Domingo, 05 Diciembre 2021 10:16

La campaña interminable: ahora la política debate por reelecciones y las PASO 2023 - Por Nicolás Wiñazki

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Las elecciones de medio término pasaron, pero la dirigencia oficialista y opositora ya está enfrascada en resolver las internas que vienen. 

Pasaron veintiún días de las elecciones generales legislativas de mitad de mandato de la presidencia de Alberto Fernández. Empezó una nueva etapa para la coalición de Gobierno. 

Y también se inicia para la oposición el desafío de legislar con otro poder en el nuevo Congreso de la Nación. Terminó el proselitismo. Pero no parece haber culminado una campaña “eterna”. Ocurre que buena parte de la clase política “siguió de largo” tras el domingo de los sufragios y continúa, al día de hoy, instalando temas propios de la lucha por el poder político y no en presentar propuestas para el nuevo tiempo que vendrá. Este clima da la sensación de ahondarse debido a que la gran polémica se centra ahora en una ley de la provincia que podría modificarse para que los intendentes, siempre poderosos jefes territoriales traccionadores de votos, puedan ser reelectos en… el 2023.

Es una eternidad para la Argentina. Y más para un problema que incumbe a pocos dirigentes bonaerenses. Son todos políticos profesionales que se apuran a resolverlo lo más rápido posible. Mientras tanto, el país continúa aquejado por la problemática de la pandemia, la crisis económica y social.

Ninguna solución a esos problemas será rápida. Pero al menos debería tener algún tipo de inicio. Parte de la política aun ahonda sobre temas de la “campaña eterna”. Las elecciones generales, para colmo, terminaron de un modo singular.

El oficialismo, que perdió a nivel nacional contra la oposición, resultado que se repitió en las provincias con mayor población de la Argentina, se declaró ganador de las elecciones.

El Frente de Todos había, en realidad, obtuvo a nivel nacional casi dos millones de votos menos que la oposición de Juntos para el Cambio.

La matemática se transformó en una cuestión de fe.

El propio presidente Alberto Fernández sorprendió la noche del domingo 14 de noviembre cuando en su discurso tras el cierre de los comicios, y con el resultado ya confirmado, arengó a la militancia a movilizarse a un acto en la Plaza de Mayo esa misma semana; “Celebremos este triunfo como corresponde”.

Durante dos, tres días, cuatro, cinco, la opinión pública, las millones de personas que habían votado, vieron y escucharon a los máximos dirigentes que gobiernan la Argentina afirmar que el Frente de Todos había ganado los comicios. Al mismo tiempo, la oposición de Juntos por el Cambio se subió tal vez obligada a esa discusión increíble.

La presidenta del PRO, Patricia Bullrich, usó la ironía para responder al día siguiente de las elecciones: “Nosotros ganamos ganando y ellos perdieron perdiendo”.

A su lado, el líder radical Alfredo Cornejo rebatió en mismo sentido: “Contundente triunfo y terrible derrota del Gobierno, que el Presidente deje de hacer negaciones. Vive en un mundo paralelo, tiene que asumir con dignidad que ha perdido la elección”.

La elección había quedado hacía pocas horas, pero la clase dirigente, impulsada por el Gobierno, empezaba a enredarse en sus peleas: en la “campaña eterna”. La noticia se difundió en varios de los principales medios de planeta: una derrota electoral era analizada como una victoria, y al revés.

“El resultado favorece a la unidad del Frente de Todos”, azuzó la polémica el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, en cuya provincia la oposición le ganó al oficialismo por un margen menor a las elecciones primarias, pero igualmente triunfó. Alberto Fernández, frente a una multitud de militantes del peronismo K, el miércoles del festejo de la derrota, ahondó la problemática discursiva de la “campaña eterna”, que incluye a la oposición, cuando anunció que para el 2023 él garantizaría que los precandidatos a presidente del Frente de Todos se definirían a través de competencias internas en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).

El Jefe de Estado había convocado a un diálogo a la oposición, que aún no se formalizó, y una de sus primeras propuestas ante un acto masivo y cautivando la atención de la sociedad informada tenía que ver con el mecanismo para resolver candidaturas del peronismo en el 2023.

Dos años. Desde entonces y hasta hoy, el Gobierno no ha concretado ninguna medida de fondo para resolver alguno de los conflictos que acechan con una inflación de alrededor del 50 por ciento anual; con la pobreza que azota a casi el 40 por ciento de los argentinos; a lo que se suma la profundización de la tragedia educativa -el concepto del teórico Guillermo Jaim Etcheverry-, que se ahondó en la cuarentena y empieza a mostrar consecuencias muy negativas. Según un estudio de la UNESCO, realizado a principios del 2019, aun sin cuarentena, los alumnos argentinos rindieron exámenes cuyos resultados fueron los peores registrados en el país en toda su historia.

Sin generalizar, porque hay excepciones a esta regla que aceptan tanto desde el oficialismo como desde la oposición, la gran discusión que se roba el tiempo de la política tiene que ver con la lucha de poder, el 2023, normas para resolver reelecciones de alcaldes bonaerenses, y sobre la imposibilidad de que tanto desde el Frente de Todos como desde Juntos para el Cambio se pueda consensuar un acuerdo para debatir en un diálogo, junto a otros dirigentes de la política y del resto de los actores de la vida pública, sobre la crisis del país. Ese consenso existe: la crisis es profunda. Pero la “campaña eterna” parece “taparlo” todo.

