la gallina de los huevos de oro: somos nosotros los que trabajamos, los que producimos, los que mantenemos a la tropa que te mantiene en el poder".

El gesto de acercamiento llegó dos meses después. En la tarde del miércoles. Es cierto que en el grupo en cuestión no había nadie de Techint porque Paolo Rocca, el máximo ejecutivo, se excusó por cuestiones de agenda: una reunión global de accionistas de Tenaris. Pero estaban Marcos Bulgheroni (Pan American Energy), Luis Pagani (Arcor), Luis Pérez Companc (Molinos), Javier Madanes Quintanilla (Fate-Aluar), Martín Migoya (Globant), Daniel Herrero (Toyota), Mariano Bosch (Adecoagro), Roberto Murchison (IDEA), Sergio Kaufmann (Accenture) y Miguel Acevedo (Unión Industrial Argentina), y las palabras de bienvenida de Alberto Fernández parecían otra vez extensibles a todo el sector privado: admitió que en aquel mensaje, molesto por la magnitud de despidos injustificados para ese momento que empezaba a vivir la Argentina, se había dejado llevar y elevado los decibeles más allá de lo conveniente. Nadie entre los diez opinó nada al respecto. "Tampoco estamos para defender al prójimo", dijo después a este diario uno de ellos.

La conversación fue amable. "No tengo nada contra ninguna empresa", les dijo el Presidente. La sentencia explicaba por fin el real motivo de un encuentro que, al arrancar, el anfitrión había introducido como "una charla de amigos". La iniciativa, cuyo armado le fue encargado a Gustavo Beliz, apuntó a acortar distancias y apaciguar temores. Probablemente pensando en el futuro: los efectos económicos del Covid-19 serán tan devastadores que habrá que recurrir a algo más que a la asistencia estatal. Aunque dentro del Frente de Todos haya quienes llegaron a entusiasmarse con el usufructo de esos subsidios para avanzar sobre las acciones de las compañías. El jefe del Estado no esquivó el tema. Empezó hablando de aquellos dirigentes que "tuitean cosas que el Gobierno no piensa" y, después de explayarse un rato al respecto, nombró a la diputada bonaerense Fernanda Vallejos, partidaria explícita de aquella propuesta: dijo que no representaba la opinión del Poder Ejecutivo.

El virus no permite internas. Lo había expuesto él mismo dos días antes en Pilar, durante la inauguración del Hospital Solidario Covid-19 de la Universidad Austral, una iniciativa que costó 270 millones de pesos y se hizo con el aporte de 39 empresas. "Dios no nos perdonaría que tengamos diferencias ante una emergencia como la que tenemos", dijo. Urgencias del lugar y el momento histórico. Los líderes globales intentarán sortear esta crisis mediante crédito e inversión, pero la Argentina no tiene por ahora ni lo uno ni lo otro. Países como Perú, que vienen gastando alrededor del 12% de su PBI para atenuar los desastres de la pandemia, pueden endeudarse a tasas del 2,5%. Es entendible entonces que el Presidente haya empezado a pensar en un horizonte que en el encuentro de Olivos llamó "el modelo pos pandemia".

La idea inicial del Gobierno era convocar al Grupo de los Seis, que nuclea a los sectores más relevantes de la economía. Pero hubo quienes creyeron más representativo hacerlo con dueños de compañías y le encargaron entonces el reclutamiento a Acevedo. Fue él, además, quien asumió primero el mayor apuro de los invitados: están inquietos por el recrudecimiento del cepo cambiario. Los perjuicios de esas nuevas restricciones, que fueron tema excluyente de conversación empresarial durante el último fin de semana y que llevaron a varios a enviarle un memo a Miguel Pesce, presidente del Banco Central, fueron vueltos a tratar horas después, en una declaración de la entidad monetaria: estaría dispuesta, dijo, a revisar la norma si traba importaciones. "Como desarmaron la gerencia de cambios, no tenemos con quién hablar en el Central y a veces desconocemos la letra chica", se quejó a este diario uno de los asistentes a Olivos. En Olivos, el Presidente no despejó dudas al respecto: se limitó a contestarles que eran medidas temporarias para resguardar divisas mientras no estuviera resuelta la renegociación de la deuda.

Así está la atmósfera entre el Gobierno y el establishment económico. Alberto Fernández deberá edificar la salida de la cuarentena sobre los cimientos de una relación fría. El lunes, en Pilar, empezó agradeciéndole el hospital al sector privado. En el auditorio, sentado en tercera fila, casi de incógnito y detrás de un barbijo, lo escuchaba Paolo Rocca. Techint fue, con 60 millones de pesos, insumos y la mano de obra de 20 ingenieros, el mayor aportante de la iniciativa, que sus accionistas consideran pertinente por estar cerca de su planta de Campana. Dicen que el Presidente y el empresario se saludaron, pero que no se detuvieron a hablar. Quienes buscan mejorar la relación entre ambos no descartan un encuentro próximo. Habrá que trabajar. Cuando subió al atril, el jefe del Estado no lo mencionó: valoró positivamente a quienes sostienen el hospital, a la universidad, al intendente Federico Achával y a Axel Kicillof. "Celebro que exista una fundación como Pérez Companc y que haya empresas privadas que hayan hecho el esfuerzo por construir esto", dijo. Expuso unos diez minutos y, al terminar, incluyó otra referencia a Francisco. "Hablo con cierta frecuencia con el Papa. Él tiene una idea que yo comparto y es que nadie en este mundo y en este tiempo se salva solo. Todos necesitamos del otro. Los que más necesitan y los que más tienen pueden unirse junto al Estado para hacer una sociedad más justa", dijo. Era, calcada, la idea de su tuit del 29 de marzo.

Francisco Olivera  
Ilustración: Sebastián Dufour

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