Martes, 22 Diciembre 2020 10:48

Cristina le busca laburo a Alberto - Por Alfredo Leuco

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No miremos para otro lado. No disimulemos la gravedad de lo que está pasando. No miremos para otro lado como hace Alberto en la foto que Cristina está sacando la lengua. No miremos para otro lado. El cachetazo público y verbal de Cristina no fue para los ministros. Fue para Alberto. La jefa del jefe del estado dijo con toda claridad que los que tengan miedo o sean inútiles o vagos se tienen que ir del gobierno. Por varios motivos esa bofetada de poder estalló en la mejilla de Alberto.

 

No miremos para otro lado. No disimulemos la gravedad del asalto al poder que Cristina está produciendo. Las instituciones republicanas crujen. Cristina exhibió un pliego de condiciones delante de la cúpula del oficialismo. Le reclamó a Alberto que deje de ser tibio, en línea con los insultos nunca contestados del dictador chavista Diosdado Cabello. Es casi una intimación de desalojo de Cristina. ¿Quién es el que designa y expulsa a los ministros? Alberto. ¿Quién es el que le dá las órdenes a los ministros? Alberto. El periodista Santiago Fioritti, un inteligente observador de la trastienda del gobierno, lo escribió este domingo sin eufemismos. Dijo que los talibanes del cristinismo, aseguran que Cristina se contuvo y que al revés de lo que piensan muchos, estuvo “demasiado moderada en sus críticas” y que “Ojalá fueran solo ministros que tienen miedo o que no funcionan. Es el gobierno. Es Alberto Fernández. Eso es lo que piensa”.

Eso es lo que piensa Cristina. ¿Alguien tiene dudas? Cristina en la intimidad del Instituto Patria llama “macho del off the record” a Alberto como una forma de marcar que es un cobarde que no se anima a ir con todas sus fuerzas contra la justicia y los medios que persiguen a ella. ¿O alguien cree que la responsable de que la impunidad todavía no sea una realidad es una ministra como Marcela Losardo que no sabe, no contesta”? ¿Será ella la próxima María Eugenia Bielsa? Durante años, fue la socia de Alberto en su estudio jurídico, es su mano derecha. Si se va Losardo sería como amputarle un brazo al presidente. La teoría irónica pero muy real de Alejandro Borensztein, dice que no hay que pedir la renuncia de Ginés porque (fiel a su costumbre) el cuarto gobierno kirchnerista lo va a reemplazar con alguien peor. Más allá de que sería difícil encontrar a alguien peor que Ginés, lo cierto es que ese es el clima que flota en el oficialismo.

Alberto no está pensando en sacarle tarjeta roja a Agustín Rossi ni a Juan Cabandié que también son funcionarios que no funcionan. Pero ellos se sumaron al reclamo de los cristinistas al asegurar que hay “presos políticos” en Argentina, pese a que el presidente, todavía no dijo lo mismo. Sostiene Alberto que hay detenidos en forma arbitraria y que Cristina es una perseguida. Pero todavía no dijo que “hay presos políticos”. Sería un tiro en un pie. Reconocer que, a un año de su gobierno, hay encarcelados por sus ideas.

La presión es para que se vayan los albertistas e ingresen los que Cristina mande. No quiero exagerar, pero Cristina siempre juega a fondo. No creo que se anime a poner directamente al doctor Eugenio Zaffaroni como ministro de Justicia en lugar de Losardo. Pero quien les dice. ¿Qué les parece Carlos Beraldi? O automáticamente, que suba un escalón Juan Martín Mena y listo. Esos sí que son cuadros eficientes y valientes para atropellar a la Corte Suprema y a cualquier juez o fiscal que se atreva a mirar con sospecha a Cristina.

¿Cómo les suena Carlos Raimundi en lugar de Felipe Sola? ¿O directamente Alicia Castro? Por algo están proponiendo que Venezuela, repudiada mundialmente por su terrorismo de estado, vuelva al Mercosur. Castro es la que expresa con mayor rigurosidad la política exterior de Cristina. Las relaciones carnales con el chavismo de Maduro y el concubinato con la Rusia de Vladimir Putin. Su apellido ayuda a marcar la tendencia. El “castrismo” fashion de Alicia, la zarina. Con Cristina no comparte solamente la ideología jurásica y la defensa de estos violadores seriales de los derechos humanos. También comparten la opción por los perfumes, las joyas, las carteras carísimas y los lugares chetos y elegantes para vivir.

Que sea fashion, el “castrismo de Alicia no significa que tenga menos intensidad su estalinismo. Quedará en la historia del autoritarismo argentino su denuncia a un funcionario que tuvo la osadía contra revolucionaria de no aplaudir a Cristina. Castigos en La Siberia como en la era soviética, todavía no hay por estas pampas. Todavía. Pero la ex sindicalista y azafata, con un tuit, puso en la parrilla a Juan Pablo Biondi.

Lo mandó al frente por ser un inútil en su gestión de comunicación oficial y porque se quedó de brazos cruzados cuando hablaba Cristina. Y se sumó al hashtag #Vayan a buscar otro laburo. En la foto, Biondi está señalado con un marcador rojo. Está marcado. Estas nominado, Biondi. Preparate para salir de la casa, dirían en el Gran Hermano K.

