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Domingo, 31 Octubre 2021 08:40

Alberto vs Cristina: el PJ espera una reacción del Presidente frente al avance de La Cámpora - Por Nicolás Wiñazki

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Gobernadores, sindicalistas y dirigentes del peronismo histórico apuestan a que Alberto Fernández reaccionará después de las elecciones y le pondrá límites a Cristina.

El presidente dejó de hablarles a varios de sus ministros. Por ejemplo, ya no se comunica con Martín, el ministro de Justicia. La misma actitud tomó con Luana Volnovich, titular del PAMI y militante de La Cámpora. O con la titular del INADI, Victoria Donda. Menos aún quiere escuchar al ministro de Cultura, Tristán Bauer.

Esos son solo algunos de los funcionarios a los que el Presidente no les perdona haberles presentado la renuncia, para colmo, declinable, el miércoles 15 de septiembre: fue por orden de la vice Cristina Fernández. Habían pasado tres días de la derrota electoral del Frente de Todos en las primarias y esa operación lo presionó para forzar a un cambio de Gabinete pero no como esperaban los K.

Salvo excepciones, como el ministro del Interior, Eduardo De Pedro; o la titular del ANSES, Fernanda Raverta; otros dos que renunciaron y se quedaron en sus puestos; al resto los identifica de modo irónico como “los renunciantes”.

“No los banca más, no puede creer lo que le hicieron”, describe otro ministro leal a su jefe. Lo alivia la llegada del nuevo jefe de Gabinete, Juan Manzur. La presión que los Kirchner ejercieron sobre el Jefe de Estado tras las primarias fue mayor a la que trascendió.

Primero Máximo, después Cristina, le exigieron al Presidente que cambie su Gabinete casi por completo, tal como se reconstruirá más adelante. Aquella crisis de Palacio fue más profunda de lo que sus protagonistas habían logrado mantener en reserva.

En dos reuniones, una en Casa Rosada, otra en Olivos, Fernández analizó con sus leales si realmente debía romper su alianza con los Kirchner. No lo hizo. Pero nadie sabe qué pasará tras las elecciones de noviembre. Ministros, gobernadores; intendentes; otros socios relevantes del Frente de Todos y legisladores; fueron consultados por Clarín para reconstruir cómo se vive esta transición en la privacidad del poder.

El Jefe de Estado desconcierta a la Casa Rosada. Desde que sufrió el asedio K, su ánimo cambió. Pasa más tiempo en la Residencia Presidencial Olivos (RPO). Suspende actos a último momento. O se retrasa horas en llegar a otros donde se había agendado que informaría sobre nuevas medidas.

Para un sector de la dirigencia del peronismo, Fernández es un Presidente demolido por el poder que ejerce en rigor la vice. Pero varios gobernadores; jefes comunales del peronismo bonaerense; los ministros “buenos”; igual que para los gremios de la CGT, la duda existe y se extiende cada vez más: ¿Fernández reaccionará frente al avance de los Kirchner y de La Cámpora?

“Solo depende de él. Creemos que puede rearmar un Gobierno quitándole poder a Cristina, Máximo y La Cámpora”, se entusiasma uno de los pocos dirigentes que lo acompaña casi todos los días en su trabajo. ¿Y si no pasa y él se entrega a lo que decida Ella? Quienes podrían dejar sus cargos son los que no se alinearían a las órdenes de Cristina. El PJ espera una última reacción del Presidente sobre su vice.

Aunque su hijo y La Cámpora envían señales de que aceptarían una autonomía del Poder Ejecutivo.

Esta es una historia con hechos conocidos, pero no tanto y otros hasta ahora secretos.

En un hecho extraordinario, el 14 de octubre pasado el presidente Alberto Fernández encabezó un acto en el sindicato de los gastronómicos, de Luis Barrionuevo. Ambos dirigentes se consideraban adversarios irreconciliables desde hace más de una década.

La Argentina 2021 los unió. No por azar. El ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, un leal amigo de Fernández, conoce desde joven a Barrionuevo. Fue él quien promovió esa reconciliación que se explicitó en el acto del gremio en el que el Presidente anunció una medida del ministerio de Zabaleta: se trata de un programa que permite a quienes cobran subsidios sociales pasar a trabajar en negocios gastronómicos permitiéndole a sus contratantes que completen el sueldo de esos nuevos trabajadores con dinero extra al que seguirán recibiendo desde el Estado.

Fernández llegó a Gastronómicos acompañado del ministro de Trabajo, Claudio Moroni, su amigo y apuntado por La Cámpora para que renuncie cuanto antes; por Zabaleta, viejo conocido de la casa, y el titular de Turismo, Matías Lammens, quien volvió al diálogo con el mandatario. Barrionuevo es un enemigo inadmisible para la vice Fernández. En el año 2003, en un acto de campaña en Catamarca, ella debió dejar la provincia tras ser mal recibida por militantes que aseguró respondían a Barrionuevo, y que hasta le tiraron huevazos a su pelo. Con resultado exitoso. La furia de quien era senadora nacional fue tan grande que intentó quitarle los fueros a Barrionuevo, también senador, con una votación en el recinto. Perdió Cristina.

