Imprimir esta página
Martes, 20 Abril 2021 13:33

Sin vacunas ¿ni horizontes? - Por Carlos Berro Madero

Escrito por

 

 

Estamos viviendo en un escenario donde la pandemia y las controversias entre datos estadísticos trucados y verosímiles, comienzan a causar serios disturbios sociales, incentivados por los desatinos políticos del gobierno.

 

Hasta no hace tanto tiempo, el virus era para “los Fernández” y su tropa –fieles a su interpretación de la historia en general-, un enemigo del cual era necesario protegernos a cualquier costo, encerrándonos a piedra y lodo mientras peroraban a toda hora sobre las características de la misma, sin entender lo que implicaría el recorte indiscriminado de actividades económicas que iban disponiendo simultáneamente con cuchillo de carnicero.

 

No obstante, con el correr de los meses, la realidad “real” comenzó a colarse por el patio trasero, merced a la lista de torpezas cometidas por un gobierno que nos mantuvo atrincherados, mediante un discurso similar al de los partidarios del mismo signo político que han pisado la Casa Rosada: la construcción de una épica abrazada a la ideología, reciclando ideas que debieran haber permanecido en el tacho de basura al que fueron arrojadas por quienes ya las han experimentado sin éxito en todo el mundo.

Como antes, dispusieron todo para que resurgiera su indómita pasión nacional-estatista, prometiendo una “reconstrucción” que nos pondría lejos del flagelo, y con ese objetivo nos tuvieron encerrados durante casi ocho meses, haciéndonos llenar formularios que estipulaban cómo y cuándo podíamos circular libremente, de acuerdo con limitaciones y exenciones dispuestas por sus “expertos” (sic), mientras cualquier programa de estabilidad económica y/o compra de vacunas, quedaron en una nebulosa.

Zygmunt Bauman señaló alguna vez que la incertidumbre respecto del futuro, sumada a la fragilidad de ciertas posiciones sociales, y la inseguridad propia de los “tiempos líquidos” que se viven hoy día, termina provocando temores que muchas veces se condensan en impulsos que derivan en auténticas guerras dentro de los espacios urbanos.

Algo de eso comienza a ocurrir en forma silenciosa pero creciente, y vemos a ciudadanos que comienzan a pujar contra las vacilaciones y chapucerías del gobierno, saliendo a la calle para expresar su desacuerdo con las medidas autoritarias dispuestas para paliar la crisis, porque la inadecuación de las mismas se ha convertido en un verdadero padecimiento.

Mucha gente entiende que algo tan simple como concentrarse en los testeos por posible infección y la compra de vacunas a los laboratorios líderes en el mundo, debería haberse puesto en el orden de prioridades. Pero no se hizo.

Más aún: resta investigar qué sucedió con la abortada negociación iniciada con Pfizer por la provisión de insumos que varios países vecinos utilizan con éxito en estos días. O la base sobre sobre la que se nos dijo que en esta fecha estarían vacunadas unas veinte millones de personas en todo el país.

A pesar de ello, todos los olvidos y equivocaciones para tomar precauciones adecuadas y pertinentes, nos fueron presentados como “condición inexcusable para el éxito final”.

¿El éxito de la improvisación?

Porque se ha visto que la consigna del gobierno solo parece consistir en la huida de un desastre que nos viene pisando los talones -acelerando la magnitud de una tragedia que no vemos

cómo podrá evitarse de ahora en más-, entreteniéndonos con su cosmética ramplona.

Huir se ha convertido así en la consigna cultural del momento, mientras se apela a nuestra “conciencia personal” (¿), después de habernos vapuleado durante un año y medio con irracionalidades. Porque para preservar supuestamente la salud, se destruyó todo lo demás sin miramiento alguno.

Es posible que hayamos llegado así a la etapa final de una utopía que pregonó siempre “vivir con lo nuestro”. Y “lo nuestro”, será a partir de ahora enfermarnos y, eventualmente, morirnos de COVID 19 hasta que el virus encuentre un escenario más apetecible para su reproducción.

Quizá sea ésta la única manera, dolorosa pero efectiva, para que renazca la patria soñada por próceres que hoy yacen olvidados en los libros de texto escolar, manteniendo así el statu quo de nuestra decadencia.

Jorge Luis Borges –admirado indistintamente por partidarios de la derecha y la izquierda vernácula-, dijo alguna vez respecto de quienes hoy nos gobiernan: “el problema de los peronistas es que no son ni buenos ni malos, sino simplemente INCORREGIBLES”.

La razón radica muy probablemente en el origen autoritario de su fundador, Juan Domingo Perón, cuyo legado político se derramó sobre todo el territorio nacional, perpetuando gobiernos nacionales, provinciales y municipales que continúan aplicando métodos poco democráticos y bastante ineficientes para gobernar.

A buen entendedor, pocas palabras.

-Carlos Berro Madero

Carlos Berro Madero

Latest from Carlos Berro Madero

We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…