Jorge Raventos

Tanto las principales fuerzas políticas como buena parte de los analistas que observan y comentan ese escenario lucen concentrados en lo que ocurrirá con (y a partir de) las elecciones programadas para fines del año próximo.

En el Palacio de Hacienda, Sergio Massa y sus colaboradores admiten resignadamente que las próximas semanas, las últimas del año, representarán una prueba dura. 

Desde hace una semana, Cristina Kirchner ejerce la presidencia de la Nación. Y, aunque a muchos les cueste admitirlo, ha venido haciéndolo con prudencia y cautela.

La puja política que se dirimió el último domingo en Brasil dejó varios rasgos que merecen ser analizados con mirada argentina. El primero es la extrema polarización, que ya había quedado a la vista en la primera vuelta electoral. Jair Bolsonaro y Luiz Inacio Lula Da Silva recaudaron en conjunto nueve de cada diez votos emitidos y quedaron separados por una diferencia que, en términos porcentuales se estrechó en el balotaje. Lula triunfó por menos de dos puntos. La actual grieta brasileña parece mucho más ancha que la que ha atravesado a la Argentina y que está en proceso de cambio.

El presupuesto de Sergio Massa atravesó exitosamente la prueba de la Cámara de Diputados. Cuando era presidente del cuerpo legislativo, Massa sufrió un revés al no obtener la aprobación para el presupuesto 2022 que había diseñado Martín Guzmán.

Según Miguel Pichetto, en las programadas elecciones de 2023 debería haber una opción tan clara como la que se viene dando en Brasil, entre el presidente Jair Bolsonaro y el ex presidente Luiz Inácio Lula Da Silva: "En Brasil jugaron los titulares, los dos líderes, Lula y Bolsonaro -indica Pichetto-; es un buen ejemplo para lo que tiene que pasar en el país, no se puede hacer política con los suplentes".

Mientras el Congreso se adentra en el debate sobre el presupuesto, la perspectiva de una aprobación opositora -que Sergio Massa procura prioritariamente- se enturbia en el segundo plano por el impulso oficialista a proyectos que irritan aquellas negociaciones, como el que quiere suprimir las elecciones primarias, agendadas para agosto del año próximo.

El agobio de la situación económica ha desplazado en los medios a las conjeturas sobre el fallido atentado contra la vicepresidenta y hasta al seguimiento de los juicios que la tienen a ella como figura central.

Este viernes tendrá lugar la tercera jornada de alegatos de la defensa de Cristina de Kirchner en el llamado Juicio de Vialidad y la vicepresidenta se hará cargo de esa pieza. En su condición de abogada tiene la atribución de alegar en su propia defensa.

Que el Indec tuviera que difundir la cifra de inflación de agosto dos días después del retorno de Sergio Massa de su prometedora visita a Estados Unidos hay que adjudicárselo a la mala fortuna. El 7 por ciento de incremento en los precios (un promedio que esconde aumentos considerablemente más altos en varios artículos de primera necesidad) representa un doloroso recordatorio de la materia en la que el Gobierno viene fracasando y a la cual el superministro de Economía, urgido por el vacío de reservas y por las negociaciones con el FMI, no le ha dedicado aún atención prioritaria.

Al desplegarse el decisivo segundo semestre de 2022 la política argentina se organiza en torno a dos problemáticas que se entrecruzan en varios puntos: la pugna de la señora de Kirchner en (y con) la Justicia y la gestión de Sergio Massa por consolidar un rumbo que permita superar la sequía de reservas y encaminar la economía hacia un desarrollo "que convierta los recursos en riqueza".

Con la ayuda inestimable de algunos de sus enemigos, la señora de Kirchner ha conseguido en los últimos días lo que muchos coinciden en llamar una victoria. Ha revalidado su centralidad en el Frente de Todos y ha logrado que buena parte del peronismo -con más resignación que entusiasmo- firmara al pie de sus cuestionamientos a la Justicia en general y a los fiscales que pidieron para ella 12 años de prisión, en particular.

En la última semana el momento político argentino tuvo al menos tres escenarios centrales: Escobar, el Hotel Alvear y las calles.

Sin tiempo para tomar aliento, Sergio Tomás Massa empieza a sentir el juego de pinzas de las expectativas y las rivalidades. Compensa en parte esos inconvenientes el alboroto que reina en la oposición, amplificado por el fuego amigo descargado minuciosamente por Elisa Carrió sobre su propia coalición.

