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Domingo, 10 Octubre 2021 22:42

Brancatelli y las cartas del feminismo - Por Karina Mariani

Escrito por Karina Mariani

En el juego de poder llamado Socialismo del Siglo XXI la carta del FEMINISMO es una de las más usadas, sin embargo, es la más débil. Cualquier otra carta del juego mata FEMINISMO, por ejemplo: 

INDIGENISMO mata FEMINISMO

 

ECOLOGISMO mata FEMINISMO

FORO DE SAN PABLO  mata FEMINISMO

MULTICULTURALISMO mata FEMINISMO

y así con todas las cartas. Veamos:

Mavys Álvarez era una adolescente viviendo en un país cuyo mecanismo de ingreso de divisas más importante era la prostitución cuando conoció a Diego Maradona. Mavys había nacido en cautiverio, era cautiva de la dictadura comunista que había sembrado el terror y la sangre en su continente.

Mavys era una cubana más de los millones de cubanos encerrados y hambreados y perseguidos y torturados. Y debido a su edad jamás conoció otra cosa. Mavys, una niña de 16 años sin derechos y sin protección, entregada por su país y por su sociedad, en una complicidad instrumental resignada a la pedofilia y a la explotación sexual.

Diego Maradona, el renombrado futbolista argentino la usó sexualmente a sabiendas de las infernales condiciones de su existencia. Por años. Además del abuso sexual la introdujo en el consumo de drogas y en algunos daños más. Estos son los hechos por los que Maradona jamás pagará. El mundo permitió que muriera rodeado de homenajes por su habilidad de jugar al fútbol y por haber elegido el lado correcto en el relato progresista.

Dictadura de género

Vivimos en un incesante postureo feminista. Los dineros públicos destinados a cuestiones de género superan en largo a los de seguridad y otras funciones del Estado que no alcanzan el etiquetado de la corrección política. Tenemos verdugas de género ejerciendo la censura castrante en medios públicos y privados, tenemos adoctrinamiento cultural y educativo que sostiene que un hombre es malo si se sienta con las piernas abiertas o si le indica a una mujer donde queda una calle.

En Argentina no existe la igualdad ante la ley y en cambio existen delitos cuya condena es mayor dependiendo del sexo. Tenemos reglamentaciones que adoctrinan sobre la idea de que todo varón es potencialmente un ofensor que debe sentirse culpable por el solo hecho de serlo. Los juicios de las brujas de Salem son ejemplo de ecuánime objetividad jurídica al lado de la dictadura de género argentina.

Curiosamente en un país que se muestra tan amoldado a la supremacía feminista, el abusador de menores y golpeador de mujeres Diego Maradona es ídolo, tanto así que en pleno confinamiento se le realizó un velatorio multitudinario a cargo del gobierno kirchnerista. Luego de la muerte del chacal, porque todo abusador de menores lo es, Mavys Álvarez decidió contar el infierno vivido y avalado por el dictador cubano Fidel Castro de quien Maradona fuera hábil y pertinaz propagandista. De la relación Castro-Maradona ambos sacaban sólidos beneficios, ¿qué podría hacer Mavys para escapar de las garras de su explotador sexual en Cuba?

Ante el escándalo de lo denunciado por Mavys, en el programa Intratables el panelista, militante y funcionario kirchnerista Diego Brancatelli salió en defensa del futbolista fallecido con varios interrogantes destinados a culpar a la niña de 16 años violada y drogada. Sus argumentos fueron: “¿Qué habría pasado si Diego estuviera vivo hoy?

Me parece que todo esto no hubiera pasado. Ella esperó a que Diego no estuviera para no poder contrastar las versiones. ¿Qué hubiera pasado si Diego le hubiera dejado 1,5 millones de dólares? ¿Haría la denuncia, estaría dolida moralmente por lo que sucedió?”. Las nauseabundas preguntas de Brancatelli no movieron un solo tornillo de los múltiples sillones en los que está sentado, el ejército de verdugas de género padece selectivo letargo. Las autoridades del canal tampoco se ofendieron.

