Ricardo Roa

 

Matices dentro de un unánime repudio al ataque, que fue contra todos los medios.

 

Cómo pegan los resultados en dirigentes clave del Gobierno y la oposición, de Alberto Fernández y la vicepresidenta a Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli. 

 

Excusas de Axel Kicillof y Aníbal Fernández: el delito es viejo y de todo el mundo. Lo que es viejo es no hacer nada.

El Presidente busca ganar amigos en el G20 y termina abrazado a Evo Morales, Correa y el dictador Ortega.

El Presidente discursea y se saca instantáneas con Joe Biden o Emmanuel Macron para que las vean desde acá. La vice avanza: pone la UIF en manos de La Cámpora. 

 

La oposición es golpista. Los empresarios, remarcadores de precios. Y los medios meten mierda en la cabeza de los argentinos.

 

Dice que los periodistas ponemos nerviosa a la gente. Pero qué podemos hacer con las cosas que ellos hacen.

Aníbal Fernández seguía lo que pasaba dentro de la ORT. Con la vista gorda de Alberto, trata de zafar.

Se lo aconsejó un asesor catalán que, entre otras cosas importantes, convenció años atrás a Cristina a vestirse de blanco. Dice que con muchos “sí” se le ganará al “no” de las Paso.

A la jueza saliente no le quedaba rol que cumplir después de participar en esa frustrada jugada para bloquear a Rosatti. El papel de Lorenzetti y la operación contra Maqueda. 

Presidente y vice quisieron hacer como que aquí no pasó nada y en el acto que compartieron en la Rosada justo pasó eso: nada. La piñata electoral de Manzur con doce anuncios en una semana y un sonoro fallido de Cristina.

La secretaria de Medio Ambiente jugó un rol clave en la absurda pelea contra Botnia. La Argentina perdió el tren de la industria forestal mientras Uruguay va por su tercera pastera. Da trabajo y exporta.

Ni Milei ni Espert se animarían a decir como dijo sin decirlo Daniel Gollán que con plata se puede comprar el voto de la gente. Como si fuera poco, volvió Aníbal y dijo que el Gobierno no perdió las PASO.

Ni ministros nuevos ni nada muy nuevo, salvo que de pronto se acabó el virus en el Gobierno.

Cristina ganadora y Fernández perdedor no firmaron la paz sino una tregua para poder hacer la campaña juntos.

Cómo impactan los resultados en dirigentes clave del oficialismo y la oposición, de Alberto Fernández y Cristina Kirchner a María Eugenia Vidal y Javier Milei.

 

Walter Bento, de Mendoza, va a administrar la elección en esa provincia y está acusado de liderar una asociación ilícita. Federico Villena, de Lomas de Zamora, le devolvió a la hija de Hugo Moyano casi medio millón de dólares cuya retención ahora pide otro magistrado.

 

Después de la derrota por paliza en las elecciones en Corrientes, el Presidente salió con un raro comentario sobre la traición a Cristina, Máximo y Massa.

De entrada, Carrió lijó a Manes y Manes le contestó. Ahora tratan de apagar el incendio. 

Si ve tantas cosas en otros países, ¿cómo no ve el presidente lo que está pasando en Cuba?

Atribuyéndose el papel de policías, van a sus casas para controlar si cumplen con el aislamiento.

La llegada del neurólogo complica al jefe de Gobierno porteño, que eligió el modo más viejo para jubilar al expresidente.

 

 

En campaña, va contra prepagas y obras sociales, y no mide qué puede pasar en el peronismo.

 

Detrás de la discusión de las candidaturas, lo que Horacio Rodríguez Larreta discute es el liderazgo de Mauricio Macri.

El senador que pelea la vida apoya las clases. Y el presidente cree que son fuego y queman.

La pandemia está en su peor momento, pero el Gobierno se concentra en echar al Procurador.

De rebote se la dio Pedro Sánchez: una ley no puede sustituir a la Constitución.

El subsecretario Federico Basualdo le impone una decisión al ministro Martín Guzmán. Lo mismo que Cristina Kirchner a Alberto Fernández. El modelo de gestión del Gobierno hace agua.



El ministro de Justicia se cree por encima de fiscales y diputados. Por ahora sólo logra ruido.

 

 

Una cuarentena renga: sin consenso con la Ciudad, resistida por mucha gente y con las provincias por su lado.

El condenado por corrupción y ex vice Amado Boudou dará clases de ética y justicia. 

Por suerte las hacen, con o sin coronavirus. Ajustadas, no cambian el equilibrio dentro del partido.

 

 

El viaje de Alberto Fernández a Chubut es un espejo del Gobierno: improvisación y disputas internas.

Cristina y Alberto se endurecen. ¿Cómo hará el jefe de Gobierno porteño para romper la lógica polarización?

 

 

 

Mensaje del Presidente: más apriete a la Justicia, denuncia contra Mauricio Macri y demora con el FMI.

Alberto Fernández ahora dice que colarse con vacunas vitales es tan trivial como una payasada.

Los une el uso de la política. Los dos conservadores y especialistas en conservar el gobierno y anular derechos.

Brasil profesionalizó y sacó a su petrolera de la política. Aquí, con Cristina y La Cámpora, hacemos todo lo contrario.

Fue argentinizada y luego reestatizada. Valía US$ 10 mil millones. Hoy vale US$ 1.450 millones.

Y menos mal que hay recules como con la Sputnik o con el cepo al maíz, aunque haya funcionarios que no aprenden.

Lo cerró con Máximo, al que pondrán a dedo en el PJ bonaerense. Un viaje de ida: de hacer política a hacer negocios.

El Presidente hace como que pone el rumbo del Gobierno. Pero el mapa lo dibuja la vice.

Al fin la ciencia pudo con vacunas contra la peste. La política no puede contra la peste de la corrupción.

 

 

El increíble capítulo argentino de la vacuna Sputnik V contra el coronavirus: politólogas a cargo y tres impresentables.

 

La reforma de Cristina Kirchner avanza con ruidos por arriba y silenciosas maniobras por debajo.

Perdimos el año escolar. Y en lugar de pensar cómo lo recuperamos, gastamos el tiempo con los nazis que se refugiaron en Bariloche.

 

 

El telón de fondo del impuesto a los ricos es correr el foco del ajuste que ya está lanzado.

 

Alberto Fernández apoya la idea de voltear la ley que les quitó en la Provincia la reelección indefinida.

 

Quiso aparecer a mitad de camino, pero queda a la vista que el fallo es una ayuda para la vicepresidenta.

 

Escribió para recordar a Kirchner y para mostrar que si alguien manda no es Fernández.

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