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Miércoles, 29 Septiembre 2021 12:14

Romina Picolotti, condenada 15 años después: la otra historia detrás de la corrupción - Por Ricardo Roa

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La secretaria de Medio Ambiente jugó un rol clave en la absurda pelea contra Botnia. La Argentina perdió el tren de la industria forestal mientras Uruguay va por su tercera pastera. Da trabajo y exporta.

Quince años atrás el kirchnerismo estaba buscando banderas. No hace falta ser muy veterano ni ser demasiado despierto para recordarlo. Para arroparse de peronismo, volteaba las de Menem y las de Duhalde. Necesitaba propias. Ya se había adueñado de la de los derechos humanos. Y en Gualeguaychú encontró otra para falsear: la de la defensa del medio ambiente.

¿Cuánto se avanzó en ese cuidado fuera de los discursos? La historia de Romina Picolotti da la respuesta: larguísimos años después ha recibido una condena por defraudar a la administración pública, viejo y usado eufemismo para no decir defraudar al país, a la gente: tres años de prisión en suspenso y la devolución de siete millones de pesos.

Picolotti usó poco de su presupuesto en trabajo y mucho en viajes y gastos personales. Pero ese es el delito de superficie. Por debajo, hubo otra defraudación con el gobierno kirchnerista como cómplice. Se bastardeó la ecología con acusaciones a Uruguay de corromper con una pastera las aguas del río de frontera. Una asamblea de vecinos anunciaba que vendría un Apocalipsis ecológico; que la pastera en construcción ya contaminaba, aunque no estuviera funcionando. Era una contaminación metafísica.

Se habían convencido de que los uruguayos de Fray Bentos habían decidido envenenarse y envenenarnos y por nada del mundo iban a cambiar, aunque todos los estudios técnicos demostraran lo contrario. Y a falta de pruebas, se radicalizaron.

Ya casi nadie habla de Botnia desde que se probó que nosotros de este lado contaminamos el río más que ellos del otro. Pero en esos días convocaban multitudes sobre el puente. Cayó Kirchner y malvinizó el conflicto. Dijo que Gualeguaychú “era una causa nacional”. El gobernador Busti agregó que se había agotado la vía diplomática. Empezaba el simulacro de otra lucha heroica.

Alberto Fernández, jefe de ministros de Kirchner, se llevó a la abogada Picolotti desde Gualeguaychú a la Rosada y le puso a disposición un organismo que había funcionado más o menos bien en el Ministerio de Salud. El responsable era Atilio Savino, un especialista que reportaba al ministro Ginés González García. Ninguno de ellos avalaba la idea de patotear al Uruguay agitando el nacionalismo. Kirchner los corrió y le pasó la posta a Fernández, y así Picolotti pasó sin escalas de apoderada de los piqueteros a nueva secretaria nacional de Medio Ambiente, directamente en la órbita de la Jefatura de Gabinete.

El conflicto escaló hasta niveles desopilantes. Cinco años de denuncias y de peleas y de un puente internacional bloqueado. Como si fuera un territorio libre, los piqueteros decidían quién y cuándo podía cruzarlo. Jefes de las fuerzas armadas uruguayas le plantearon al presidente Vázquez hacer una guerra de guerrillas contra la Argentina.

En medio de esos episodios surrealistas, hubo mediación del rey de España y un fallo en nuestra contra de la Corte de La Haya. ¿Y qué falló Cristina, ya presidente?: que “nos habían dado la razón”. Los piqueteros pidieron la intervención de Chávez, “que se anima a enfrentar el poder económico mundial”. La pastera ya era una confabulación internacional.

Despilfarramos fortunas en contratos de asesores y reuniéndonos con nuestros vecinos en Nueva York. Una supuesta abuela unibomber dijo que se iba a inmolar en Botnia, según The Washington Post. La fake se la había dado el esposo de la Picolotti. Un sainete con una consecuencia gravísima: desperdiciamos otra oportunidad para la industria forestal, que la aprovechó Uruguay.

Botnia (hoy UPM) lleva 14 años produciendo 1,3 millones de toneladas. Da trabajo y exporta. En Conchillas, frente a nuestro delta, Montes del Plata produce 1,4 millones y arranca una tercera planta, en el río Negro, con 2,1 millones. Casi 5 millones de toneladas entre las tres.

La Argentina tiene más potencial que Uruguay, pero produce un millón de toneladas. La misma producción de hace 20 años. La última inversión acá fue Alto Paraná, en 1982. Y la última inversión de Picolotti fue en Palm Beach, donde vive ahora. La corrupción no sólo es cuestión de plata robada.

Ricardo Roa

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