Miércoles, 30 Septiembre 2020 13:02

¿Y ahora qué maquinará Cristina? - Por Ricardo Roa

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Muchos esperaban que Alberto Fernández la frenara. Al final, la que se plantó fue la Corte.

La inesperada decisión de la Corte tiene varios mensajes, pero ninguno es comparable al que le mandó a Cristina Kirchner: le dice sin decirlo que la Justicia es uno de los tres poderes y que no se la puede avasallar. Es efectivamente lo que estaba haciendo la vicepresidenta.

En tres actos, Cristina consiguió que la Magistratura anulara una decena de traslados de jueces en el macrismo, que el Senado apuntara sólo a los tres que a ella le molestan y tras cartón que Alberto Fernández los volara por decreto. Estaba dedicada a nombrar los reemplazantes. El problema: en el medio estaba la Corte.

Cristina logró el milagro de que voten juntos los cinco miembros del Tribunal. Y la prueba del milagro es cómo llegaron a votar juntos. El ex presidente Lorenzetti y Rosatti podrían haber votado por zoom desde Santa Fe como vienen haciendo en toda la cuarentena. El hecho de haber venido a Buenos Aires a sesionar en la Corte es una señal.

Y el hecho de que el presidente Rosenkrantz se enterara del viaje cuando estaban acá también es otra señal, pero de la grieta interna. Menos sabía Rosenkrantz cómo ellos iban a votar. Una semana antes había forzado una convocatoria extraordinaria para no dilatar más la respuesta al desplazamiento de los jueces Bertuzzi, Bruglia y Castelli comandada por Cristina.

Bruglia y Bertuzzi procesaron a Cristina por los Cuadernos de las Coimas y Castelli debe juzgarla por esa causa. Los tres fueron a la Corte con un per saltum. Y que la Corte lo haya aceptado es por la movida que impulsó Rosenkrantz y por el armado que Lorenzetti tejió con los otros tres integrantes.

Rosenkrantz consideró que se habían reunido las dos condiciones centrales para el per saltum. Esto es, gravedad institucional y urgencia: que el daño no pueda repararse o que la reparación llegue tarde. Y en su voto argumentó que no se discutía sólo el traslado de tres jueces sino de muchos más a los que el Gobierno quiere cargarse.

El cristinismo bombardeó las posiciones de Rosenkrantz hasta último momento. Y Alberto Fernández preguntó: “¿Qué es lo que Rosenkrantz está buscando? Cualquiera que ha estudiado derecho sabe que esto es un escándalo jurídico”. Escándalo es que el presidente de la Nación ataque así al presidente de la Corte. También dijo que los bocinazos frente a la casa de Lorenzetti eran “presiones y lo más vil del fascismo”. ¿Y cómo llama a lo que hizo su ministra Losardo, que antes de la reunión de la Corte dijo: “Habilitar el per saltum sería un escándalo”? Presión escandalosa.

Nada de lo que ocurrió en la Corte hubiera ocurrido si el lunes los jueces de la Cámara en lo Contencioso definían si Bertuzzi, Bruglia y Castelli fueron bien o mal corridos de sus puestos. Como hubo un empate sorpresivo, la Corte debió resolver sobre el per saltum.

Varios no querían saber nada con el per saltum ni con meterse en líos con el Gobierno. Pero si rechazaban el per saltum iban a meterse en el lío de pagar el costo grande de quedar pegados con el cristinismo, sobre todo después de haber aprobado en 2018 el traslado de los jueces que busca tumbar Cristina.

El per saltum está, pero todavía falta saber qué decide la Corte sobre el destino de los jueces. Ahí se sabrá quién ganó y quién perdió en esta historia, aunque el freno ya se puso. Raro: el kirchnerismo siempre locuaz quedó mudo al menos toda una tarde. ¿Qué estará maquinando Cristina ahora?

Ricardo Roa

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