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Viernes, 06 Noviembre 2020 12:25

Cómo reconocer los­ vientos favorables - Por Jorge Raventos

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Guste o no, se desconfíe o no, la carta que la señora de Kirchner publicó diez días atrás sigue ejerciendo su influencia en la atmósfera política.

 

La propuesta de consenso formulada por la vicepresidenta alborotó el ambiente, agitó al llamado círculo rojo y también dinamizó al gobierno, que paralelamente se acreditó un respiro en la acuciante situación cambiaria, avanza en la aprobación sin fisuras del Presupuesto en el Congreso y atravesó sin sobresaltos ni violencias algunas pruebas impuestas por ocupaciones de predios, acatando y haciendo acatar fallos judiciales y ratificando su respeto a la propiedad privada. La Casa Rosada empuja ahora una rápida creación del demorado Consejo Económico Social, un ámbito en el que podrán elaborarse acuerdos de mediano y largo plazo.

TOMANDO LA OPORTUNIDAD

Uno de los signos más elocuentes del nuevo clima fue el encuentro que mantuvo el ministro de Economía, Martín Guzmán por obvia instrucción presidencial, con la plana mayor de AEA -la Asociación Empresaria Argentina-, incluidos el número uno del grupo Clarín, Héctor Magnetto y el de Techint, Paolo Rocca. Esa extensa reunión (cerca de dos horas) con las mayores expresiones del empresariado argentino, que el kirchnerismo ha instalado como el estado mayor de los réprobos, evidencia que el gobierno empieza a tomar la oportunidad que ha ofrecido la carta de la señora de Kirchner. Hasta hace pocas semanas ese era un contacto problemático (une reunión de AEA con la CGT fue ácidamente censurada), pero ahora ella ha dado su visto bueno porque considera indispensable (o, más bien, inevitable) una mesa de consenso de la que sospecha con vehemencia que pretenderían excluirla y de la que, en defensa propia, trata de no quedar fuera aunque se trate, invirtiendo la chanza de Groucho Marx, de un club que no quiere tenerla como socia.

LECTURAS COINCIDENTES

La interpretación también puede leerse al revés: el gran empresariado, que íntimamente desconfía de la señora, sus ideas y sus respaldos también está convencido de que el país (y sus negocios) necesita consensos básicos. Y en ese sentido han leído la carta de la vicepresidenta.

El fallo de la Corte sobre el traslado de jueces se inscribe en ese mismo contexto. Se trata de un fallo de compromiso, que -como la mayoría de los compromisos- deja insatisfechas a las partes en disputa, pero les concede a ambas partes de su reclamo. Los jueces involucrados están bien trasladados (como decían los interesados y buena parte de la oposición política), pero sólo si ese traslado se asume como provisorio, hasta que se designen jueves concursados y que cuenten con el específico acuerdo del Senado (en este aspecto, el fallo le da la derecha al oficialismo). La Corte resolvió por amplia mayoría (4 a 1) y su decisión fue un aporte al consenso afrontado con capital propio. La grieta ha determinado que las dificultades políticas tiendan a judicializarse y convierte a los magistrados en árbitro de divergencias que la política debería dirimir con sus propias herramientas, en particular el consenso.

TEJIENDO SOBRE LA GRIETA

Inopinadamente, Elisa Carrió -que nunca vaciló en usar la Justicia como arma- se ha inclinado por la negociación y los acuerdos en el tema de la designación del futuro Procurador. Fue Carrió la que propuso en público a su coalición que cambiara su tesitura de bloquear la designación de Daniel Rafecas, el candidato al cargo promovido por la Casa de Gobierno. El nombre del futuro Procurador requiere legalmente una mayoría especial de dos tercios del Senado con la que el oficialismo no cuenta

La dirigente cívica teme que la intransigencia opositora abra la puerta para que los halcones kirchneristas reduzcan el requisito de los dos tercios y designen no ya a Rafecas, sino a un kirchnerista fiel para recuperar el control de la Procuración (que ejercieron en su tiempo a través de la doctora Gils Carbó).