La política es imposible sin una lucha por el poder civilizada y lógica entre sus protagonistas. Pero en la Argentina ese escenario se aceleró a un ritmo extraordinario. Los voceros de la “campaña eterna” parece haber adelantado el tiempo hablando en el modo acelerado de los audios del whatsapp.

Van demasiado rápido cuando la actualidad continúa bajo el régimen cronológico del calendario gregoriano.

En Juntos por el Cambio, por ejemplo, se desató de golpe una discusión pública e interna sobre quién podría ser el candidato a presidente en el 2023.

A eso se suma que muchos intendentes de esa fuerza apoyan, siempre sin aceptarlo públicamente, que los intendentes bonaerenses puedan ser reelectos de modo indefinido.

En estos veintiún días que pasaron desde los comicios, dirigentes opositores entraron también en una pelea interna cruenta, con pase de facturas por la perfomance en la elección en diferentes distritos.

Y rencores que afloran ahora, pasados los días del proselitismo unido.

La dirigente Elisa Carrió, de la Coalición Cívica, que no participó de las elecciones, llamó a sus aliados a “no pelearse por los cargos”.

Al mismo tiempo, criticó a la UCR que busca ganar espacios de poder tras ser esencial en el caudal de votos obtenidos por la oposición.

El radicalismo tomó el debate sobre la reelección de los intendentes bonaerenses quizás de modo vergonzante: una modificación que permita la reelección beneficiaría a muchos actuales alcaldes que gestionan municipios importantes. Hace pocos días, en la ciudad de Saladillo, esos jefes comunales se reunieron en secreto y votaron para saber qué piensa la mayoría de ellos: la reelección debe volver a permitirse, eligió la mayoría.

Quizás quien mejor resumió el clima interno en ese espacio fue el ex presidente Mauricio Macri. En un encuentro partidario que era a puertas cerradas, trascendió una frase que intentó ser ordenadora respecto al…2023: “Está bueno que muchos curas quieran ser papas, otros quieren ser obispos o cardenales, pero sepan que van a tener que competir”, dijo, sobre las peleas para las precandidaturas presidenciales de ese espacio.

El oficialismo volvió a sorprender ahora con el anuncio de un gran acto preparado para el 10 de diciembre próximo, Día de los Derechos Humanos, en el que espera generar una gran movilización en apoyo al Frente de Todos. Incluso hablaría frente a la segura multitud la vicepresidenta Cristina Fernández.

Es un día especial.

Ese 10 de diciembre cambian las autoridades del Congreso Nacional y el peronismo perderá la mayoría en el Senado, que preside la vice, por primera vez desde 1983.

Otra vez la coalición de gobierno parecería intentar trastocar una fecha de “celebración” para la oposición.

¿Y el llamado al diálogo al que prometió convocar el Presidente? No hay ningún pedido formal realizado en ese sentido y es probable que este escenario haga más complejo su concreción. Continuará la campaña permanente.

La ley que frenó la reelección indefinida para los intendentes bonaerenses fue sancionada en el 2016. La impulsaron tanto el gobierno de María Eugenia Vidal como el Frente Renovador de Sergio Massa.

El ex ministro de Gobierno de Vidal, hoy electo legislador bonaerense, Joaquín de la Torre, aceptó ante Clarín que parte de la clase política parece hablarse entre sí dándole la vuelta a la sociedad, y define: “Yo impulsé la ley contra las reelecciones y no estoy a favor de que se modifique”.

De la Torre fue nueve años intendente de San Miguel: “Estar en el poder hace que te olvides de algunas cosas, de caminar como un hombre común por tu distrito. Yo lo puedo hacer. Y además dejé a un intendente que es mejor que yo”.

Un viejo dirigente peronista, que tampoco apoya que los intendentes sean reelectos de modo indefinido, pidió el anonimato para contar su experiencia: “La primera gestión la hacés con los mejores funcionarios. La segunda, con los leales. A partir de la tercera, trabajás solo con los cómplices”.

La ciudadanía votó. El poder dijo que escuchó el resultado de las urnas: la frase ya es un lugar común, salvo que la reacción de la dirigencia indique lo contrario.

El escrutinio definitivo de estos comicios culminó hace cinco días. El resultado indica que sufragaron 24.842.572 personas. Es el equivalente al 71,5 por ciento del padrón general.

El analista político Rosendo Fraga señala que ese número es un síntoma inquietante: “Estas elecciones son las que menor participación de porcentaje de votantes tuvieron desde la década del ’30”, señala. “El siglo pasado”, se sorprende Fraga. El analista cree que parte de la clase dirigente no tomó en cuenta ese dato.

Y agrega que no cree que “la campaña eterna”, el descalce de la discusión política con respecto a los problemas concretos de la sociedad genere por ahora algún tipo de estallido tal cual ocurrió en otros países de la región, como Chile. “Según mi análisis, la gente toma todas estas discusiones con un ánimo más de resignación, de impotencia, que indignación o bronca”.

¿Argentina en el 2021 discute lo que se debatirá en la Argentina del 2023? Sí, en parte. No. En general. El futuro no llegó.

Nicolás Wiñazki

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