Los compañeros de programa del justificador Brancatelli actuaron una leve protesta como quien hace de cuenta. En el programa estaba el abogado de Mavys que con impecable lógica contestó: “Es cierto que él murió y ella denunció, pero lo que ocurre ahí es que cuando Diego muere y cuando Fidel Castro muere, ella pierde el miedo.

La víctima de un abuso sexual muchas veces espera un espacio de seguridad. Ella lo contó cuando su abusador murió”. Lo que el abogado relata es una constante en los casos de abusos contra niños. Frecuentemente cuando el abusador muere, o está en eso, es que la víctima logra perder el miedo al poder que la bestia imprimía sobre ella. Sobran los ejemplos de los adultos que han denunciado de grandes las atrocidades vividas de niños. Claro que esto no es algo que pueda entender un alma putrefacta.

Ante lo explicado por el abogado, los impasibles protagonistas del programa dieron lugar a que siguiera la agresión. Entonces Brancatelli les preguntaba con sorna: “¿Diego es un abusador?”, (se ve que para Brancatelli no quedaba claro que un tipo de 40 años ultrapoderoso e íntimo amigo del dictador que gobierna el país durante medio siglo y que usa a una nena de 16 años a la cual también droga sea un abusador). Como le parecía una relación sanísima continuó: "Quiero saber al igual que todos ustedes qué fue lo que sucedió y qué rol tuvo cada uno en esta historia (porque no entendía, se ve, cuál era el rol de un tipo que tiene sexo con una nena hambreda de 16 años), ¿Ella está dispuesta a firmar un documento donde no quiere nada de Diego, ni de la herencia ni de la serie?”. Allí el conductor del programa, como quien habla del precio de la lechuga le preguntó: ¿Para vos es por plata, Diego?”, y Brancatelli contestó “Para mí es por plata”.

La esencia K

Si tuviéramos que condensar la esencia del relato kirchnerista en un solo frasco, ese frasco sería Brancatelli. Todo el postureo feminista, toda la victimización instrumental ha pasado por sus presentaciones mediáticas. También la impostura setentista, cosa que nos hace pensar que tal vez Brancatelli piense que las denuncias contra los miembros de las FFAA durante la última dictadura “son por plata” siguiendo su razonamiento.

Sin embargo, Brancatelli es un grano más, desagradable pero pequeño de la gran mentira progresista según la cual toda violación es rechazable, salvo que nos guste mucho el victimario o no nos guste la víctima. Esta parece ser la consigna. Continuando con los ejemplos de la miserabilidad, en estos días la Ministra de Igualdad del Gobierno Español, la podemita y activa militante del feminismo radical Irene Montero, se negó a condenar una agresión sexual perpetrada en Reus donde Judith M. R., de 30 años, denunció haber sido agredida sexualmente por tres jóvenes por llevar una camiseta de VOX.

La agresión sexual múltiple cometida el pasado 21 de septiembre ocurrió pasadas las 20.00 horas, cuando dos personas la agredieron diciéndole ‘esa camiseta te la tienes que quitar’, ‘si no se la quita ella se la quito yo'. Judith M. contó que le rompieron la camiseta que llevaba y los pantalones, mientras uno de ellos la mantenía cogida por el cuello, alguno de los otros dos le introdujo un objeto que no pudo precisar por su vagina haciéndole mucho daño. Ella pataleó muchísimo y le dieron un golpe en la cabeza y en ese momento perdió la noción del tiempo.