El viernes pasado, Carrió recibió en su casa de Exaltación de la Cruz a Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, mientras por cuerda separada el vicejefe de gobierno porteño, Diego Santilli, proclamaba su respaldo a la postura de Carrió en relación con Rafecas y otro tanto hacía el intendente de Vicente López, Jorge Macri. Los gobernadores e intendentes de Juntos por el Cambio y el ala moderada de la coalición, liderada por Larreta (a la que se ha incorporado a su modo la señora Carrió), previendo horas críticas para la gobernabilidad, tiende un puente para que el Presidente transite por él. Aunque, de hecho, han introducido un foco de perturbación puertas adentro de Juntos por el Cambio, donde Mauricio Macri y otros intransigentes de ese costado reclaman mantener el rechazo a Rafecas.

La designación del próximo Procurador puede llegar a convertirse también en un desafío para el oficialismo. Mientras senadores K declaran que "no hay apuro" para tratar su nombre, la ministra de Justicia, Marcela Losardo, ha urgido el acuerdo recordando que Rafecas es el nombre propuesto por el Presidente. ¿Qué harán los gobernadores oficialistas si es que el núcleo duro del kirchnerismo­ senatorial insistiera en imponer facciosamente otro nombre para el cargo, echando al canasto la propuesta de la Casa Rosada? Se verá, en tal caso, cómo instruyen a sus senadores (en especial aquellos gobernadores que le reclaman "empoderamiento" a Fernández).

QUIEN IGNORA ADONDE VA

La jugada de la señora de Kirchner ha sido buena para Mauricio Macri, su contraparte opositora. En todas las fábulas de halcones y palomas, las palomas tejen incesantemente la tela de los consensos, pero éstos sólo se rematan cuando intervienen los halcones. Fue el duro Nixon el que reconcilió a Estados Unidos con China y el halcón Menahem Begin el que firmó los acuerdos de paz entre Israel y Egipto en Camp David con el egipcio Anwar el-Sadat.

Los consensos lucen difíciles, pero si son indispensables e inevitables, Macri tampoco podrá estar afuera. Por el contrario, se convierte en un avalista ineludible: la movida de la señora de Kirchner lo "pone en valor".

Macri sostuvo que las condiciones de cualquier diálogo son "la Constitución Nacional sobre la mesa, dar de baja el embate a la Justicia, al procurador, a la Corte y a la propiedad privada". La enumeración de requisitos es una aceptación implícita. El, como ella, quiere fijar la agenda a su gusto. Pero, cuando llegue la hora del consenso -si en definitiva llega- su temario también deberá consensuarse. Y en la preparación de ese momento y de esa agenda se mueven muchos.

La carta de la señora de Kirchner ha tenido la virtud de generar una atmósfera donde los diálogos se han intensificado. Esos diálogos no resuelven conflictos, pero pueden ayudar a redefinirlos y transformarlos. No es poca cosa cuando el país no ha superado ni mucho menos sus graves dificultades, atraviesa y tiene por delante un tiempo de esfuerzos y sufrimientos dramáticos. Es bueno, cuando las malas horas llegan que los puentes no estén levados, sino tendidos.

Mientras en Argentina se entretejen posibilidades para saltar por encima de la famosa grieta, en Estados Unidos la grieta se está expresando a través del enfrentamiento electoral. El espectáculo puede confundir a algún observador distraído: puede haber muchos parecidos con episodios como el de las elecciones bolivianas que culminaron en el desplazamiento de Evo Morales, pero Estados Unidos no es Bolivia. Por otra parte, la OEA no monitoreó los comicios norteamericanos ni investigó las denuncias de fraude, que no fueron esgrimidas por los opositores, sino por el Presidente de Estados Unidos.

Los argentinos no votamos allá, y Argentina no emite dólares. Estamos a miles de kilómetros, pero vivimos las consecuencias de lo que allí ocurre. ¿Es mejor Joe Biden que Donald Trump para los intereses argentinos? Hay quienes dicen que sí (o que no) basados en gustos o desagrados propios; otros hacen cuentas. Para responder ese interrogante también es preciso trabajar los consensos, porque -como advirtió el filósofo- "no hay viento favorable para el que no sabe adónde va".

Jorge Raventos

Jorge Raventos

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