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Miércoles, 28 Abril 2021 12:47

¿Es Kicillof el Presidente virtual de la Nación? - Por Carlos Berro Madero

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Hemos recordado especialmente al magistral Ortega y Gasset en estos días, cuando alertaba acerca de que “una sociedad dividida en grupos discrepantes, cuya fuerza de opinión queda recíprocamente anulada, no da lugar a que se constituya un mando.

 Y como a la naturaleza le horripila el vacío, ese hueco que deja la fuerza ausente de opinión pública se llena con la fuerza bruta. A lo sumo, pues, se adelanta ésta como sustituto de aquella” (sic).

¿Qué vemos en el escenario actual que se asemeja a esta advertencia?

Pues sencillamente, que el “proyecto Cristina” ha conseguido exacerbar sutilmente a nuestros grupos discrepantes –oposición, periodistas y organizaciones de tercer grado-, apretando mientras tanto el cogote a un Alberto Fernández que no se ha dado cuenta que no manda, mientras se muestra enfadado con todos y consigo mismo, porque carece de poder “territorial” alguno.

Como la “abogada exitosa” comprende que no puede desembarazarse fácilmente de un gobierno que no funciona de buenas a primeras, está moviendo silenciosamente las piezas de su ajedrez para fortalecer a Axel Kicillof, quien hoy maneja prácticamente la batuta entre bambalinas secundado por un equipo de ministros aprobados por la “jefa”, mucho más sólido que el de Alberto.

Resulta curioso, cómo se muestra “tan de acuerdo” (sibilinamente) con el Presidente, cada vez que sale de reuniones donde seguramente lleva la voz cantante, convenciéndolo (no debe hacerle falta mayor esfuerzo) que el futuro del gobierno depende del nivel de acatamiento que tenga respecto de quien sí tiene los votos, el territorio y las piezas “maestras” del juego: Cristina Fernández

La misma que a través de los aprietes referidos, dejó a su “socio” político extenuado y sin muchas ganas de que su futuro busto en el Salón de los Presidentes sufra un demérito prematuro.

Alberto miente, inventa, cree cualquier cosa que le “venden” los alfiles de Cristina y ha terminado por rendirse, hasta aseverar que con Kicillof alguna vez “nos gruñimos” (sic), pero después de comer “un largo asado en una parrilla” (sic), dice haberle dicho “qué lindo es trabajar con vos” (sic). Con un tono de obsecuencia promovida por las urgencias de un hombre pequeño con ínfulas de personaje.

Solo cumple hoy su papel de monologuista oficial, moviendo el dedo índice –acusador o en círculos-, para advertirnos a todos: “a mí con rebeliones no” (sic), que se asemeja bastante al de Cristina, que cuando propició la expulsión de Ginés y Losardo a través de sus recordadas “cartas” (¿ucases?) le debe haber dicho lo mismo a él.

El conurbano bonaerense, creación histórica del peronismo desde los albores del movimiento, donde viven la mayoría de los pobres de todo el país, está al borde del colapso. No solo sanitario, sino cultural, educativo, político y administrativo.

Los intendentes del malhadado sistema político, corrupto y autoritario ya no pueden contener a nadie. Ni para cumplir normas elementales de convivencia, ni excepcionales, como las que aconseja la actual pandemia.

Las partidas para subsidios de “vagos y mal entretenidos” – supuestas “víctimas del neoliberalismo” (sic)-, han crecido multiplicando explosivamente la miseria que alguna vez sirvió para dibujar en el imaginario popular las bondades de algunas medidas, que sirvieron alguna vez para llenar heladeras que hoy están semivacías.

Alberto le sirvió a Cristina para ganar una elección, pero no para gobernar de acuerdo con sus planes de “familia Kirchner eterna” (habría que ver qué lugar ocupan en ella Sergio Massa y Máximo) y terminar su cometido: cambiar las raíces de nuestras leyes e instituciones democráticas.

Mientras tanto (otra vez Ortega) “una nacioncita brinca, gesticula, se pone cabeza abajo o se engalla y estira, dándose aires de persona mayor que rige sus propios destinos, de acuerdo con el vibriónico panorama de “nacionalismo” (¿) que se le ofrece” (sic)

Kicillof es, probablemente, uno de los dirigentes mejor formados de la planta actual del “proyecto Kirchner”; considerando la palabra “mejor” como indicativo de abundancia de conocimientos y no de bondades ideológicas y/o filosóficas.

El Colegio Nacional de Buenos Aires (donde nos educamos nosotros mismos), formó hasta no hace mucho tiempo generaciones de graduados que aprendimos a conceptualizar, sin tragarnos “de memoria y sin aliento” las evidencias de la naturaleza de las cosas que rigen el universo viviente.

De esos claustros salió el actual gobernador de Buenos Aires.

Nos consta que Kicillof dice a sus seguidores (desde hace rato) “no se preocupen por Cristina: la tengo fascinada y puedo manejarla como quiera”.

Es muy probable que sea así, porque los discursos erráticos de la actual Vicepresidente, sus gobiernos construidos con la impronta de adelantarse aún a su tiempo, nos la han ido pintando como una mujer cerrada a toda instancia que pudiese poner en tela de juicio opiniones bastante ramplonas -por qué no decirlo-, tratando de imponerlas según toscos regímenes de acción directa.

Así nació “La Cámpora” y fueron creciendo los cuadros formados por algunos jóvenes que vieron en el kirchnerismo su propia proyección personal.

¿Qué nos queda ahora? Pues comprobar hasta cuándo le es posible a un individuo resistirse a la realidad. Sobre todo cuando esta se abate sobre el escenario con un aliado impensado, impredecible y tan devastador como el virus Covid 19.

Quizá en algún momento, los que mantengan todavía cierta dignidad dentro del gobierno, decidan “patear el tablero” diciendo “hasta aquí llegamos”, permitiendo el nacimiento de algo nuevo, que abjure de la tautología K.

Difícil, pero no imposible.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

Carlos Berro Madero

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