Ante este hecho la ministra dedicada a asuntos de género no condenó la violación sufrida por una simpatizante de VOX y eso que le preguntaron varias veces. La podemita no es esquiva al pronunciamiento público, de hecho escribe comentarios en sus redes sociales ante cada denuncia femenina que lleve agua para su molino. Cultora del #YoSiTeCreo, en este caso y tratándose de una simpatizante de VOX prefirió la elusión. Los medios que se atrevieron a interrogar a la poderosa ministra sobre el caso de Reus obtuvieron la siguiente respuesta: “Condeno el fascismo. El fascismo que se ejerce desde los medios de comunicación que intentáis aprovechar ese hueco para dañar a la democracia. Lo condenó firmemente y creo que nuestra democracia necesita ser defendida de personas que utilizáis al periodismo para difundir bulos y noticias falsas”.

El aparato socialista

No es la primera vez que la Ministra de Igualdad, representante del integrismo feminista, acomoda el relato a las necesidades del aparato socialista. Recientemente ha declarado que las mujeres sometidas al régimen de los talibanes en Afganistán son exactamente iguales que las españolas, porque las mujeres "al final", aseguró, "están sometidas a un mismo sistema". Vale decir que para Irene es lo mismo la tortura, la lapidación, la violación, la mutilación y la anulación de la condición humana de las mujeres bajo el régimen talibán que el hecho de que un varón español diga un piropo o abra la puerta del ascensor. De hecho es autora de muchas piezas legislativas en las que se pena el halago e incluso la mirada de un varón, y ha decidido impulsar una serie de medidas legales para impedir las miradas “impúdicas” en los centros de trabajo, salvo que se lleve remera de VOX, en cuyo caso todo mal estará justificado.

Así son las cartas. El feminismo siempre es relegado si algún otro flanco progresista necesita rescate. Los problemas del relato feminista cuando colisiona con alguna otra faceta del identitarismo socialista no son nuevos. Europa viene teniendo este tipo de colisiones desde que las crisis de refugiados generaron nuevas formas de relación interculturales, concretamente ataques en manada a mujeres solas o acompañadas que se disponían a vivir en libertad en países cuyas costumbres no eran compartidas por los nuevos habitantes.

El problema es que la política de adoctrinamiento multicultural no podía mostrar las aristas menos elegantes y eventos de abusos masivos en festividades tuvieron lugar en Suecia desde 2010, incluyendo los escandalosos sucesos de 2014 en el festival Somos Estocolmo donde adolescentes de 14 años sufrieron abusos sugestivamente ocultados de la prensa por las autoridades hasta que estalló la noticia.

Para la misma época, numerosas ciudades alemanas empezaron a transformarse en un infierno para las mujeres en los festejos de fin de año. La eclosión llegó en el año 2016 cuando se conoció en detalle el masivo y organizado ataque contra mujeres. Más de 120 mujeres denunciaron haber sufrido agresiones en Colonia durante la celebración de Año Nuevo. "Nos agarraron de los brazos, nos quitaron la ropa para llegar entre nuestras piernas (...) y llevarse todo lo que teníamos en los bolsillos", explicaban las víctimas a la corresponsal de la BBC.

De acuerdo con la policía de Colonia, un millar de hombres se reunió primero en la explanada frente a la estación de la ciudad en lo que sería "una nueva forma de criminalidad organizada". Después se separaron en grupos de entre 20 y 30 para llevar a cabo ataques que consistían en rodear a mujeres, incluso a aquellas que se encontraban con sus parejas, explicó el jefe de policía Wolfgang Albers. Después les arrojaron fuegos artificiales al cuerpo, "para generar caos y distracción".

Según describió la policía, los atacantes se colocaban delante de la mujer, la rodeaban con las piernas, y la empujaban. Ataques del mismo perfil, se registraron en al menos otras tres ciudades alemanas: Hamburgo, Stuttgart y Düsseldorf. Según la policía los atacantes tenían entre 18 y 35 años, y eran "del norte de África o de países árabes", algo que trataron de ocultar las autoridades y los medios y que desató una gran polémica que salpicaba la política migratoria de la entonces canciller Ángela Merkel. El ministro de Interior Thomas de Maizière criticó con dureza la actuación de la policía, pero la alcaldesa de Colonia, Henriette Reker, se limitó a dar consejos a las mujeres para ese tipo de situaciones. "Siempre es una posibilidad mantener una cierta distancia, de más de un brazo. Y no acercarse mucho a personas extrañas o con quienes no se tiene una buena relación de confianza", y recomendó también permanecer siempre en grupo y no irse "con uno o con otro" o dejarse llevar "por la euforia de la fiesta" concluyó la funcionaria que hizo un descontrolado uso de la teoría de la pollera corta. Curiosa forma de empoderamiento feminista.

