Viernes, 18 Diciembre 2020 13:01

Alberto, el arquero que no ataja una - Por Alfredo Leuco

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Desde chico y ahora en los picados de la quinta de Olivos, Alberto Fernández juega de arquero. Se sabe que es un puesto muy ingrato. Es el único jugador que por cada error que comete, el rival mete un gol. El legendario Hugo Gatti supo decir que “en el puesto de los bobos, yo soy el más vivo”. Y una gloria como Amadeo Carrizo, con humor dio en la tecla: “Para llegar a ser un gran arquero, te tenés que comer 400 goles, siempre que no sean en el mismo campeonato”.

 

Alberto hace un año que es el arquero del gobierno y tiene la valla más batida. No ataja una. Entre los futboleros hay una broma de tribuna que suele rogarle a los gritos al arquero, “si las que van al arco son goles, es terrible, pero, por lo menos las que vayan afuera, no las metas adentro”. Sabiduría de hincha que hoy se le puede aplicar al arquero de la Casa Rosada. Todos los días comete errores no forzados. Le hacen goles entre las piernas. Y muchas que se van afuera, Alberto Fernández las mete adentro. ¿Qué le pasa? ¿Está fuera de estado? Encima ¿muchos de sus jugadores le patean en contra? Cristina ya le clavó varios goles al ángulo. ¿Tiene condiciones para ese puesto clave?

Más allá de la ideología, el presidente ha demostrado que sus capacidades de conductor y administrador dejan mucho que desear. Su mala praxis, la improvisación y las torpezas se están convirtiendo en una política de estado. Encima sus defensores, también son bastantes burros y no lo cuidan. Cada vez que llueve un centro sobre el área, Alberto sale a destiempo y queda pagando. O se queda clavado bajo los tres palos y la tiene que ir a buscar adentro. No toma buenas decisiones y en muchos casos amaga a salir y se queda. Duda. No transmite confianza. Pone nervioso y desconcierta a todo el equipo que mira siempre al banco para pedirle instrucciones a Cristina que es la directora técnica del equipo. Y la presidenta del club.

Hay ejemplos burdos, tragicómicos de lo que le digo, sobre todo, con el manejo de la pandemia y las vacunas. Dieron tantas vueltas y tanta información contradictoria que la credibilidad se cayó a pedazos. Hay que tomar con pinzas y mirar con lupa cada palabra que dice el presidente o alguno de sus peores ministros como Ginés González García.

El colmo es que hace unas horas, suspendieron el vuelo heroico de Aerolíneas que iba a Rusia a buscar la vacuna que Vladimir Putin todavía no se aplicó. Confesó por televisión que “no es recomendable para los mayores de 60 años”. Me caigo y me levanto. Escuché tres veces la traducción.

¿Están locos todos los del ministerio de Salud y volvieron loco a Alberto? Hicieron varias declaraciones diciendo que iban a empezar la vacunación por el personal esencial y los grupos de riesgo entre los que están los mayores de 60 años. Pero todavía no es recomendable inocular a los mayores de 60 años. ¿En qué quedamos? Alberto dijo que él estaba absolutamente seguro de la calidad de la vacuna Sputnik y que, para dar el ejemplo, se la iba a aplicar primero. Repito: Ni Putin se puso la vacuna. Y en la gigantesca Rusia, hasta ahora solo 14 mil personas se le colocaron. ¿Y acá querían vacunar a 300 mil la semana que viene?

Por favor, que alguien ponga orden y un poco de racionalidad en este gobierno desbocado y peligroso. El papelón es de gravedad sanitaria e institucional porque juega con la vida de los argentinos. Una vergüenza que, por lo menos, debería generar la renuncia de Ginés. Y el pedido de disculpas de Alberto a todos los argentinos.

¿Vio lo que hizo con el tema de los cerdos, los veganos y los chinos? Su comportamiento fue insólito. En una sola reunión quedó mal con todos. Con Liz Solari y sus activistas, con los productores argentinos de porcinos y con los importadores de chanchos del país gobernado por Xi Xing Ping.

Recibió a la modelo y actriz en su despacho y se sacó una foto con una urna que tenía un cartel que decía: “No al acuerdo porcino con China”. Nadie entendía nada. Con esa foto le dio apoyo a la campaña de la Unión Vegana Argentina que se opone con mucha dureza a una política de estado impulsada por el propio arquero Alberto Fernández. Algo así como salir gambeteando del área y perder la pelota con un rival.

Liz Solari explicó que las mega factorías de animales o las granjas, nos exponen, entre otras cosas, a nuevas pandemias. Y de paso bajó línea: “dejemos de torturar, matar animales y destruir la naturaleza”. Ella le entregó un petitorio con más de medio millón de firmas de personas que respaldan esos reclamos ambientalistas.

Solari dijo que Alberto le prometió no impulsar esas prácticas que se están impulsando desde el gobierno y en conjunto con el sector productivo. No quedó claro que impulsa Alberto. ¿Sale a buscar el centro o se queda en la línea? Se generó mucha confusión. Hubo pedido de explicaciones de la industria frigorífica que prometieron invertir 3.800 millones de dólares en 4 años y generar 250 mil puestos de trabajo. La señal de Alberto fue tan contradictoria que tuvo que salir el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas a confirmar que el acuerdo con los chinos seguía en pie. Y que el Presidente había “recibido pero no apoyado a un sector que representa el 1% de la población”.

