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Viernes, 01 Octubre 2021 10:18

Un Gobierno enfrentado: el tango feroz de Alberto y Cristina Fernández - Por Carmen de Carlos (ABC – España)

Escrito por Carmen de Carlos

La aplastante derrota peronista en las primarias legislativas desató una crisis en el gobierno argentino que enfrentó a los Fernández y dejó en evidencia lo que ya se sabía, que Cristina manda más que Alberto. En la crisis no cayó ningún ministro ‘cristinista’ y el presidente quedó en una posición muy incómoda. 

Matrimonio político de conveniencia, ella fue la que tomó su mano para llevarle al altar de la Presidencia. Él, eterno vasallo de su amo primero (Néstor Kirchner) y de su jefa después (Cristina Fernández), ni en el mejor de los sueños se habría imaginado como presidente en la Casa Rosada, como jefe del estado argentino. La magia de una mujer calculadora, estratega y con escasos escrúpulos cuando se trata de alcanzar y mantener el poder (y el dinero), hizo realidad aquella ilusión que hoy se ha convertido en una pesadilla para ellos y para el pueblo argentino.

Alberto y Cristina Fernández, tras la aplastante derrota en las primarias que anticipan, salvo sorpresa, un horizonte negro en las elecciones legislativas de medio término (el 14 de noviembre), ya no son la pareja bien avenida que simulaban ser. La derrota en 16 de las 24 provincias argentinas o los cuatro millones de votos que fueron suyos y les dieron la espalda, lograron terminar con lo que, en verdad, nunca hubo: pasión, lealtad, compenetración, sentido de Estado y respeto mutuo.

En palabras de la vicepresidenta, se habrían orquestado «operaciones de prensa en el entorno presidencial» contra ella para convertirla en un cero a la izquierda, algo insufrible para una mujer acostumbrada a mandar.

Los primeros indicios de que lo que había entre ellos -sometimiento de él y ordeno y mando de ella- se había roto, se apreciaron en las imágenes de los dos juntos tras «semejante catástrofe política», como calificó la derrota en las urnas la viuda de Néstor Kirchner. El segundo, fue un audio de Fernanda Vallejo, la diputada ‘ultracristinista’ donde lo más suave que decía del presidente de Argentina era que es «un ocupa», «mequetrefe» y un «enfermo».

El mensaje -un monólogo con apariencia de conversación telefónica- no estaba encerrado en una botella o encriptado, deliberadamente se fabricó para que corriera como un virus y se transformara en pandemia nacional y popular.

Sin aparente acuse de recibo por parte del Jefe del Estado, otra evidencia de mayor impacto de que se avecinaba una versión criolla de ‘La guerra de los Rose’, se produjo apenas tres días después del soponcio de las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias). Los ministros y secretarios de Estado ‘cristinistas’ del Frente de Todos, anunciaron que abandonaban el barco de Alberto Fernández.

La jefa, con la sabiduría que da haber chapoteado durante toda una vida en los charcos de la política argentina, les había instruido para presentar su dimisión pero, como hacen los adúlteros profesionales, no debían dejar nada por escrito. El presidente se enteró del desplante, ultimátum o la rebelión a bordo, por los medios de comunicación.

Alberto y Cristina Fernández, tras la aplastante derrota en las primarias que anticipan, salvo sorpresa, un horizonte negro en las elecciones legislativas de medio término (el 14 de noviembre), ya no son la pareja bien avenida que simulaban ser

El abismo que se había abierto entre los Fernández iba a tener otro capítulo, ‘la carta de Cristina’. Lejos de la película de William Wyler, en ella la autora liquida -aunque lo niegue- políticamente al presidente de Argentina. Le reprocha su gestión en, prácticamente, todos los ámbitos de Gobierno y anticipa que el nuevo jefe de Gabinete, Juan Manzur, ex ministro suyo, debería ocupar ese cargo porque ese era su deseo.

El movimiento desató la furia de los ministros peronistas leales al presidente y lo nunca visto, el resto del Gabinete salió a manifestar públicamente su respaldo a un hombre abatido, sin partido propio ni carisma que exhibir en situaciones límite (y en las otras, tampoco). Surrealismo en estado puro.