El dólar blue alcanzó una cotización de 338 pesos: el lunes 4 de julio, fecha en que Silvina Batakis tomó la posta arrojada por Martín Guzmán en el ministerio de Economía, la cotización era 93 pesos más baja. En 17 días el incremento fue de 38 por ciento. Ese mercado paralelo (minúsculo por las cifras que opera, pero muy potente por los procesos que desencadena) no ha sido una señal aislada: conjuntamente caía el valor de los bonos emitidos por el país, subía el índice de riesgo y se sumaban malas noticias desde el frente de los precios domésticos. 

La primera semana de Silvina Batakis al frente del Palacio de Hacienda desconcertó tanto a analistas precipitados como a muchos de los actores políticos. Aunque aún no adoptó medidas decisivas, la flamante ministra expuso conceptos que pocos esperaban: se reconoció partidaria de un sano equilibrio fiscal, prometió no gastar por encima de los ingresos; tomó distancia de la idea de un Estado empeñado en ahorrar, pero subrayó la necesidad de garantizar la solvencia estatal; anunció el control desde su cartera del gasto de todo el sector público (no reducido en exclusividad a la administración central, sino incorporando también a organismos descentralizados y funcionalmente autónomos) así como el congelamiento de personal en todo ese universo.

La renuncia de Martín Guzmán al Ministerio de Economía, disparada el sábado 2 de julio por la tarde a la hora exacta en que Cristina Kirchner desgranaba en Ensenada un nuevo discurso destinado a perfeccionar la corrosión del gobierno de Alberto Fernández, fue una nueva señal apremiante del colapso que sobrelleva no solo la gestión del Presidente, sino el conjunto del sistema de poder que rige desde 2019. El título de esta columna una semana atrás fue: "El cambio como producto de una crisis que eclosiona".

La penuria de gasoil que enerva a los camioneros en todo el territorio del país y complica el abastecimiento, el intercambio y la producción opera estos días como un indicador privilegiado de la crisis que avanza en la Argentina. Invocando esa carencia de combustible, la Mesa de Enlace agropecuaria convoca a un paro del sector para mediados de julio y trata así de recuperar el terreno que perdió ante los productores autoconvocados por su pasividad en la Marcha del Campo de fines de abril.

Las palabras disparadas por la señora de Kirchner contra los movimientos sociales esta semana, desde una tribuna facilitada por la CTA, no sólo subrayaron las diferencias que se despliegan en el seno de la coalición oficialista, sino que iluminaron curiosas coincidencias que atraviesan el abismo de la célebre grieta. "Las políticas sociales no pueden seguir tercerizadas -reclamó la vicepresidenta-, no se puede depender de un dirigente barrial que dé el alta y la baja".

Desde hace una semana determinados círculos políticos y periodísticos vienen desplegando un relato de misterio alrededor de un avión de carga venezolano -originalmente propiedad de una compañía iraní- que, después de que Uruguay rechazó su pedido de aterrizaje en Montevideo, fue admitido en Ezeiza, de donde había partido.

"Vaca Muerta puede transformar sus recursos en crecimiento, bienes, exportación de petróleo, de gas licuado, de fertilizantes'', explicó Rocca el martes en el escenario montado por la AEA para festejar su vigésimo aniversario.

Antes y durante el 25 de mayo, Alberto Fernández recibió buenas noticias. Algunas de ellas cargadas de exigencias. El viernes 20 fue agasajado por el gremio de la construcción, en un acto que reunió unas 20.000 personas.

Alberto Fernández cerrará, como orador, un acto organizado para respaldarlo. El apoyo le llega desde el movimiento obrero, específicamente desde el gremio de la construcción que conduce Gerardo Martínez, una organización que recuperó asociados en los dos últimos años (porque la actividad se reanimó significativamente) y hoy se apoya sobre el segundo padrón de afiliados del movimiento sindical.

Durante su vertiginosa gira europea, el Presidente Fernández intentó tejer convergencias cooperativas con los estados que visitó, y subrayó las oportunidades que puede ofrecer Argentina, con su rico potencial energético, a un continente amenazado por la escasez de gas y petróleo que se deriva de la invasión del Kremlin a Ucrania y, fundamentalmente, de las sanciones que las potencias occidentales han dispuesto para castigar a Rusia: dejar de comprarle petróleo y, eventualmente (el tema se discute acaloradamente en la Unión Europea) cortar también la provisión rusa de gas (equivalente al 45 por ciento del gas que importa la UE).  