Arnold Plickert, jefe del sindicato de policías en Renania del Norte-Westfalia dijo que los crímenes eran "un masivo ataque contra los derechos básicos" y que se debía hacer justicia así hubiera consecuencias "políticamente incómodas" (¿a quién temía incomodar Arnold?). Pero añadió que el público no podía olvidar que "una gran mayoría de la gente que ha llegado lo han hecho porque sus vidas no están seguras en su patria"...

Desechable

Es curioso que, entre las distintas vertientes del relato socialista, sea la carta del feminismo la más financiada y utilizada, pero a la vez la que menos poder tiene. Concretamente el feminismo es desechable, pasa a segundo plano y la condición femenina vuelve a un rol de inferioridad manifiesta si se lo confronta con otras vacas sagradas del imaginario progresista como la dictadura cubana, los ídolos populares comunistas, los movimientos migratorios, el indigenismo, y ni que hablar con el sovietismo.

Porque en esta escueta enumeración de vilezas no podría faltar el filósofo clave del kirchnerismo: José Pablo Feinmann quien defendiera en su columna de Página/12 “Las ruinas de la Historia” la violación en manada de parte de las tropas del Ejército Rojo contra las mujeres en su avance hacia Berlín durante la Segunda Guerra Mundial. Según el análisis de Feinmann, se “dio por sentado una dura venganza de los rusos, entre ellos, violaciones de mujeres cuando entraban en Berlín“.

Existen muchos testimonios, documentos y libros que describen “la violación de mujeres prisioneras de los campos de concentración y de los campos de trabajos forzados”. Gran parte de las violaciones masivas soviéticas tuvieron lugar durante la ofensiva en Cracovia, Poznan, Chestokova, Biala y Radomsko.

En Olsztyn fueron violadas todas las polacas de 9 a 80 años. En Poznan llegó a haber casos de soldados soviéticos que fingían pedir la ayuda de mujeres para asistir a los heridos, para violarlas. Las violaciones no acabaron con el final de la guerra. Hubo una ola de secuestros y violaciones de niñas polacas a partir de 4 años por soldados soviéticos, la mayoría en la primavera y el verano de 1945, pero también a lo largo de 1946 y hasta 1947. Más de 100.000 violaciones provocaron una pandemia de enfermedades venéreas.

A este ejército de exterminio sistemático José Pablo Feinmann justificó en su texto con un: “¿Que esperabas?… El odio por las atrocidades de los nazis en la campaña rusa ha excedido las órdenes de templanza”. La reivindicación de estas atrocidades constituye una miseria política que no puede ser pasada por alto. Tampoco se conocen las reacciones, citaciones, condenas ni repudios de los sensibilizados por los padecimientos de género hacia los dichos de Feinmann. El Ministerio de la Mujer enmudece cuando se agrede a mujeres si las mujeres no les caen simpáticas y mucho menos si los agresores son sus aliados.

La sumisión de las feministas rentadas y los colectivos feministas militantes frente a la manipulación de su causa sacrosanta no hace más que reflejar la hipocresía crematística de su fundamento. O, para decirlo en criollo: el feminismo que estamos pagando con nuestros impuestos es una mentira cara y burda. En ese contexto, el accionar de Brancatelli cobra mayor sentido, él sabe cómo se juega al juego del progresismo, sabe que es todo una escenografía y que nadie va a defender a Mavys. Sabe que la carta del FEMINISMO no vale nada.

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