¿Una pregunta chicanera? ¿Cuántas veces Cristina lo aplaudió a Alberto? Sospecho que ninguna. Estaba tan nervioso Alberto que casi dice una verdad. Tuvo un acto fallido cuando hablo de los “hoteles”, en lugar de los “hospitales” que había construido Cristina. Se corrigió rápidamente. De lo contrario hubiera ardido Troya. O el estado Único de la Plata.

La reacción más dura fue de Juan José Campanella: “Aplaudan, aunque no estén de acuerdo. La reina es la reina y ustedes son los zánganos. Si es posible, de rodillas y lamiendo los zapatos”.

Alicia del castrismo fashion también chocó en Twitter con Diego Cabot y demostró cuál es su verdadero interés y el de Cristina. Lo acusó de confundir “fotocopias con cuadernos y periodismo con operaciones”. Es increíble la subordinación que Cristina impone a su tropa y la negación extrema que les genera. Cabot, es un prestigioso colega que reveló con lujo de detalles, luego confirmados, el robo del siglo, el colosal plan sistemático de sobre precios, coimas, lavado y enriquecimiento ilícito de los Kirchner. Hay cientos de pruebas documentales y testimonios de empresarios y funcionarios muy cercanos a Cristina que confesaron esos delitos de lesa indignidad. Cabot le contestó con rigurosidad a Alicia Castro: “no leyó su propio texto, difícilmente lea una causa penal para no argumentar falsedades”. Game over.

El príncipe heredero Máximo utilizó metáforas de la Fórmula 1. Sostuvo que hay que cambiar las cubiertas del auto del gobierno porque empezó con sol y ahora llueve. En realidad, lo que los Kirchner sueñan es con cambiar al piloto y no las gomas. ¿Será Alberto el que tendrá que buscarse otro laburo? ¿Llegarán a tanto en su violación de las leyes?

Alberto acusó el golpe esta mañana y por primera vez reaccionó con una declaración en Tierra del Fuego. Respaldó a sus ministros, gobernadores e intendentes y dijo que siente “gratitud y reconocimiento por cada uno de ellos, porque se corrieron de la política para sacar a país adelante”. Y también cruzó el concepto de Cristina de funcionarios temerosos. Dijo Alberto que “hay que tener coraje para gobernar durante la pandemia”.

El propio Alberto, en el escenario, al lado de Cristina, seguramente sorprendido solo atinó a decir como un chico de los mandados: “Yo hice lo que me mandaste”.

El primer mandatario es mandado por la vice. Y encima la vice no está conforme y se queja porque Alberto no hizo lo que ella le mandó. ¿Se cortó la cadena de mandos?

Después, Alberto dijo que nada iba a romper la amistad que tiene con Cristina. La amistad es una relación horizontal de mutuo afecto y entre pares. La sumisión es verticalismo vengativo y ocurre de arriba hacia abajo. Alberto y Cristina, ¿Son amigos o enemigos? ¿Ella es la que manda en el país o la jefa de la oposición?

Y finalmente, el presidente quiso explicar lo inexplicable: “si hablo con Cristina, dicen que soy un títere y si no hablo dicen que hay una crisis institucional y que estamos peleados.” Frente a esas palabras, el diputado opositor Fernando Iglesias escribió: “Exactamente”.

Los que dicen lo que Cristina todavía no puede decir, plantean tres exigencias básicas: el indulto para todos y todas, la designación de un jefe de todos los fiscales con camiseta de Cristina y el control absoluto y militante de la Corte Suprema de Justicia.

El problema es que no está claro de qué manera se puede llevar adelante semejante salvajada anti democrática sin romper el sistema tal como lo conocemos.

Sería un escándalo nacional e internacional, pero el indulto puede ser para los condenados: Amado Boudou y Milagro Sala, por ejemplo. Pero no para Cristina que sufre 8 juicios orales por corrupción en marcha, embargos por más de 12 mil millones de pesos, hijos procesados por lavado de dinero y empresas familiares intervenidas.

Lo único posible es el cambio de ley para designar sin mayorías especiales al Procurador General y reemplazar a Eduardo Casal. Eso lo van a perpetrar más temprano que tarde.

Pero ¿Cómo anular a la Corte? Aumentar los miembros y designar militantes no pueden, porque no tienen los legisladores necesarios. Solo les queda inventar un tribunal intermedio, pero tampoco van a poder designar a sus integrantes. No la tienen fácil. Ni Cristina ni Alberto.

Hasta otro castrista fashion como Juan Grabois fue duro con el gobierno. Le exigió a Santiago Cafiero que sea “más enérgico, que saque el sable y el látigo” y que a los ministros “hay que tenerlos cagando y al que no funcione, que se vaya”. ¿También lo dice por Alberto? ¿Contra quién debería utilizar el sable y el látigo Santiago Cafiero? Grabois dijo que hay que “ponerse los pantalones largos contra los poderes fácticos y puso como ejemplo la negociación con el Fondo Monetario a la que calificó como “mala y ruinosa”.

Alberto defendió a los ministros. Cristina les dijo que se vayan buscando otro laburo.

¿También estará buscando otro laburo para Alberto o es too much? Habrá más informaciones para este boletín.

Alfredo Leuco

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