Como en Malvinas, la guerra no fue declarada pero los cadáveres políticos llegarían sin tregua. Alberto no dio la batalla que se puede esperar de un estadista. Cedió y entregó a media docena de sus oficiales más destacados.

Relevo en pleno viaje

La caída del soldado Solá (Felipe) fue, posiblemente, la más humillante. El exministro de Relaciones Exteriores se dirigía en avión desde El Salvador a Ciudad de México, con la misión de representar al Gobierno en la Cumbre de la Celac (Comunidad de los Estados Latinoamericanos y caribeños), cuando el ring-ring del celular le sorprendió. La conversación transcurrió en términos parecidos a la letra de Pimpinela:

-¿Quién es?

-Soy yo, Santiago Cafiero (ex jefe de Gabinete al que Vallejo había llamado «payaso» y que tiene previsto una visita a España).

-¿Qué vienes a buscar?

-A ti, vengo a decirte que dejas de ser canciller.

La siguiente frase no encuentra consenso entre las fuentes consultadas pero la pregunta inmediata de este histórico peronista tiene consenso:

-¿Sabes quién me reemplaza?

-Sí, yo.

En total, media docena de ministros -y otros cargos- cambiaron, pero en la ‘volteada’ no cayó ninguno de los ‘cristinistas’ que habían renunciado de palabra. Tampoco Martín Guzmán, el ministro de Economía que la vicepresidenta tiene enfilado, aunque en la carta negó haber pedido su cabeza. Eso sí, insiste en que en reiteradas ocasiones le dijo al otro Fernández que «se estaba llevando a cabo una política de ajuste fiscal equivocada que estaba impactando negativamente en la actividad económica y por lo tanto, en el conjunto de la sociedad».

Dicho esto, le reprochaba: «Falta ejecutar el 2,4 por ciento del PIB, más del doble de lo ejecutado y restando sólo cuatro meses para terminar el año con pandemia y delicadísima situación social. No estoy proponiendo nada alocado ni radicalizado», manifestó poniendo en entredicho la gestión y la autoridad del presidente.

A todas luces parecía que, una vez más, se había impuesto el criterio de ella pero la puesta de sol no existe sin la oscuridad de la noche y ésta la mostraría la llamada liga de gobernadores que, con sus más y sus menos, escenificó un frente solidario con Alberto Fernández. Dicho de otro modo y sin carta, había un mensaje para la mujer que llegó a concentrar más poder que la propia Eva Perón: nosotros también decidimos quién y cuándo manda. Los caudillos peronistas se resisten a un revival de CFK, siglas por las que todavía se identifica a la vicepresidenta.

La posibilidad de una renuncia/desplazamiento de Alberto Fernández sobrevolaba y sobrevuela en los círculos políticos. De producirse, sería la primera vez que un peronista (aunque lo sea de última hora) tuviera que salir en helicóptero de la Casa Rosada como el radical Fernando De la Rúa o su compañero de filas, Raúl Alfonsín, invitado sibilinamente por Carlos Menem a hacerlo -sin respetar los tiempos constitucionales- una vez que se convirtió en presidente electo. CFK había ganado esta batalla, pero no tenía a todas y todos con ella. Desde la muerte de Néstor Kirchner, era la primera vez que le habían puesto un límite.

Grupos de manifestantes protestan frente a la Casa Rosada de Buenos Aires contra el Gobierno de los Fernández por el manejo de la pandemia y en memoria de los fallecidos por Covid-19

Grupos de manifestantes protestan frente a la Casa Rosada de Buenos Aires contra el Gobierno de los Fernández por el manejo de la pandemia y en memoria de los fallecidos por Covid-19 - EFE