Andrés Larroque, ministro de Kicillof en la provincia de Buenos Aires y copiloto de Máximo Kirchner en La Cámpora, se ha dedicado en los últimos días a disparar declaraciones tanto contra el ministro de Economía, Martín Guzmán como contra el presidente Alberto Fernández, pintando la política que ellos conducen como instrumentos del FMI y de "los poderosos".

Tras la Semana Santa se ha iniciado para la Casa Rosada un período de definiciones impostergables. Desde el momento en que quedó constatado sin temor a equívocos que el sector que se referencia en la vicepresidenta se ha sublevado contra el rumbo que, mal que bien, el gobierno adoptó al consumar el acuerdo con el FMI, el abanico de respaldos que sostiene a Alberto Fernández le reclamó al Presidente actos de autoridad que pongan en caja la indisciplina.

 

Después de desnudar en la Cámara Baja su carácter minoritario entre los diputados del Frente de Todos, la galaxia K se aprestaba ayer a confirmar que también es minoría en el oficialismo del Senado, la cámara que preside la vicepresidenta.

 

A última hora del jueves 10 o, más bien, en la madrugada del viernes 11, la Cámara de Diputados consumaba, sobre la base de un trabajoso, pero ampliamente mayoritario acuerdo entre sus fuerzas políticas principales, su aprobación del convenio con el FMI para refinanciar la deuda contraída por el país en el año 2018.

 

El Congreso se dispone, finalmente, a debatir el acuerdo que el Gobierno argentino alcanzó hasta aquí con el staff técnico del Fondo Monetario Internacional. Este jueves, la Casa Rosada hizo llegar al Palacio Legislativo la Carta de Intención y documentos anexos, de modo de posibilitar que su tratamiento comience el próximo lunes.

 

La decisión de Vladimir Putin de extender la intervención rusa en Ucrania más allá de las zonas de ese país en las que Moscú ya ejercía dominio en la práctica impulsó al gobierno argentino a avanzar en su posicionamiento en el conflicto.

El oficialismo -y el país- ha ingresado en el jardín de senderos que se bifurcan. El inminente acuerdo con el FMI, cocinado finalmente cuando ya sonaban las alarmas, está jugando la función de parteaguas. Se trata -sobre la hora- de evitar el default y avanzar hacia un mejor relacionamiento con el mundo, asuntos prioritarios y decisivos. 

 

En materia de perplejidad, la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque oficialista en Diputados parece, incomprensiblemente, haber despertado mayor asombro que las coincidencias entre el FMI y el gobierno, que fueron anunciadas en paralelo por las dos partes ("... han llegado a entendimientos sobre políticas clave como parte de sus discusiones en curso sobre un programa respaldado por el FMI, puntualizó el comunicado del Fondo, que agregó que el personal técnico de la institución "avaló el "sendero de consolidación fiscal" que "mejoraría de manera gradual y sostenible las finanzas públicas y reduciría el financiamiento monetario".

 

El gobierno - sus elementos más prudentes, interesados en llegar a un acuerdo con el FMI- considera que la visita del canciller Santiago Cafiero a Washington aportó algo a ese objetivo.

Según los sismólogos, los terremotos no son imprevisibles; lo virtualmente impracticable es predecir con exactitud el momento en que estallarán. "Una vez que un terremoto ya ha empezado, los dispositivos de alerta temprana pueden proporcionar una advertencia de pocos segundos antes de que los principales temblores lleguen a un lugar determinado". 

 

Mauricio Macri recibió en Chile la confirmación de su procesamiento en la causa por espionaje a familiares de tripulantes del malogrado submarino ARA San Juan, hundido cuatro años atrás. Macri viajó como funcionario de la FIFA, pero su visita tuvo siempre un perfil político. 

 

 

El diario español El País, que no milita en la grieta local, publicó el lunes 15 un título que revela tanto ciertas expectativas opositoras que las urnas frustraron, como la alegría oficialista por haber evitado un desastre mayor: "Una remontada electoral inesperada mantiene con vida al peronismo", puso. Evidentemente, hubo "remontada", aunque no fue suficiente para evitar la derrota.

 

En el epílogo de una campaña electoral anémica, donde los candidatos nunca llegaron a ilusionar al electorado, el oficialismo sufrió dos golpes que algo incidirán sobre el resultado final.

