Sábado, 29 Agosto 2020 21:00

Se viste y peina como Gardel, pero no es Gardel - Por Ricardo Kirschbaum

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El proyecto de Presupuesto será clave para saber si habrá ajuste o no en el programa que se negociará con el Fondo.

 

Hasta ahora, Fernández no ha podido -ni querido- evitar que cada vez más se extienda la percepción de que el eje del poder no pasa por Olivos ni por la Casa Rosada. Más aún, el Presidente se empeña en confirmarla, desconcertando a quienes lo apoyan, todavía, confiando en su regreso a la moderación. Ese estado de ánimo no es de esa sola geografía: se palpa en la calle, donde ya se nota una incipiente decepción.

Fernández no es hoy el Fernández que sugirió ser. Cristina Kirchner le fija la agenda e impone el ritmo de cumplimiento.

Nunca hubo en la historia un vicepresidente que tuviera ese poder, que exhibe sin pudicia.

La respuesta del Presidente ha sido radicalizarse. Su mimesis con una política y un discurso que combatió hasta hace poco es un recurso inconveniente para su proyecto, si es que todavía lo sostiene. Lo aleja del centro, su atributo principal, y no vence la desconfianza de aquellos a los que quiere parecerse. Con el kirchnerismo le pasa a Alberto lo que decía Perón de Raúl Matera: “Se viste como Gardel, se peina como Gardel, pero no es Gardel”.

Luego de Vicentin, Fernández vuelve a insistir ahora con las comunicaciones, internet y televisión por cable. ¿No era que se había dado cuenta del enorme error? Esa persistencia hace posible temer que el método se extienda a otras áreas como la energía, que es lo que temen incluso empresarios con acceso directo a Cristina. Peor aún si se confirma que la última decisión fue una retaliación a la cobertura periodística de su gobierno y una respuesta a la marcha opositora del 17. Si así fuera producto de sus humores cambiantes sería aún más peligroso. ¿Cuánto daño se auto infringió con estas decisiones en momentos que comienza otra negociación clave para su administración? Salvo que Fernández, en su rutina del equilibrio en una cuerda floja, esté preparando el terreno para un debate interno que se supone feroz. Y se prepare para un choque con los más duros. Si así fuera, se pegó un tiro en el pie. En un solo acto castigó a sus aliados mexicanos y españoles, y volvió a alertar a Washington, además de golpear internamente a uno de los sectores más dinámicos de la economía.

Kristalina Georgieva, la jefa del FMI, le ha dicho al Presidente algo que éste sabe: la situación es muy complicada. Argentina tiene que ir a negociar con el Fondo con un programa. El punto a seguir en los próximos días será el proyecto de Presupuesto que presentará al Congreso. ¿Expansión de la economía o ajuste? El gobierno tiene que achicar los graves desequilibrios: en los primeros borradores que circulan en los ministerios ya se nota un parate importante en el gasto público. También una propuesta de aumentar ingresos vía impuestos, llevando la alta presión fiscal a un límite intolerable.

Fernández está presionado por Cristina, atrapado por la pandemia, acuciado por la crisis económica, y apremiado por la oposición. Siente que su tiempo se está yendo, mientras espera la vacuna. Todo eso explica el desconcierto que, dicen, se palpa en Olivos.

Ricardo Kirschbaum

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