Los temores de los que promueven alimentarse con hierbas y plantas pero no de carne animal, dicen que las granjas producen hacinamientos que terminan con enfermedades zoonóticas y pestes y como la porcina, la gripe aviar, la vaca loca y el MERS que viene del consumo de camello.

Es un tema que recién empieza y hay mucho por debatir. Pero mi crítica era a la turbulencia innecesaria que generó el presidente con su actitud de decirles a todos lo que quieren escuchar.

Así no se gobierna. Así todo se paraliza.

El gobierno, en lugar de encontrar soluciones y resolver problemas, genera nuevos inconvenientes. No arreglen lo que funciona, dicen los norteamericanos.

El caso del aeropuerto de El Palomar es tan incomprensible que hasta generó peleas dentro de la coalición de los Fernández. Nos dejaron sin un aeropuerto que funcionaba bien y que era una fuente de trabajo importante y que le daba a la zona niveles de seguridad y actividad comercial muy valoradas por los vecinos. Como si esto fuera poco, y gracias a un sindicalista patotero que maneja la actividad como si fuera un ministro, los sectores de clase media y clase media baja no van a poder volar en líneas de bajo costo. Se llenan la boca hablando del pueblo y ahora en forma arbitraria y dañina, bajo la conducción de Pablo Biró, les privan de viajar en avión a una gran cantidad de personas que habían viajado por primera vez. Hablan del progreso y de la movilidad social ascendente y apuestan a regreso al pasado y a la movilidad social descendente. Alberto acepta lo que diga Biró y otros camporistas y pone marcha atrás en un tema que había dado beneficios para todos los sectores involucrados.

Pero la conducción ministerial de los sindicalistas es otra de las fallas del arquero de la Casa Rosada. Por Roberto Baradel y Hugo Yasky o mejor dicho, por el presidente que acepta sus exigencias, nos convertimos en una caso único en el mundo. Cero, educación. Cero, clases. Cero es la calificación para Alberto y el ministro Trotta que también es rehén de los sindicalistas.

Y el caso de Hugo Moyano también es inexplicable. Cada vez que puede, el presidente tapa de elogios majestuosos al capo de los camioneros. Es una de las tres personas más desprestigiadas de la Argentina. Aparece en todas las encuestas. Los inversores le temen por su actitud patotera, coimera y capaz de bloquear rutas y empresas a puro autoritarismo.

Alberto les pide a los empresarios que hagan inversiones y no hay muchas respuestas. Uno de los motivos, pero solo uno, es que el presidente demuestra cuáles son sus convicciones éticas y su proyecto político al endiosar a un diablo como Hugo Moyano. ¿Es necesario poner en un pedestal a Moyano cada vez que tiene un encuentro? ¿Cuál es el beneficio político para el gobierno de colocar en un altar a un demonio? Otra vez. ¿Queres inversores o tu modelo de sindicalista es Hugo Moyano? ¿Queres un país moderno con innovación tecnológica y trabajo privado o tu ejemplo es el ladri feudalismo de Gildo Insfran?

Todavía falta lo peor. Ni siquiera terminó el primer tiempo y Alberto es un arquero que no ataja una.

Podría enumerar durante toda la tarde ejemplos de este tipo de comportamientos del presidente testimonial. El más humillante tiene que ver con los insultos que tiene que digerir calladito la boca. Diosdado Cabello es el que más le moja la oreja y lo provoca. Y el peronismo kirchnerista no defiende al presidente de la nación para defender a un tirano dictadorzuelo acusado de crímenes de lesa humanidad.

Esos son goles en contra terribles. Alberto pierde autoridad y se desploma su investidura. Pero no hay un solo dirigente que haya salido a contestarle a Diosdado que volvió a arremeter contra Alberto. Ahora le dijo “tiene la piel delicadita y le molesta que le digan tibio, pero se hace el loco cuando su canciller declara contra Venezuela”.

En una intolerable intromisión en los asuntos de nuestro país, Cabello pidió que liberen a Milagro Sala. Al final, Diosdado le exigió volver a caminar juntos como lo hacían el comandante Chávez y Néstor y dijo en su programa que “Yo afortunadamente soy libre, señor Fernández. No se moleste, si usted es tibio, asúmase. Nosotros somos revolucionarios, calientes, hervimos, nuestra sangre está hirviendo. No andamos con medias tintas, tenemos firmeza, no nos acomodamos para sonreírle a los jefes”.

La eficiencia, la responsabilidad, la capacidad intelectual, en definitiva, la meritocracia que tanto desprecian, son fundamentales para ser presidente de la Nación. Los argentinos sentimos que esa posibilidad va a demorar mucho en llegar a nuestro país. Un presidente responsable, eficiente y con capacidad intelectual tal vez lo tengamos recién el día del arquero.

Alfredo Leuco

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