Un tercer Fernández

«¡Nunca más me voy a pelear con Cristina!» La promesa pública de Alberto Fernández se repitió en la campaña de 2019. El estribillo se colaba en las entrevistas después de que su pareja de este tango feroz, en una jugada que parecía maestra, lo eligió para compartir fórmula presidencial cediéndole el primer puesto. La decisión de Cristina Elisabet Fernández, de 68 años, no fue un acto generoso sino de conveniencia y… supervivencia (judicial). La totalidad de los pronósticos anticipaban que bajo ningún supuesto la madre de Máximo Kirchner, podría conseguir los votos necesarios para convertirse, por tercera vez, en presidenta. Con todo, Alberto estaba en deuda con ella y así se lo recordó en el último párrafo de esa carta que pasará a la historia: «Cuando tomé esa decisión y lo hago en primera persona del singular porque fue realmente así, de proponer a Alberto Fernández como candidato a presidente de todos los argentinos y las argentinas, lo hice con la convicción de que era lo mejor para mi patria. Sólo le pido al presidente que honre aquella decisión…»

‘Reina Cristina’, título con el que Olga Wornat hizo feliz a la vicepresidenta al escribir su biografía, hoy se da cuenta de que en política las fórmulas para honrar las deudas son infinitas y la satisfacción al saldarlas, rara vez es completa. En cualquier caso, sabe que logró dejar a los suyos en el Gobierno (el presidente dudó pero cedió) y ha sumado a otros de su confianza, si este término existe en el léxico del kirchnerismo.

Por si dos Fernández fueran poco la vicepresidenta colocó a un tercero y viejo conocido: Aníbal Fernández, posiblemente el hombre que más veces ha sido ministro (seis) y alcanza una docena completa de cargos públicos. Provocador, irónico, con cierto parecido -sin bombín- al Fernández que inventó Hergé en los cómics de Tintin, el actual ministro de Seguridad tiene una enorme habilidad para desconcertar a la prensa y torear a la oposición, pero le persigue la sombra del llamado ‘triple crimen de General Rodríguez’, localidad bonaerense donde aparecieron muertos y torturados tres traficantes de efedrina, elemento imprescindible para la elaboración de cocaína.

‘Reina Cristina’, título con el que Olga Wornat hizo feliz a la vicepresidenta al escribir su biografía, hoy se da cuenta de que en política las fórmulas para honrar las deudas son infinitas y la satisfacción al saldarlas, rara vez es completa

Paz en el campo

Con su habitual estilo, el último Fernández se estrenó en el cargo negando la mayor. «¿Qué elección se perdió? Si nosotros no perdimos contra ellos», en relación a que había una lista única del Frente de Todos, en las primarias.

Entre los nuevos que responden a la otra Fernández, además de Manzur (habrá que ver hasta dónde), resurgía del ostracismo, entre otros, Julián Domínguez, ex ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca que ocupó esa cartera durante una etapa del Gobierno de Cristina Fernández. Hombre de buenos modales y con experiencia en un sector determinante para la economía argentina, llega en un momento delicado. El campo y los gobiernos kirchneristas se aliñan como el agua y el aceite. La vicepresidenta no olvida que en 2008, con su presidencia recién estrenada, estuvo a un paso de dimitir tras una de las pocas guerras que perdió al intentar aplicar un régimen de retenciones (impuestos previos) a las exportaciones de soja, trigo y maíz, que desató movilizaciones, paros y bloqueo de carreteras en todo el país durante un conflicto que se extendió por 129 días.

«Sé que gobernar no es fácil y la Argentina menos todavía. Hasta he sufrido un vicepresidente declaradamente opositor a nuestro Gobierno. Duerman tranquilos los argentinos y las argentinas… eso nunca va a suceder conmigo», manifestaba Cristina Fernández en uno de los párrafos que, quizás, sería ejemplo para explicar el significado de oxímoron. Simultáneamente, borraba su apellido de soltera en su cuenta de Twitter y recuperaba el de casada: Kirchner.

«Los Fernández son muy amables, recogida a domicilio…». La letra de la publicidad posiblemente más pegadiza de la radio en España, difícilmente podría emitirse en Argentina en este momento. Las espadas siguen en alto y al primer Fernández lo único que debe haberle hecho sonreir en estos tiempos es la noticia de que su pareja, Fabiola Yáñez, está embarazada. El comunicado ya es oficial y según los periodistas de la prensa rosa, podrían ser gemelos. Es decir, dos Fernández más llegarían a esta Argentina en caída libre.

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