Domingo, 16 Mayo 2021 10:17

La oposición más fuerte al Gobierno está adentro y no para de crecer - Por Nicolás Wiñazki

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Cruces entre Massa y Guzmán. El asedio de Máximo Kirchner y los costos que paga Alberto Fernández por el ruido interno.

Hace tres semanas, en una reunión en la Casa Rosada en la que se discutía el proyecto de ley para un nuevo impuesto a las ganancias a las empresas, el ministro de Economía, Martin Guzmán, empezó a sentir la resistencia interna a sus modos y métodos de un sector relevante de la coalición de gobierno. El encuentro, en el que se discutían porcentajes que las Pymes deberían pagar por ese tributo, fue liderado por el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero. En la mesa protagonizaban la discusión la senadora K Anabel Fernández Sagasti; el presidente de la Comisión del Senado, Carlos Caserio; el diputado que ocupa el mismo cargo en la Cámara baja, Carlos Heller; la titular de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont; el secretario de Ingresos Públicos, Roberto Arias; y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa.

Guzmán intentaba imponer que las pequeñas y medianas empresas que ganan 2 millones de pesos al año tributen 35 por ciento de esos dividendos. La posición de buena parte del resto de sus interlocutores le explicaron que así 110 mil comercios y pymes se verían afectados por un impuesto demasiado alto. Guzmán insistía. Massa permanecía en silencio hasta que no pudo más: “Martin, las pymes afectadas por el proyecto deberían ser las que ganan más de 5 millones de pesos años y el porcentaje de pago debería ser del 25 %”. Guzmán usó entonces un argumento más político que técnico: “Bajar impuesto es hacer macrismo”. Y agregó: “Eso no estaba incluido en nuestro contrato electoral”.

Massa elevó la voz: “Flaco, ¿qué te pasa? Cuando nosotros hicimos el contrato electoral vos estabas en los Estados Unidos dando clases”. Guzmán calló. Massa siguió: “¡Si querés política, no va a pasar en esta mesa! ¡Si tantas ganas tenés te consigo un megáfono y salí al balcón a dar discursos”!

Guzmán calló todavía más, si el que el silencio puede medirse con diferentes intensidades. El proyecto se dio vuelta. No será como lo había ideado... el ministro de Economía de la Nación, Guzmán. Los detalles de esa reunión fueron relatados después a la vicepresidenta Cristina Fernández. Vendrían resistencias desde el propio poder aún más intensas que este debate fuerte y perdido por él sobre cómo y a quién cobrarle la modificación de un impuesto. Pasaron pocos días cuando dejó el ministro dejó trascender que le había pedido la renuncia a uno de sus subalternos, el subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo. Como con el proyecto de ley de ganancias para las pymes, el titular de Hacienda debió ceder a las presiones gubernamentales internas que diseña como titular del Senado Fernández (Cristina).

El asedio del “cristinismo” a Guzmán continúa y hasta se profundiza. Pero no es el único ejemplo de la dinámica en la que entró el oficialismo, de modo explícito, en el último mes. La oposición más fuerte que sienten desde el propio presidente Alberto Fernández hasta ministros nacionales, secretarios de Estado, intendentes o gobernadores peronistas proviene desde el Frente de Todos. El clima entre la Casa Rosada, la vice Fernández y la agrupación La Cámpora, que lidera su hijo, Máximo Kirchner, ya no se discute en la privacidad de la sede de Gobierno, la Quinta de Olivos, o las oficinas de trabajo de Fernández (Cristina).

Se oposita muy fuerte, desde adentro, de modo salvaje.

Antes las críticas internas trascendían en los medios por declaraciones de funcionarios bajo anonimato. Ahora son replicadas por voceros, directamente, en público. Se entró en una nueva fase con final desconocido.

El Presidente paga los costos de ese avance de aliados, sin pausa y con prisa, de La Cámpora, Kirchner, y la vice Fernández. Resiste y contraataca como puede, pero el clima en el poder cambió.

El jueves por la noche, cuando faltaban pocas horas para que el ministro de Economía y el propio presidente se reunieran en Roma, Italia, con la titular del FMI, Kristalina Georgieva, el senador más leal y obediente a la vice, Oscar Parrilli, logró que la Cámara alta aprobase un proyecto de declaración para que el giro extra por pandemia de 4300 millones de dólares que el FMI transferirá a la Argentina. Guzmán había declarado que se usarían para pagar parte de la deuda con ese organismo de crédito con el negocia una baja en las condiciones de pago que el país le debe a ese organismo con sede en Washington. Parrilli dejó asentado que la mayoría automática K del Senado considera que esos fondos multimillonarios se inviertan para combatir la crisis económica nacional con planes para combatir la pobreza.