 

A poco más de una semana de la elección de medio término, la mayoría de los encuestadores descuenta que las cifras de las primarias de septiembre serán básicamente ratificadas el 14 de este mes. Hay quien prevé que el oficialismo recuperará un poco de terreno en términos porcentuales, pero no lo suficiente como para primerear.

 

 

A partir del 15 de noviembre, ya atravesada la encrucijada cruel del cuarto oscuro (se verá con qué saldo), el Gobierno deberá afrontar un desafío más exigente, que por el momento se ve postergado por la necesidad de contener (o al menos disimular) las diferencias internas hasta el comicio. A partir de aquel día tendrá que zanjar de manera inequívoca el rumbo inmediato de la administración, lo que no necesariamente equivale a disipar todas las ambigüedades, pero sí a comenzar a definir un liderazgo y una política, tras la crisis con la que las primarias de septiembre castigaron al sistema de poder hasta allí vigente.

 

 

Las elecciones primarias ocurridas hace menos de un mes consumaron el desmantelamiento del sistema de poder establecido a fines de 2019. El sistema de poder vigente desde diciembre de 2018 se había ido deteriorando (en buena medida por su propia naturaleza) y las urnas provocaron su colapso. Desde aquella elección de dos años atrás, el oficialismo ha sufrido un retroceso monumental: en 2019 triunfó en 19 provincias, el 12 de septiembre apenas lo hizo en seis.

 

 

Para ciertas facciones de la prensa porteña, contaminadas por el simplismo analítico de la grieta, la última reorganización del gabinete de Alberto Fernández sólo puede interpretarse como una nueva confirmación de que "la que siempre gana", "la que comanda", "la que consigue lo que quiere" es la vicepresidenta, la señora de Kirchner. Es probable que haya que revisar ese enfoque.

 

 

El anuncio público de una seguidilla de dimisiones de ministros y altos funcionarios de su gobierno sorprendió a Alberto Fernández el miércoles 15 en los pagos de José C. Paz que gobierna hace años Mario Ishii.

 

 

Es probable que, durante el último trimestre de este año, a partir de los datos que dejen las primarias del próximo domingo y de los presagios sobre la elección de noviembre, empiecen a tomar forma las combinaciones acuerdistas que se tejen y destejen desde hace algunas semanas.

 

A unos días de que tengan lugar las elecciones primarias (abiertas, simultáneas y obligatorias), si bien los oráculos demoscópicos se muestran dispares en materia de resultados, convergen en un punto: lo que ha crecido es el desinterés y la apatía de los ciudadanos en relación con estos comicios, por lo que es muy plausible que decaiga significativamente la participación electoral en las generales de noviembre y, con más razón, en las PASO de septiembre.

 

 

Mientras las consultoras de opinión pública apelan a todos sus instrumentos analíticos para adivinar los resultados de las elecciones primarias del 12 de septiembre y las generales del 14 de noviembre, la ciudadanía no se muestra mayormente conmovida por las campañas políticas.

 

Aunque a Alberto Fernández lo deleita sentirse "un hombre común" (que toma exámenes en la facultad, compone canciones o suelta citas literarias impropias), las decisiones que adopta (como las que demora u olvida) están cargadas de otro contenido porque él es Presidente de la Nación y en la figura presidencial se encarnan la máxima autoridad nacional y la legitimidad democrática, por la condición insustituible e indelegable que le otorga su carácter de único funcionario público electo por la totalidad del pueblo argentino.

 

En una semana en que el gobierno de Alberto Fernández ofreció muestras de autonomía al procurarse un acercamiento más estrecho con el de los Estados Unidos, la designación de Jorge Taiana como nuevo ministro de Defensa quiso ser interpretada, desde usinas opositoras, como un paso atrás en esa actitud y un nuevo gesto de diciplinamiento ante Cristina de Kirchner.

 

 

Parece difícil que el proceso electoral de renovación parlamentaria que ya está en marcha pueda determinar un desempate en la pulseada que libran las dos grandes coaliciones políticas.

 

 

La campaña electoral ya está en marcha y la temperatura política empieza a elevarse, con el paisaje de fondo de la inquietud del dólar y de la inflación indómita.

 

 

La oficialización de nominaciones para las primarias obligatorias de septiembre ha concluido sin grandes sorpresas.

 

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