Ahora el Presidente se muestra con ese adversario de su “socia”.

Barrionuevo además elogió los planes de viajes subsidiados que Axel Kicillof anunció que entregaría a jóvenes para que pudieran realizar sus viajes de egresados a Bariloche. Más trabajo para el sindicato de hoteleros y gastronómicos.

Hubo otros ministros, más reservados, que hablan con Barrionuevo. No fueron al acto.

Ese reencuentro entre Fernández y Barrionuevo es una prueba más de cómo la CGT respalda al Jefe de Estado diferenciándose de las posiciones de la vice y de su hijo Máximo Kirchner.

Ayer, por ejemplo, mientras el Presidente se reunía con la titular del FMI, Kristalina Georgieva, el hijo de la vice insistía con un discurso anti FMI en una entrevista: “La Argentina necesita tiempo para afrontar la enorme deuda que contrajo Macri y además dilapidó”, opinó el diputado, a la vez que le pidió al FMI que sea más laxo en sus reglas para permitir una renegociación con el país.

Fernández (Alberto) cambió en Roma la beligerancia que había tenido con el FMI en un acto en Morón, que compartió a la fuerza con Máximo y La Cámpora. Allí gritó que él no se arrodillaría ante el organismo de crédito. Mientras Fernández hablaba, Máximo arengaba con las manos a la “hinchada” de La Cámpora que elevó su tono en cánticos anti FMI.

El ministro Guzmán también cambió de discurso antes del viaje a Europa. Más radicalizado que un Kirchner, definió a la oposición como “antiargentina”. Y habló también de modo muy crítico del FMI. ¿Palabras para calmar oídos amigos enajenados con la gestión? ¿O creencia verdadera?

Las reuniones con Georgieva serían una señal de que Fernández habla para los K de un modo y para el mundo de otro, similar, pero más pragmático.

El secretario de Asuntos Estratégicos, el silente como ninja Gustavo Beliz, viajaba a Washington para conseguir apoyos diferentes a los que postulaba su jefe en Morón.

El jefe de Gabinete, Manzur, también había viajado a New York con Guzmán para explicarle a los hombres del mercado qué pasa en el Gobierno Nacional.

¿Qué pasa?

La trama secreta de lo que se vivió en la semana que le siguió al fracaso electoral del oficialismo podría dar algunas pistas.

El lunes siguiente a las PASO, Máximo Kirchner le exigió en persona al Presidente que hiciera renunciar a quien era su jefe de Gabinete, Santiago Cafiero. Él se negó.

Al día siguiente la vice se invitó a una cena en la Residencia Presidencial Olivos (RPO) y presionó elevando la voz para que renunciara de inmediato todo el equipo económico. Ella lo negó, pero Clarín confirmó esta información con cinco fuentes de primera línea del Gobierno.

Fernández (Alberto) sostuvo a Guzmán en su puesto.

Después de eso llegaron las renuncias colectivas de los cristinistas del Gobierno. El Presidente solo resalta que el único que se animó a irse de modo indeclinable fue su amigo y vocero hasta entonces, el enemigo de la vice, Juan Pablo Biondi. “Al final, ‘los renunciantes’ eran los que se atornillaron a sus puestos”, ironiza el Jefe de Estado hoy sobre ministros a los que nos les dirige la palabra, como Soria, o Volnovich del PAMI.

Mientras tanto, Axel Kicillof siente el acoso de La Cámpora, siente como una reivindicación que el Gobierno haya presentado un plan de control de precios. Mientras se siente cómodo con la campaña de “cercanía” con vecinos que ya puso en marcha. Busca emparejar las fuerzas en el Senado provincial.

Fernández (Alberto) elogió a Kicillof ante varios gobernadores.

Como él, esquiva emboscadas de los propios.

Esa es la lectura que hace del acto del 17 de octubre, donde La Cámpora lo esperaba en la Plaza de Mayo pero cuando él estaba en vuelo al lugar era criticado desde el escenario por uno de los dirigentes K que más desprecia, el ex ministro de Economía y condenado a prisión por delitos de corrupción, Amado Boudou.

Al otro día, la CGT le demostró a Fernández (Alberto) fidelidad a su proyecto y poder de movilización. Gobernadores como el sanjuanino Sergio Uñac; el catamarqueño Raúl Jalil, el salteño Gustavo Sáenz o el riojano Ricardo Quintela son los que alientan un rediseño del poder más peronista y con menos Kirchner en las decisiones. ¿Sueño imposible?

Según fuentes oficiales, en el acto en Gastronómicos, Barrionuevo le habló al Presidente a solas durante quince minutos: “Tenés que gestionar más y hablar menos. No enojarte. Y tenés que ejercer el poder, Alberto. El poder, si no se ejerce, se va”.

Los testigos del diálogo afirman que Fernández escuchó.

Y no respondió con palabras si no con una sonrisa.

¿Qué hará tras las elecciones?

¿Y qué harán los Kirchner?

Falta poco para saberlo.

Nicolás Wiñazki

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