Domingo, 18 Diciembre 2022 08:43

Fuerte deterioro del panorama laboral tras una década de estancamiento económico - Por Ismael Bermúdez

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Crecen los trabajos precarios. Son muy grandes las dificultades para insertarse en el mundo laboral formal. Los jóvenes y las mujeres, las más perjudicadas. 

Los niveles de desempleo crecen entre la población activa después de los 40 años de edad, tanto en varones como en mujeres. Y son mayoría los menores de 30 años que están con trabajos precarios, changas y con ingresos por debajo de la línea de pobreza. 

Así hay un segmento de la población adulta que se encuentra buscando empleo registrado, con enormes dificultades para conseguirlo. Y al mismo tiempo, se encuentra lejos de poder acceder al beneficio jubilatorio pleno, sin acudir a una moratoria o accediendo tanto mujeres como varones los 65 años a la PUAM (Prestación Adulto Mayor) con el 80% del haber mínimo (hoy $ 40.099)



En definitiva, serían “jóvenes” para jubilarse en forma plena y “viejos” para trabajar en empleos estables.



En tanto, entre los asalariados informales se observan mayores porcentajes de informalidad en los jóvenes, menores de 30 años, lo que significa que la “puerta de entrada” al mercado laboral activo son trabajos precarios y sin la cobertura de la Seguridad Social. Y luego de los 40 años la mayoría tiene casi cerrada su inserción en empleos registrados.

Los datos son de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) que analizó la situación del mercado de trabajo asalariado registrado y no registrado.

Por su parte, en los últimos 10 años, y a pesar del crecimiento de la  población, se mantuvo casi estancado el trabajo en relación de dependencia del sector privado, mientras  aumentó en casi un millón de  personas la suma del Régimen del Monotributo, que en muchos casos esconde una relación dependiente, y el Monotributo Social, que  engloba a trabajadores precarios, asistidos por el Estado. Por su parte, el empleo público pegó un salto del 33%, de 2,5 millones a casi 3,4 millones, de acuerdo a los datos del Ministerio de Trabajo, en base a los registros de la Seguridad Social. 

No es casual que las mujeres y los y las jóvenes de menos de 35 años predominan en el Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular (Renatep) que incluye a quienes trabajan en la informalidad, en condiciones de pobreza y precariedad extrema.

Son vendedores ambulantes, personas que trabajan en comedores y merenderos comunitarios, fundamentalmente mujeres, feriantes, artesanos, cartoneros, recolectores informales de basura, limpiadores de vidrio de autos, pequeños agricultores; y de la construcción; quienes trabajan en infraestructura social y mejoramiento ambiental y pequeños productores y productoras manufactureras, entre otros rubros.

El Renatep ya cuenta con 3.457.669 de inscriptos y no deja de crecer. En promedio y de acuerdo a la evolución de los últimos meses, se inscriben 157.167 trabajadores/as por mes. Y en 10 provincias hay más trabajadores anotados que trabajadores privados registrados ante la Seguridad Social. Son Corrientes, Formosa, Santiago del Estero, Chaco, Jujuy, Salta, Misiones, Catamarca, Tucumán y La Rioja.

Los rubros del servicio doméstico, comercio y construcción son los que mayor cantidad de trabajadores informales presentan con remuneraciones promedio inferiores al SMVM (Salario Mínimo, Vital y Móvil).

Los asalariados informales son mayoría entre los que perciben salarios inferiores a la canasta de pobreza, e incluso “en los hogares donde al menos uno o una de sus responsables es asalariado informal, la pobreza alcanza el 48%”.  Esta situación se atenúa en aquellos hogares donde el otro miembro de la pareja tiene un trabajo formal (asalariado o no), o bien ya se encuentra jubilado.

El Informe agrega que "en hogares donde uno de sus responsables es informal o desocupado/a empeoran los indicadores de condiciones de vida, aunque hay trabajadores formales que habitan en hogares pobres e incluso indigentes".

Así en casi el 20% de los hogares donde vive al menos un asalariado o una asalariada con trabajo registrado se encuentra por debajo de la línea de la pobreza. De esta manera, una familia no logra salir de la pobreza con una sola persona empleada en forma estable.

De esta manera, se ha ido conformando una nueva capa de nuevos pobres que provienen de los sectores asalariados formales, que se suman a los asalariados informales y no asalariados que se integran en un mercado de trabajo “empobrecido” o buscan refugio en la llamada “economía social de subsistencia”. Y que, al mismo tiempo, no podrían subsistir sin ayudas sociales.

Según el último Informe del Observatorio de la deuda Social de la UCA (Universidad Católica Argentina) sin esos programas o ayudas sociales, la tasa de indigencia habría alcanzado en vez de 8% a casi el 20% de la población, y la tasa de pobreza en vez del 43% el 50%, de acuerdo al Informe del Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina ( UCA) en base a los datos del tercer trimestre de este año.

Por su parte, aunque las mujeres presentan mejores niveles de formación que los varones entre los asalariados/as formales, los varones ingresan a puestos de trabajo asalariados formales antes que las mujeres quienes el 50% posee formación universitaria completa, mientras que para los varones este porcentaje representa poco más del 25%. Al igual que lo observado para el trabajo formal (tanto asalariado como no asalariado), las mujeres presentan mejores niveles educativos que los varones

Ismael Bermúdez

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