La contradicción con lo que trabaja Guzmán con el FMI con esa declaración senatorial K fue tan notoria que el senador opositor Martin Lousteau fue el que intentó imponer coherencia a lo que estaba pasando. Tomó la palabra y dijo: “Es mucho más fácil llamarlo por teléfono a Guzmán, porque imagino que tienen el WhatsApp”. Y agregó: “Pretender que esto no es una señal de algún tipo hacia adentro de la coalición de gobierno es un poco raro”.

Otro obstáculo a Guzmán, provocativo, lo impulsó el propio Kirchner. El ministro de Economía había dejado trascender que despidió a Basualdo porque su plan era subir las tarifas de la luz dos veces al año y en un porcentaje de dos dígitos. La medida se frenó por decisión de la vice Fernández.

Y su hijo contraatacó: propuso bajar la tarifa de gas a diferentes distritos cuyos habitantes consumen gas debido a que el clima es más frío que en otras partes del país: usando un esquema que ya existía para beneficiar a esos usuarios de la llamada “zona fría” se buscan ampliar a otras provincias que son las patagónicas: Mendoza, San Juan, San Luis, Salta y más de cincuenta municipios de Buenos Aires.

Entre los intendentes bonaerenses del oficialismo llamó la atención la elección de algunos de los distritos elegidos por Kirchner para aplicar su plan de baja de tarifas, y no de subas, como quería Guzmán. Varios jefes comunales del PJ de Buenos Aires le indicaron a Clarín que algunas de las localidades que incluyó Kirchner en su plan son aquellas en las que gobierna el oficialismo o en las que La Cámpora aspira a ganar porque tiene en esos territorios dirigentes con peso político. Decenas de periodistas recibieron el jueves a las once de la noche el proyecto de Kirchner con un listado de dirigentes que se sugería llamar para conocer más al respecto. Un solo ejemplo entre varios: en Necochea el referente para explicar la rebaja propuesta por Kirchner es Andrea Cáceres, la presidenta del Concejo Deliberante. Milita en La Cámpora.

Guzmán no hizo declaraciones al respecto. Volvió ayer del viaje oficial que encabezó el Presidente por Europa. El mandatario dejó trascender que respaldará a su ministro.

Mientras tanto, referentes K, como el dirigente social Juan Grabois, líder de la agrupación de trabajadores informales CTEP, criticó la política social del Gobierno que aumentó los fondos que se depositarán en las tarjetas Alimentar, que además se ampliaron para madres que tengan hijos de hasta 14 años.

Grabois dijo que esa política era “estúpida”. Y dijo del Presidente: “Yo siento cierto malestar con Alberto”.

El “complot” contra ministros que responden al Presidente llegan desde otros sectores del oficialismo.

El nuevo ministro de Trabajo, Alexis Guerrera, juró para asumir el cargo y explicó que el Gobierno realizará una nueva licitación para que privados controlen la Hidrovía, es decir, el río Paraná por el que navegan los barcos que cargan la mayor cantidad de exportaciones de la Argentina. Allegados a la vice Fernández reclamaban una estatización de esa concesión que consideran crucial para la soberanía de la República. Guerrera prepara en rigor una licitación con muchos mayores controles del Estado sobre las empresas privadas que manejen la Hidrovía. La Asociación de Madres de Plaza de Mayo, emitió un comunicado oficial sobre el caso. Lo firma su titular, Hebe de Bonafini, que en el último párrafo le dice a Guerrera que afirma que “lamento que usted ocupe ese ministerio habiendo tantos políticos probos para ese cargo”.

Otro ejemplo de la oposición interna que se ocupa de temas menores, pero es demostrativa de lo que pasa dentro del Gobierno. El 7 de mayo, el presidente del PJ de Buenos Aires, que resiste que Kirchner asuma en ese cargo, difundió un video para celebrar el 102 aniversario del nacimiento de Evita. Usó para las imágenes al edificio donde funciona el Ministerio de Desarrollo Social y el Ministerio de Salud, donde en dos de sus frentes se instalaron gigantografías de Eva Perón. El video mostraba a Gray moviendo una gran bandera en la terraza de esa construcción emblemática. La cúpula de La Cámpora enfureció por la provocación. Investigaron si Gray había entrado a ese edificio público. El ministro Arroyo debió abrir sumarios internos para saber quién le había abierto la puerta para hacer ese spot. La Cámpora difundió luego que Gray no había ingresado al edificio porque la imagen donde se lo ve en la terraza era un montaje. Lo es. Pero hubo tomas originales que se descartaron en la edición en las que Gray estaba en lo más alta de esos dos ministerios. Hay documentos visuales al respecto.

Ayer, artistas K como la actriz Anabel Cherubito expresaron en Twitter críticas contra Alberto Fernández. Incluso periodistas oficialistas se animan ahora a expresar críticas al mandatario.

¿Cómo reaccionará Fernández (Alberto)?

En las charlas que suele tener con Cristina, la única que a veces alza la voz no es solo ella. Él también.

Nicolás Wiñazki

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