Sábado, 15 Agosto 2020 21:00

La cruel dinámica de la venganza política: hijo x hijo - Por Ricardo Kirschbaum

Escrito por

 

 

En este toma y daca, a Cristina nadie le cuestiona su liderazgo. A Macri, sí. Uno de sus más antiguos aliado, Ernesto Sanz.

 

Cristina Kirchner está contagiando de urgencias toda reforma judicial que no puede ser despegada de la búsqueda apresurada de su propia impunidad. Teme por su situación y la de sus hijos Máximo y Florencia, quienes han quedado enredados en la investigación de la trama de corrupción que ya está muy avanzada y en manos de los jueces. La vicepresidenta actual ha denunciado que todo ha sido parte de un plan de persecución política urdido por el anterior gobierno. Esa interpretación tiene un costado difícil de explicar: hay causas que se iniciaron aún en su gobierno. En respaldo de esa teoría del Lawfare han concurrido para darle solidez desde Zaffaroni hasta Baltasar Garzón. La síntesis: no hubo corrupción sino un plan para llevarla a la cárcel.

En la otra vereda, Mauricio Macri también está preocupado por su futuro en los tribunales. Está seguro de que el impulso para que se decrete la quiebra del Correo y se la declare fraudulenta, tiene el auspicio de la vicepresidenta y de Zannini. Los hijos de Macri, accionistas de la empresa, quedarían complicados. Es una conspiración en represalia, en espejo a lo que denuncia Cristina.

En síntesis, es el lenguaje brutal de la venganza política: hijo por hijo.

Esa cruel dinámica, naturalizada en un raro país llamado Argentina, fuerza la polarización y vomita a los tibios. La política de acuerdos así sufre y cruje.

Macri llama a resistir, en nombre de las libertades, los proyectos del gobierno, entre ellos la reforma judicial que salvaría a Cristina y lo condenaría a él. El proyecto no se agota en esta parte que ya está en el Senado sino en la segunda, más ambiciosa, de aumentar el número de miembros de la Corte -Fernández y Massa lo niegan- y de regular recursos extraordinarios.

En este toma y daca, a Cristina nadie le cuestiona su liderazgo. A Macri, sí. Uno de sus más antiguos aliado, Ernesto Sanz, un radical inteligente y sagaz que hizo posible Cambiemos, dijo que el ex Presidente no puede ser el líder de la oposición “ni lo va a ser”. Y amplió: ni el radicalismo ni el Pro completo bancan su jefatura. Sus confesiones a radicales inevitablemente trascendieron. Poco tardó para que Macri se lo recriminara desde Francia. Dolido más por la oportunidad de la crítica, el ex presidente aludió a la unidad de la oposición. Sanz coincidió sin desdecirse e intentó distender.

En el sector aperturista de la oposición, el planteo de Sanz no sorprendió. Creen que se necesita otra estrategia para atraer a otros sectores por izquierda, como Stolbizer o el rosarino Pablo Javkin, ambos de origen radical, o por derecha, como López Murphy.

Macri la obturó desde la Presidencia y ahora tampoco lo puede hacer, dicen, los que más se han desmarcado: Monzó, Frigerio y Álvaro González. Los tres respaldan a Larreta, junto a Vidal y Lousteau. Este último es un factor de discordia entre los radicales bonaerenses.

Quienes cuestionan a Macri no piensan abandonarlo, ahora que el objetivo kirchnerista para vengar las acusaciones de corrupción contra Cristina será poner al ex presidente en el potro de tormentos.


Ricardo Kirschbaum

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…