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Viernes, 27 Noviembre 2020 12:03

La muerte de Maradona, con todo respeto - Por Carlos Berro Madero

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“Más tarde o más temprano en este mundo, muchos descubren que la felicidad perfecta es irrealizable; sin embargo, algunos de nosotros, al hacer una pausa, consideramos también su antítesis: la “in”felicidad perfecta es también imposible”
- Primo Levi

 

La figura de Maradona ayudó en vida a mucha gente para fundar ciertas ilusiones mágicas sobre un porvenir asentado en el pedestal que le construyeron, creyendo, con bastante ingenuidad, que con sus gambetas lograría cambiar el mundo para ellos.

Millones de personas, de cuya inteligencia no podemos dudar, se prosternaron así ante un muchacho que nunca terminó de hacerse hombre, y no supo distinguir entre la supervivencia y la inmortalidad, apostando reiteradamente a prácticas “antihigiénicas” que consumieron una vida imprudente, y constituyéndose en el espejo de la candidez de quienes trataron de encontrar en él un refugio para sus propias frustraciones.

Es posible que no haya existido alguien tan habilidoso con una pelota de fútbol como él. Y es seguro también que será difícil encontrar quien pueda emularlo en sus contradicciones, totalmente ausentes en otros genios del deporte como Fangio, Vilas, Messi y de Vicenzo.

Posiblemente porque hizo más “ruido” que todos ellos, desparramando una personalidad desbordante y sin límites, e identificándose siempre –como muchos argentinos-, con “lo diferente”, mientras dispensaba sus preferencias afectivas a líderes mundiales impresentables, manifestándose como “un soldado más” (sic) de causas cuyo contenido filosófico no llegó a entender jamás.

Desde este lugar de recuerdo y reflexión, deseamos, sinceramente, que el tiempo ponga en su lugar los sentimientos “atravesados” que derramó el ídolo en su incesante búsqueda de una dimensión de vida más placentera, que le permitiese contrarrestar las penurias a que nos somete a todos la vida terrenal.

Ojalá descanse en paz Diego Armando en el “más allá”, poniendo finalmente en orden sus endechas solitarias.

En el “más aquí”, el gobierno actual, apegado a utilizar atajos para seguir esquivando una realidad que destaca su ineficiencia, encontró una magnífica oportunidad para montar un circo mediático que le permitiese echar humo sobre nuestras tribulaciones económicas, políticas y pandémicas, provocando un vandalismo descontrolado en el velatorio organizado pésimamente mal en la Casa Rosada.

¡Vamos, vamos Argentina! ¡Vamos a ganar!

No sabemos bien cuándo, ni a quién. Pero no importa. Todo sea por seguir guardando la fidelidad de siempre a una fantasía en la que seguimos viéndonos como los mejores del mundo con derecho a vivir como nos plazca, aunque para ello debamos romper cualquier regla aceptable de convivencia.

A buen entendedor, pocas palabras,

Carlos Berro Madero
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Carlos Berro Madero

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